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Elecciones y subsistencia

Tanmi Tnam

Lo que es fiesta cívica para algunos, para otros es oportunidad para llegar a ocupar puestos de beneficio personal y para muchos consiste en algunos días domingos que se proponen visitar las sedes de los partidos políticos que funcionan en las cabeceras municipales para obtener pan y frijoles para saciar el hambre. Los resultados de las elecciones generales donde se elige presidente, diputados y concejos municipales para una mayoría de guatemaltecos no han respondido a las necesidades y problemas que vienen padeciendo desde hace tiempo.

En este período de campaña, se observan formas de tratamiento a los posibles votantes, especialmente en regiones con alta población indígena. En algunas sedes de partidos políticos, con el afán de atraer a los ciudadanos rifan premios, disponen de música ranchera y los discursos de todo tipo, menos la exposición de contenidos del programa de gobierno. No faltan las sedes, en que los posibles votantes son tratados como aquellos que necesitan hacer ejercicios en grupo para estar despiertos, lucen las instrucciones de párense, siéntense, levanten la mano derecha, repiten conmigo, etc. En pueblos pequeños, hacen falta calles para cada candidato porque en esta oportunidad son muchos y nadie tiene información de cada uno.

Hay candidatos sin remordimiento alguno o algo de vergüenza cuando piden el voto a la ciudadanía que reconoce su pertenencia a alguno de los pueblos originarios de Guatemala. No hay reconocimiento alguno de la injusticia, de la ausencia de democracia, del racismo que establecen las leyes con que cuenta el país. Muchos guatemaltecos conocen las profundidades de la Ley Electoral y de Partidos Políticos que no toma en cuenta la participación expresa y directa de los pueblos originarios de Guatemala.  Esta ley se inspira en la injusticia, la exclusión y el racismo que vienen de hace 500 años y expresamente en las leyes del Estado de Guatemala desde hace 200 años. Entonces ¿cómo es posible construir la democracia donde lo común es la exclusión?

Como impacto de la exclusión, la población que pertenece a pueblos originarios padece de analfabetismo en el idioma oficial, la lengua materna en desplazamiento, vive en condiciones de pobreza y extrema pobreza, con poco o nada de acceso a servicios de salud, educación escolar con baja cobertura y sin pertinencia cultural, con focos de conflicto por la contradicción que hay entre instituciones propias de los pueblos y las instituciones oficiales que imponen principios, procedimientos y contenidos alejados de los pueblos. En fin, ahora afloran los efectos de la contaminación y del mal trato al medio ambiente. En varias comunidades locales la escasez de agua ya es un punto de conflictos. Estos problemas no tienen contempladas las soluciones en los programas de posible gobierno de los partidos políticos presentes en la contienda actual. No se ofrecen cambios, para la mayoría de partidos políticos la exclusión es común y es norma.

Es necesario que el país sea dirigido por verdaderos políticos, por aquellos líderes que conocen las profundidades de la realidad diversa de los pueblos, que cuenten con respuestas y soluciones a los problemas estructurales de los pueblos, con mentalidad para la construcción de la democracia y que tomen a la justicia, la paz, la armonía y el bienestar de todos como el norte para el futuro de Guatemala. Es necesario cuestionar y cambiar el pensamiento y práctica política que se construye sobre la discriminación y el racismo. No más politiqueros, corruptos, farsantes, compradores de votos y vendedores de falsas promesas.

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