
El valor de la Navidad
Lugar Hermenéutico
Estos días de Navidad son ciertamente de mucha alegría, a pesar que este año tiene un rastro de gran tristeza y soledad a consecuencia de la pandemia covid-19, especialmente en aquellos hogares donde sentirán el vacío y desolación por los seres queridos que se adelantaron a causa del virus. Sin embargo, no nos debemos olvidar que estamos esperando que nazca el Salvador. Lucas 2:11 y Mateo 1.21: así lo expresan: “Hoy les ha nacido en la Ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor. “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús,porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”
El mundo pretende imponernos en la época navideña una felicidad basada en el bullicio, en el derroche, en los bienes materiales y en los excesos. No obstante, la Navidad no es nada de eso, la Navidad es encontrar la felicidad en el interior de nosotros; en la reconciliación entre familiares, padres e hijos, hermanos, amigos, vecinos; en la armonía y la renovación de nuestro compromiso con Dios y con el prójimo.
La Navidad es honrar el nacimiento de nuestro rey, es una festividad gozosa, de celebración y adoración a nuestro Salvador, así como lo hicieron los pastores: “Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.” (Lucas 2:20).
A pesar que la pandemia impone límites para la locomoción, la Navidad en este tiempo de coronavirus no se ha librado totalmente del consumismo. Pareciera que una gran parte de la sociedad continúa enganchada a una fiesta comercial, más que a una fiesta espiritual, y con ello se atestigua que a un sinnúmero de personas únicamente les interesa una felicidad ligada al materialismo. La Navidad se ha convertido para varios, en una fiesta carente de contenido espiritual, cuando la Navidad es sentir la presencia del Señor en medio de nosotros.
La presencia de Dios en nuestras vidas se hace posible cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador personal, cuando sanamos, corregimos actitudes de rencor, venganza, maldad, violencia, perdonamos y amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. San Mateo 22, 37-39 dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
La Navidad es que Jesús nazca en nuestros corazones y que Él sea la guía en nuestras vidas y nuestro ejemplo a seguir. 1 Juan 4:7-9 señala: “Dios es amor.Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.”
Estos días, aún limitados por la pandemia, los cristianos debemos aprovechar cada momento para buscar la verdadera presencia del Salvador en medio de nosotros, hagamos de estas fechas un espacio especial para escuchar la palabra, para vivirla con armonía y en servicio con nuestros semejantes, porque Jesús es verbo y es acción, porque Él siempre fue fiel al mensaje que predicó. Es responsabilidad de nosotros que reconocemos a Jesús como nuestro Salvador, que revelemos al mundo el valor que posee esta fiesta espiritual y expongamos cómo realmente debemos celebrarla, compartiendo la alegría de esta fecha regalando amor, fraternidad, tolerancia y servicio a los demás.
¡Feliz Navidad!

Lea más del autor:



