OpiniónColumnas

El año de las esperanzas

Tanmi Tnam

En este año 2024, los pueblos de Guatemala deben unificar de manera diferenciada y complementaria pensamientos y esfuerzos por construir el país que permite las mejores condiciones de vida para todos. Este es el año en que se debería llevar a prueba el inicio de la construcción de la democracia cuyos indicadores sean la participación, la representatividad, la justicia, el desarrollo humano y la paz.

Es una esperanza que los pueblos de Guatemala piensen y asuman el compromiso responsable de reconocerse y aceptarse tal como son.  Las bases de la democracia están allí en las profundidades del pensamiento y acción de cada pueblo.  Hay cosmovisiones, modelos de desarrollo, formas de ver y hacer la economía, modelos educativos, organizaciones, formas y contenidos de explicar la trascendencia humana. Cada pueblo debe vivir su tiempo. En fin, nuestro país cuenta con una riqueza de culturas que servirán para la construcción de cualquier proyecto común que incluye y beneficie a todos.

El año 2024 hace ilusionar a todos. En este año hay que sembrar los cimientos de las transformaciones sociales, educativas y políticas. Es lo que esperan los pueblos de Guatemala. Tiene que emerger el liderazgo regional y nacional cuyo pensamiento, ejemplos de acción y propuestas sean para la construcción de la democracia incluyente. Debe ser parte del pasado la democracia solamente para familias y para corruptos. No más olvido de un gran porcentaje de la población donde no llegan los servicios públicos de calidad y con pertinencia cultural.  No más emigración de la juventud, no más saqueo de bienes naturales, no más injusticia. Necesitamos el liderazgo que sabe escuchar a los pueblos, que identifica muy bien a los excluidos, que tiene corazón para quienes padecen hambre y que tiene ojos para ver la cruda realidad en que viven los empobrecidos. Este ya no es el tiempo de los mentirosos, corruptos y aprovechados. Este es el año en que las organizaciones de los pueblos y las instituciones oficiales asuman el compromiso de formar a los líderes del futuro, líderes que devuelvan la justicia, la ética y la vida a la política. No más práctica de terror que persigue, desaparece y encarcela a quienes desean el bienestar para todos.

Este es el año en que esperamos que las autoridades del más alto nivel vuelvan la mirada a las conclusiones y recomendaciones de los Acuerdos de Paz, especialmente aquellos compromisos de Estado que deberían disminuir los conflictos de todo tipo y que constituyen ser respuestas prácticas a los problemas estructurales del país. A la luz de los Acuerdos de Paz, hay que evaluar los servicios públicos de salud, educación, justicia, seguridad y cuidado del ambiente.

Este es el año en que la ciudadanía debe decidir los grandes cambios que necesita la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Debe ser una ley que facilita la participación y la representatividad de los pueblos y el control del sano financiamiento de los partidos políticos. Debe ser una ley que rechace la injusticia, la exclusión y la corrupción. Las transformaciones políticas de profundo alcance necesitan de la ciudadanía con orientación y formación para que en algún momento crucial se pronuncie a través de alguna de las formas de participación para su aprobación y correspondiente ejecución. 

Este es el año en que los poderes del Estado deben ceder espacio y tiempo para escuchar la palabra de los pueblos originarios. Los principios y prácticas de la época colonial presentes a la fecha, han de quedar en el pasado y dar paso a la justicia, a la democracia y al bien común.

Area de Opinión
Libre emisión del pensamiento.

Le invitamos a leer más del autor: