Columnas

Discurso neofascista e inmigración

Los discursos de los líderes políticos en los países más poderosos del planeta se rigidizan y endurecen hacia los inmigrantes. La crisis económica y moral en esas regiones del mundo se pretende esconder de manera cínica responsabilizando a los inmigrantes que buscan oportunidades de vida y empleo; se les hace ver como criminales, narcotraficantes o terroristas. Vilmente, las elecciones y el poder político en tiempos de aprietos se ganan creando el recelo hacia los flujos de personas a quienes se les codifica como seres peligrosos que han perdido la noción de orientación y, por tanto, invaden territorios que no les corresponden.

Generalmente este tipo de discursos es adoptado por sectores conservadores que divulgan mensajes tales como “inmigrantes quédense en sus ranchos”, “detendremos a los invasores”, “construyamos muros y protejámonos de ellos”, “salvemos nuestras tradiciones y nuestros empleos”, “basta de recibir a esos muertos de hambre”, hasta “ataquemos a los criminales”. Los políticos que desean ser electos exacerban las miradas, y creando realidades inexistentes asocian a cualquiera que parezca mexicano o centroamericano a musulmanes fundamentalistas. Bajo ese pretexto mantuvieron detenidos a más de mil niños inmigrantes por un largo tiempo del lado de los Estados Unidos. Esto sin contar a los más de 25 mil inmigrantes guatemaltecos que deportan año con año.

La antipatía que se ha generado hacia los inmigrantes crecerá ante discursos como los de Donald Trump, quien de manera sinvergüenza explota las pasiones de los votantes a pesar de que conoce a la gente de estos rumbos por la red de inversiones de sus empresas. La actitud negativa en contra de los extranjeros también se ha ido consolidando en Europa. La posición original del Frente Nacional en Francia, partido que creció sobre la base de un discurso antiinmigrante o, recientemente, el voto de los ingleses para retirarse de la Unión Europea, entre otros para fijar una posición ante la ola de migración proveniente del África muestra sociedades que se cierran ante el que es denominado como extraño o no se sabe quién es.

Los relatos de los políticos en dichos países solo cuentan una parte de la historia. Se obvian los motivos reales de las invasiones en diferentes partes del globo y, aún, estos hechos viles ofrecen la oportunidad de falsas narraciones que elogian la valentía de sus ejércitos. Además, se esconden los efectos funestos y destructivos de culturas y civilizaciones que desfiguran las oportunidades de su sobrevivencia. Pero las consecuencias humanas que obligan a la migración se las achacan a los dictadores o sistemas políticos que ellos mismos imponen. Lo evidente se desdibuja a través de sus redes noticiosas escondiendo lo que realmente provocan las grandes empresas transnacionales y subsidiarias, las cuales han fortalecido las falsas democracias, y bajo tratados comerciales leoninos y la eliminación de barreras, se apropian de materias primas, petróleo, minas, canales de televisión, electricidad y todo lo que puedan. Ellos pueden saquear nuestros países y por ello debemos estar agradecidos.

Mientras el mundo muestra cada vez más su interrelación y los efectos que ha tenido un sistema global de mercado a costa de los países en desarrollo, vemos surgir un neofascismo que resultará en la muerte de miles de gentes que en su travesía por los inmensos océanos o en vastos desiertos buscaba todo lo contrario: la vida.

Vemos surgir un neofascismo que resultará en la muerte de miles de gentes que en su travesía por los inmensos océanos o en vastos desiertos buscaba todo lo contrario: la vida.