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Energía del ser humano

Para mejorar sus relaciones con armonía y paz y para que haya menos violencia

INTRODUCCIÓN

El ser humano, desde su inicio, se ha caracterizado por ser egoísta, yo soy primero. El anterior axioma mueve a la gran mayoría de los habitantes del planeta, y esa versión empobrecida del ser es lo que, sin lugar a dudas, nos afecta a todos. Además, en nuestras relaciones somos tan exigentes que las hacemos casi imposibles.

Estas reflexiones me ha llevado a preguntarme:

  • ¿Quién soy?
  • ¿De dónde vengo?
  • ¿Qué hago aquí?
  • ¿Hacia dónde voy?
  • ¿Cuál es el propósito de mi vida?
  • ¿Cuál es mi relación con el creador de la vida?
  • ¿Cuál es mi relación  con el mundo que conocemos?
  • Y ¿Cómo es mi relación con los demás seres humanos?

He buscado mis soluciones en diferentes ámbitos, creencias, filosofías y religiones: también en la historia del mundo y en la de mi familia. Además, me he reunido con personas cercanas y lejanas, todo para satisfacer mis inquietudes internas e intentar buscar la forma más eficiente de pagar al prójimo las oportunidades que he tenido en esta vida.

En esta peregrinación he encontrado realidades y situaciones que me han hecho reconsiderar las creencias que me inculcaron, así como las interpretaciones que yo hice de las mismas, por lo que algunos de mis paradigmas –como una realidad sólida- han variado. De un hombre oí, “el ser humano es el único capaz de fundar sus dogmas y derribarlos a la vez”. 

Con lo anterior expresado, creo que –sin poses de arrogancia- he crecido espiritualmente, por lo que con este libro pretendo influir, aunque sea en mínimo grado, en algunos seres humanos para que mejoremos las relaciones con el prójimo y que las mismas se vuelvan nexos posibles, con paz y tranquilidad.

Jorge Canale Nanne

Para mejorar nuestras relaciones debemos buscar el renacimiento de la conciencia. Para lo mismo tenemos que lograr la transformación del ser humano en la sociedad, en consecuencia, debemos redefinir las relaciones con los demás seres humanos. Proceso lento -de naturaleza espiritual- el que necesitamos realizar para descubrir lo que significa nuestra existencia. Comprendemos la existencia como la vida del ser humano en este mundo.

Los seres humanos, a través de la historia, hemos tenido el sentimiento de haber recibido revelaciones o coincidencias inexplicables, algunas en forma secuencial y, con ello, hemos buscado cambiar la situación actual hacia una cultura más espiritual. Con algunos de estos sentimientos temporales, hemos realizado experiencias inspiradoras, actuaciones intensas en nuestras vidas, pero al final nos dejan insatisfechos e inquietos, ya que la vida no ha cambiado, como tampoco las relaciones entre los seres humanos.

Hoy, al inicio del segundo milenio, más seres humanos estamos teniendo una conciencia plena de lo que buscamos, incluimos experiencias satisfactorias. Consideramos éstas prácticas como las coincidencias que se dan en nuestras vidas, las mismas no son casualidades y a pesar de la complejidad en su contenido, sabemos que son reales. Al mismo tiempo, apreciamos este estado de conciencia para descubrir lo que esta sucediendo con la vida.

En la medida en que más humanos alcancen el nivel de conciencia necesaria, más fácil será alcanzar la transformación de la relación entre los humanos y la cultura de la sociedad.

Esta posición no esta en contra de los principios religiosos, de cualquier índole, entre ellos el cristianismo, lo que se busca es fortalecer las verdades espirituales y la energía interna de los humanos.

Para entender lo que esta sucediendo hay que ver la historia en forma adecuada:

Nos debemos ubicar en cada periodo histórico, comprender lo hechos y la evolución del pensamiento, pero sobre todo debemos observar lo que la gente pensaba y sentía. Al comprender la realidad de los humanos que vivieron antes que nosotros, nos daremos cuenta porque miramos al mundo en la forma en que lo hacemos y con que debemos contribuir para que las generaciones futuras tengan una mejor interrelación espiritual.

Con los conocimientos acumulados en ciencia y en tecnología, ahora, al principio del segundo milenio, podemos analizar en su conjunto la historia de la humanidad. Nos debemos trasladar a los siglos anteriores y así comprender la realidad de aquellos humanos para identificar algunos de los principios de nuestra época.

Debemos comprender que en la edad media, una parte de la realidad la definieron los poderosos clérigos de la iglesia cristiana. Aquellos hombres tuvieron gran influencia en la mente del pueblo y del mundo, entres sus axiomas destaca que describieron el mundo real como el contexto espiritual de los feligreses; en su realidad colocaron a Dios como el centro de la vida, pero lo supeditaron a la práctica espiritual que definieron ellos mismos. En el momento de mayor control espiritual, todos los estratos sociales acataron las disposiciones de la iglesia. Entre los postulados de la élite eclesiástica destaca que:  “Dios creo a la humanidad en el centro del universo con el propósito de ganar o perder la salvación según las normas y prácticas religiosas de los clérigos.  El individuo común no estaba calificado para determinar su condición a este respecto, ya que son los sacerdotes los que interpretan las “Escrituras” y decretan el camino para conseguir la salvación.  Todos los acontecimientos fueron calificados como “la voluntad de Dios”. Ahora, comprendemos que no existían conceptos como el de las fuerzas geológicas, los cambios climáticos, y otros. Por lo que se creía que el mundo funcionaba exclusivamente por medios espirituales.

En los siglos XIV y XV, ésta visión del mundo –la de los clérigos- empieza a perder vigencia como consecuencia de las acciones inadecuadas y la conducta irregular de los mismos, destaca, por ejemplo, violar los votos de castidad o permitir -por omisión- la conducta irresponsable de los representantes poderosos, los señores feudales, cuando éstos incumplían las leyes divinas. Sin embargo, a un grupo de fieles, la pérdida en la credibilidad de los clérigos les causa alarma, ya que, en aquel momento, se creía que éstos eran la única conexión entre el individuo y Dios. Se consideraba que eran los únicos capaces de interpretar las Escrituras correctamente, eran los intermediarios de la salvación a la que se aspira. Toda esta conducta irregular de la élite eclesiástica crea las condiciones para que se de una rebelión abierta en contra los devaneos de los sacerdotes y se forman nuevas iglesias basadas en la idea de que cada individuo puede acceder a las Escrituras e interpretarlas. Por la pérdida de credibilidad de los clérigos, el rompimiento de los paradigmas religiosos hace que los individuos de la cultura del mundo occidental queden en una posición incierta.  Se ocasiona un trastorno grande y se cuestiona la antigua visión del mundo.

Además, a finales del siglo XV, los astrónomos demostraron que el sol y las estrellas no giran alrededor de la tierra y que nuestro planeta es uno pequeño que gira en torno a una estrella, la cual hemos llamado sol, de una galaxia.  Por lo que la humanidad hubo de replantearse el lugar privilegiado en el centro del universo de Dios.

Con esta quiebra de dogmas religiosos, la sociedad de la época medieval necesitó nuevas definiciones y en especial la naturaleza de Dios y la relación del ser humano con Dios.

Con estas transformaciones en el pensamiento, más los aportes de la ciencia –el método científico de observación- comienza la edad moderna, en la que se imprime un espíritu democrático y cierta desconfianza hacia las autoridades eclesiásticas. Por ende, las definiciones del universo basadas en la fe o en la especulación ya no son automáticamente aceptadas por todos los individuos. Además, se pierde la confianza en la autoridad, por lo que la sociedad no se arriesga a someterse a un nuevo grupo que lo controle con un pensamiento dogmático.  Se pierde la certeza del mundo regido por Dios.

Reflexionando sobre el proceso histórico, podemos comprender como la especulación religiosa cae en desuso, ese mundo indefinido, por lo que surge la necesidad de tener un método que explique de una forma coherente parte de la realidad, y es así como surge el método científico. El cual consiste en poner a prueba una idea sobre la forma en que funciona algo en el universo, se crea la experimentación y el método de observación, para luego de muchas veces comprobada una acción, arribar a una conclusión. Pensamiento que se  ofrece  a los demás humanos para que lo puedan utilizar.

Aparecen los “expertos” provistos del método científico para descubrir cómo funciona parte del universo y qué puede significar el hecho de que los humanos vivíamos en este planeta.

En aquel momento empieza la preocupación sobre la condición humana, ya que los científicos, por la complejidad del universo, no les ha sido posible obtener respuestas o explicaciones completas sobre nuestra existencia. Entonces, en parte, nos percatamos que el método científico no ha podido devolver al ser humano la imagen anterior que le había otorgado dios, y tampoco ha podido establecer el propósito que tiene la humanidad en la tierra.  Por lo tanto ésta incertidumbre y falta de significados afectó la cultura occidental.

Sin embargo, aunque el ser humano necesita obtener respuestas a sus preguntas e inquietudes, siguió adelante en el proceso civilizatorio. Y mientras elaboraba otras posibles respuestas, se dispuso a elevar su nivel de vida, a conquistar la tierra y a utilizar los recursos para mejorar su confort. Con lo anterior pretendió crear una seguridad económica –laica- para reemplazar la concepción espiritual que se había perdido. Se trabajó para establecer un nuevo estilo de vida más confortable y gradualmente se olvido cuál era la pregunta original: ¿para qué nacemos, vivimos y morimos?

Esta situación se ha extendido de tal manera que muchos humanos se han vuelto adictos al trabajo y no aflojan su ritmo, para no plantearse, precisamente, la inseguridad que sienten respecto al por qué de la vida.

Lo anterior es la observación de la cultura occidental desde la perspectiva de un milenio y no solamente en el transcurso de esta generación. Por lo que hay que replantear la pregunta original: por qué estamos en la tierra y qué hay más allá.

En resumen se puede concluir que el ser humano vivió un tiempo –la edad media-  en el que Dios y la espiritualidad humana estaban bien definidas, luego, por su espíritu ascendente, colapsó la idea del dios medieval y se buscó descubrir la razón de la existencia humana a través vez de la ciencia, pero en ese afán se construyó un objetivo nuevo, y fue establecerse con confort en el mundo y sentirse bien. Para lograr ese objetivo, se inventaron nuevas fuentes de energía, como por ejemplo el gas, la electricidad o fusión nuclear. Además, hoy se administran grandes reservas de artículos de agricultura de  ganadería y se tienen grandes redes de distribución.

Este ímpetu humano fue impulsado por la vocación del progreso, para obtener seguridad individual y objetivos personales, mientras se reelabora la verdad de la vida.  Durante los últimos 400 años el ser humano se preocupó por crear un mundo en el que se pueden fabricar todas las comodidades, pero esta preocupación por conquistar la naturaleza provocó la contaminación de los sistemas naturales, por lo que hoy, muchos entornos ecológicos están al borde del colapso. No se puede seguir pensando ni actuando de esa manera. La desmedida industrialización ha ocasiona un daño grave al planeta.

Ahora, al inicio del milenio, es tiempo de averiguar por qué hicimos esas cosas y cómo encontrar soluciones. Algunas respuestas provienen de la ciencias duras, pero otras se deben indagar en campos distintos de la acción humana, tales como los hallazgos de la física, psicología, misticismo y religión, los anteriores componentes se funden en una nueva síntesis basada en la percepción de revelaciones y coincidencias.  En ese sentido,  estamos aprendiendo los detalles de lo que las coincidencias significan, cómo operan para poder establecer un concepto nuevo de la vida, la revelación como forma orgánica de pensamiento. Por eso, las revelaciones hay que descubrirlas en el transcurso de la vida tal como vayan ocurriendo.

Los seres humanos estamos aprendiendo a percibir lo que se consideraba un tipo de energía invisible.

Al tratar de comprender la naturaleza del universo, se supo que se tenían que separar los hechos de la superstición, lo que implica que se debe obtener soporte científico para cada nuevo aporte sobre cómo funciona el mundo. Todo debía tocarse y verse, así que todo lo que no pudiera demostrarse era rechazado.  Se llego a establecer que todo lo que ocurre en la naturaleza se hace de acuerdo con alguna ley natural y que todo acontecimiento tiene una causa física directa y comprensible. Se concluyo que el universo operaba siempre de manera predecible, porque por mucho tiempo fue lo único que pudo demostrarse (Isaac Newton). Las cosas que ocurrían en forma simultánea no tenían relación casual, sino que eran al azar.

Después se produjeron dos grandes hallazgos, la mecánica cuántica y los de Einstein, todos los que nos movieron a poner atención en los misterios del universo. Einstein nos mostró que lo que vemos como materia dura es su mayor parte un espacio vacío por cuyo interior circula energía. Y la física cuántica ha demostrado que cuando más se ven esas formas de energía a niveles más pequeños, encontramos resultados asombrosos. Se ha demostrado que cuando se separan partículas elementales y se trata de observar como funciona, el acto de observación por si mismo altera los resultados. Da la apariencia como que si lo que el experimentador piensa, influyera en las partículas elementales.

Parece ser que el ingrediente básico del universo, en su meollo, va pareciéndose cada día mas a energía que es maleable a la intención y expectativas humanas; como si nuestras propias expectativas y esperanza provocasen que nuestra energía fluyese hacia el mundo y afectase otros sistemas de energía.

El ser humano descubrirá una nueva energía que forma todas las cosas incluyendo al propio ser humano. La percepción de esta energía se inicia con la sensibilidad de la belleza de la naturaleza. Las cosas bellas muestran más presencia, mayor nitidez de forma, exhiben más viveza de color, comparado con la opacidad de otros objetos menos atractivos.

El siguiente nivel de percepción, el inmediatamente superior, es ver un campo de energía que se cierne por encima de todo esto. Se debe prescindir del escepticismo y permitir cualquier vía posible para percibir los fenómenos más sutiles que existen, pero que nos son obvios tales como árboles, luz, etc. Para ver los campos de energía es más propicio en el amanecer hacia el oriente y la puesta del sol hacia el poniente.

La naturaleza – plantas, árboles, ríos, etc. – se puede considerar como sistemas de energía total. La totalidad de ecosistemas en torno a cada planta es en realidad un sistema vivo, un único organismo y que la salud de cada una de las partes transmite su impacto a la salud del conjunto.  Entre mas atención humana reciben, mas potentes son estos sistemas.  Entre más virgen son los bosques o la naturaleza, más equilibrado es para obtener energía.

Esta energía es lo que la ciencia ha estado buscando, como elemento común implícito en toda la materia. Debe encontrarse una manera de medirla, para que la ciencia la acepte. También será aceptada hasta que muchos seres humanos sean capaces de verla por si mismos.

El percibir los campos de energía provoca la sensación de que las cosas son mas sólidas y más reales que en cualquier otra ocasión anterior.

Seguido a los recientes descubrimientos de la física moderna, el universo es mucho más dinámico.  Este universo funciona según normas, mecanismos como operación básica, pero también responde sutilmente a la energía mental que proyectamos hacia el. Si podemos hacer que las plantas crezcan mas rápido, tal vez pudiéramos hacer que ciertos acontecimientos ocurran más deprisa o más despacio, dependiendo de cómo pensamos.

Los humanos tenemos que llegar a ver el universo como gran reserva de una energía única dinámica, que puede nutrirnos y responder a nuestras expectativas.  Sin embargo, tenemos que darnos cuenta que hemos sido desconectados de la mayor fuente de esa energía y al aislarnos de ella nos hemos sentido mas débiles e inseguros y deficientes.  Ante a la deficiencia mencionada, los humanos ansiamos aumentar siempre nuestra energía personal, de la manera que sabíamos, robándosela psicológicamente a otros, rivalidad inconsciente que subyace en todos los conflictos humanos.

La violencia con que se tratan los seres humanos procede del impulso que intenta someter y dominar al prójimo (unos a otros). Se debe analizar este fenómeno desde el punto de vista de la conciencia individual.  Los humanos parece que adaptamos una postura manipuladora, no importa lo que sé esta tratando, pero actuamos y decimos lo que más nos convenga para salirnos con lo nuestro.  Si dominamos la situación y ejercemos el control o prevalece el nuestro solamente para obtener una meta que pretendemos alcanzar en el mundo exterior, sino también por la exaltación psicológica que sentimos recibir, por eso se podría decir que hay tantos conflictos irracionales.  Esto se da a nivel individual, así como colectivo y entre las naciones.

Nos hemos dado cuenta de los extremos a los que hemos llegado para manipularnos unos a otros y estamos reconsiderado nuestras motivaciones y buscando otras maneras de interactuar.

Por lo general, la violencia psicológica se transmite de una generación a otra: personas que sufrieron violencia de sus padres la transmiten a sus hijos y así sucesivamente.

Todo el universo esta integrado por energía.  Los humanos podemos influir en las plantas y sobre otras cosas, lo hacemos con la energía que nos pertenece, la parte de energía que controlamos.  Esta energía se puede observar y es una forma de comprender lo que cada uno recibe cuando compite y discute y se perjudican unos a otros.  Cuando se controla a otro ser humano se recibe su energía y el llenarse con la energía de otro es lo que motiva.  Existen muchas estrategias para quitar la energía de otras personas.

Sabemos que cuando nos sentimos débiles y logramos controlar a otro humano nos sentimos mejor, pero no nos percatamos que este modo de sentirse mejor lo pagan otras personas, al haberles quitado su energía. Tratar de controlar la energía de otros es por qué uno mismo se siente falto de energía.

Hay humanos que voluntariamente ceden su energía a otros, pero por lo general esto no dura mucho tiempo.  La mayoría de humanos no son lo suficientemente fuertes para continuar dando energía, ya que las relaciones personales se convierten con el tiempo en pugnas por poder.  Los humanos sumamos y enlazamos nuestra energía y después competimos para ver quién va a controlarla y quién va a controlar a quién.

El mundo es un sistema de energía y los humanos en forma inconsciente hemos competido por la energía que fluye entre nosotros.  En esto han consistido los conflictos humanos, desde las pequeñas pugnas hasta las guerras entre naciones.  El motivo por el cual, cualquier conflicto no puede ser resuelto de inmediato es porque una de las partes se aferra a una posición irracional para tratar de extraer energía.

El mundo de los humanos es una competencia por la energía y consecuentemente por el poder.  Una vez los humanos comprendamos nuestra pugna, se empezaran a superar los conflictos y nos liberaremos de la competencia por la energía humana, ya que estaremos en condiciones de recibirla de otra fuente: de la naturaleza y el universo.

Los humanos debemos conocer la naturaleza como una autentica sensación física y no como un concepto intelectual.  Hay que conocerla desde el propio interior, hay que percibir la naturaleza como que si fuera parte del propio yo.

La experiencia mística es cuando se siente una conexión o concesión con todo y esto provoca euforia, una seguridad y confianza extrañas. La experiencia del conocimiento místico es la clave para terminar con los conflictos humanos en el mundo, ya que durante ella se recibe energía de otra fuente, con la que aprenderemos a contar las voluntades. Debemos buscar la verdad en el interior de los humanos, de cada ser humano.

Todo lo que nos rodea tiene energía y puede incorporarse al cuerpo de cada humano de muchas formas incluyendo plegarias y alimentos. Pero hay ciertos lugares que aumentan nuestra energía, mas que otros, dependiendo de la forma en que se adapta nuestra energía a la que hay en el lugar.  Se debe estar abierto y se tienen que conectar y usar los sentidos cuando se ve la naturaleza, para llenarse plenamente de energía.

Al llenarse el humano de energía se siente amor por todo y esto ocurre de improvisto. No podemos forzarnos a amar cualquier cosa. Cada uno permite que el amor entre a su ser, pero hay que preparar la mente recordando cómo era lo que sentía e intentando volverlo a sentir.

Cuando se aprecia y siente la belleza y la singularidad de las cosas se recibe energía.  Al llegar al nivel en que se siente amor, podemos los humanos entonces devolver energía con solo desearlo.

Amar no es algo para sentirnos buenos, mejores  o para que el mundo sea un lugar mejor por qué debemos renunciar a nuestro placer. Conectarse con la energía se siente como una conmoción, luego como euforia y al final como amor.  Encontrar energía suficiente para mantener ese estado amoroso nos ayuda a los humanos y favorece al mundo.

Resumiendo lo anterior:

  • Hay que tomar en serio las revelaciones y coincidencias y estas nos hacen sentir que hay algo mas y espiritual, que funciona atrás de todo lo que hacemos.
  • Hay que establecer nuestra intuición como un hecho real. Hay que entender que hemos estado preocupados por la sobrevivencia material, centrando nuestra situación en el universo y siendo la seguridad nuestro único objetivo. Hay un despertar o tener una apertura a lo que esta sucediendo realmente.
  • Hay que conocer y aceptar el nuevo concepto que define al universo físico como energía pura, la cual responde a como pensamos de una manera u otra.
  • Hay una tendencia de los humanos a robar energía de un ser a otro, ejerciendo o pretendiendo tener control de unos sobre otros, lo que al final nos hace sentir vacíos.  Nos podemos conectar a una fuente superior de energía que es el universo y la naturaleza, solo con abrirnos nos proporciona toda la energía que necesitamos.
  • Las experiencias místicas permiten ver la magnitud de la energía que se puede adquirir.  Estas deben ocurrir con humanos que tienen el mismo estado de conciencia, porque si no es así somos rechazados.  Hay que buscar la conciencia máxima, aprendiendo a llenarnos conscientemente de energía, ya que la energía trae consigo las revelaciones y coincidencias y estas nos ayudan a establecer un nuevo nivel de vida sobre una base permanente. Cuando ocurre algo más allá de lo posible que nos permite avanzar en nuestras vidas, nos convertimos en seres humanos mas reales, alcanzamos lo que el destino nos conduce a ser. Hay que llenarnos de energía y las revelaciones y coincidencias ocurrirán en forma más persistente. Al llenarnos de energía en forma permanente y madurar espiritualmente, continuamos con la evolución, llevándola a un grado más elevado continuamente.

Continuará…

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