
El comercio norteamericano seguirá integrado pese a la prueba arancelaria entre EE. UU. y Canadá
Por: Christian Anguiano
Si bien los aranceles específicos del 50% impuestos por EE. UU. (Aa1 estable) a productos canadienses implican negociaciones comerciales más difíciles durante la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), su alcance limitado restringe los efectos directos y los costos a corto plazo. Los gravámenes efectivos de EE. UU. se aplican a aproximadamente el 5% de las exportaciones totales de Canadá hacia EE. UU. (alrededor del 2% del comercio total), aunque su alcance puede cambiar durante las negociaciones. Nuestro escenario base sigue siendo que el acceso comercial preferencial de Canadá (Aaa estable) y México (Baa3 estable) al mercado estadounidense probablemente continuará, respaldado por la profunda integración de las cadenas de suministro, las desgravaciones arancelarias previas para los productos que cumplen con el T-MEC y los avances en las negociaciones bilaterales entre EE. UU. y México, aunque algunos aranceles persistirán.
La incertidumbre de las políticas comerciales pone a prueba la resiliencia de América del Norte, pero los efectos directos se mantienen contenidos
- La incertidumbre de las políticas comerciales pone a prueba la resiliencia de América del Norte, pero los efectos directos se mantienen contenidos. Las grandes economías fronterizas de EE. UU. mantienen su resiliencia, mientras que los gobiernos locales más pequeños que dependen del comercio son más vulnerables. México enfrenta un crecimiento más lento y una menor actividad crediticia, aunque la exposición comercial directa de los bancos es limitada. Canadá permanece en gran medida protegido en virtud de acuerdos comerciales vigentes, pero las persistentes tensiones comerciales con EE. UU. apuntan a riesgos.
- La elevada interdependencia regional del sector automotor expone vulnerabilidades subyacentes. Las cadenas de suministro automotrices integradas de América del Norte se encuentran entre las más sensibles a los cambios en las normas de origen y los requisitos de insumos, así como a los aranceles. Prevemos que el arancel estadounidense del 25% sobre automóviles y autopartes seguirá generando costos significativos y que las ventas de vehículos ligeros en EE. UU. disminuirán un 1.5% en 2026 .
- Los aranceles al acero y al aluminio afectan la manufactura pesada. Los aranceles básicos del 50% siguen siendo un obstáculo importante, ya que Canadá y México han representado en conjunto el 24%-40% de las importaciones estadounidenses de acero desde 2022. Las suspensiones arancelarias siguen siendo limitadas. La expansión de las normas de origen del sector automotor a la electrónica automotriz podría beneficiar a los fabricantes mexicanos.
- La agricultura es vulnerable a las fricciones y represalias derivadas de disputas. El riesgo para la agricultura no es la pérdida total del acceso libre de aranceles, sino el desacuerdo sobre temas específicos y represalias. El sector constituye una vía de negociación explícita para la revisión del T-MEC, y los principales puntos conflictivos son los productos lácteos canadienses, la prohibición de México a las importaciones de maíz transgénico y las exportaciones mexicanas de frutas y verduras estacionales de bajo precio hacia EE. UU.
- Los minerales críticos son clave en las discusiones. Desde 2025, EE. UU. ha acelerado los esfuerzos para reducir su exposición a las cadenas de suministro chinas de minerales críticos. Un resultado negociado del T-MEC podría formalizar un trato preferencial con implicaciones crediticias positivas.
- Los sectores energético y maderero enfrentan riesgos y oportunidades. La energía y la madera se benefician de exenciones arancelarias, pero alcanzar un acuerdo sobre energía con México sigue siendo complejo debido al dominio del Estado mediante empresas estatales de petróleo y electricidad.


