Columnas

Elección compleja

Por lo general cuando se piensa en el sistema político de los Estados Unidos de Norteamérica se sostiene la impresión con respecto a la existencia de los dos grades partidos políticos de tipo dinosaúrico.  Esos dos monstruos, fundados antes de la primera mitad del siglo XIX pareciera que se tragan completamente las opciones de participación política en EE. UU.  Todo dentro de ellos, nada por afuera.

Lo interesante y peculiar del sistema de partidos en EE. UU. es su nivel de consolidación, situación que produce la tutela de los valores sociales.   Es decir, es tanto el peso que los partidos políticos tienen que sus valores socio-políticos moldean la visión de mundo que el votante tiene.   El partido no es solamente un entorno que provee esquemas de política pública sino la forma de comprender la realidad.  Por eso los partidos políticos en EE. UU  históricamente han trascendido y se han mantenido a lo largo del tiempo.

Lo anterior no ha evitado del todo que surjan terceras opciones pero,  esas terceras opciones hasta el día de hoy no han tenido victorias electorales importantes.   Quizá el caso más recordado sea el multimillonario tejano Ross Perot, quien participó en las elecciones electorales de 1992 y 1996. Es recordado por haber propuesto que el ejército patrullara las calles de las grandes ciudades estadounidenses en razón de los altos niveles de delincuencia.  Ante estas propuestas,  es claro que no es precisamente Donald Trump el candidato más radical que la democracia estadounidense ha conocido.   

En la elección actual, hay dos  candidatos denominados minoritarios, uno por el partido libertario y otro por el partido verde sin posibilidades reales de acceder a la presidencia. Tampoco fueron considerados para participar en los debates presidenciales. ¿Qué sucede en un contexto de bipartidismo cuando hay rupturas hacia lo interno de los partidos?  En momentos concretos, por muy consolidados que los partidos lo estén existen movimientos internos que producen corrientes de choque.   Estos movimientos de tribus internas  en los partidos tienen la capacidad para introducir nuevos puntos de agenda,  captar un nuevo estamento de votantes, migración de los miembros o fragmentación del partido.

En el caso de Estados Unidos, en la actual elección,  Donald Trump y Bernie Sanders son la representación de esa particular situación.  La influencia de Sanders en este proceso electoral intentó correr hacia la izquierda la agenda del partido demócrata.  El partido demócrata no es un partido de izquierdas ( otra cosa es que tengan enfoques liberales en lo social) y Sanders fue la vena socialista liberal que puso temas muy concretos en la agenda.

La candidatura final de HRC debe comprender que  si desea ganar el voto de los millennials debe poner sobre su mesa de plataforma electoral alguno de los puntos propios de la campaña de Sanders.  De lo contrario, este grupo muchachos que se sienten traicionados por el sistema y por la estructura del partido demócrata no votará.   Por el otro lado, Trump, le ha dado al partido republicano la mayor cantidad de votantes en una elección primaria y ha jalado hacia el universo republicano a millones de personas se sentían abandonados por el partido.  Pero, esa nueva camada de personas que no eran republicanas de corazón -al igual que Trump- termina por alejar al votante republicano tradicional y a su liderazgo.   

¿Quién gana esta elección?  No solo quien pueda mantener entusiasmada a sus bases, y prestas a votar,  sino quien pueda salir al mercado de otros votantes no tan convencidos. HRC apuesta por las mujeres,  Trump apuesta por los demócratas conservadores y los cristianos evangélicos.  El que odie más al candidato opositor, gana.


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David Martínez-Amador

Becario Fulbright del Departamento de Estado Norteamericano. Politólogo, UMASS-Amherst. Investigador Social en las áreas de Consolidación Democrática, Crimen Organizado Transnacional, e impacto del crimen transnacional en la gobernabilidad democrática. Miembro de la Red de Investigadores Latinoamericanos por la Paz y la Democracia ÍNSUMIISOS´ con sede en Ciudad de México. Profesor universitario y consultor. Ha trabajado en Centroamérica, México, Estados Unidos y Canadá.

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