EVOCACIÓN DE MANUEL AYAU EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO
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Uno de los principales introductores y divulgadores del liberalismo en Guatemala fue Manuel Francisco Ayau Cordón, ingeniero mecánico, empresario, educador, Doctor Honoris Causa en Ciencias Sociales, y autor de libros en los que trató sobre economía, derecho, política y sociología. Fue presidente de la institución liberal internacional más importante: la Sociedad Mont Pélerin, fundada por Friedrich von Hayek, en el año 1947. También fue principal fundador de dos notables instituciones académicas destinadas a educar en el pensamiento liberal: el Centro de Estudios Económicos y Sociales; y la Universidad Francisco Marroquín.
Ayau Cordón nació hace cien años, el día 27 de diciembre del año 1925, en la ciudad capital de Guatemala. Sus padres fueron el empresario Manuel Silvestre Ayau Samayoa y la señora María Cristina Cordón Méndez. Falleció el día 4 de agosto del año 2010. Tenía 84 años de edad. Fue sepultado en la cripta del Monasterio Ortodoxo de la Santísima Trinidad Lavra Mambré, en el municipio de Amatitlán, del departamento de Guatemala; monasterio del cual la Doctora Inés Ayau García es igumeni.

1. El liberalismo de Ayau Cordón
Actualmente, cuando el término liberal tiene significados que hasta pueden ser opuestos, se plantea esta cuestión: ¿en qué consiste el liberalismo que Ayau Cordón profesó? Consiste en principios que pueden ser expresados en estos términos:
Primer principio. Los seres humanos poseen tres derechos naturales primordiales: derecho a la libertad, a la vida y a la propiedad privada. Esos derechos constituyen la esfera privada del individuo, en la cual cada uno es soberano.
Segundo principio. En la sociedad, los ciudadanos deben regirse por normas generales de conducta justa.
Son generales, en tres sentidos:
1. No asignan a los ciudadanos una finalidad particular, ni imponen a ellos los medios particulares que deben emplear, ni obligan a obtener un resultado particular.
2. No son aplicables solamente a determinados seres humanos, según atributos particulares propios de su individualidad, sino abstraen esos atributos. Son, pues, normas abstractas; y por ser independientes de la individualidad de cada ser humano son aplicables a un indeterminado número presente o futuro de individuos.
3. Cada uno puede elegir libre y pacíficamente lo que quiere hacer. Como afirma Ayau Cordón, cada uno trata de lograr sus finalidades propias “en colaboración con otros que eligen libremente cooperar entre ellos, aunque sus finalidades individuales sean diferentes.”
Las normas generales de conducta deben ser justas; lo cual significa que tienen estos atributos, por lo menos:
(i) Derivan del derecho a la libertad, el derecho a la vida y el derecho a la propiedad privada.
(ii) Limitan los derechos solamente hasta el grado en que es necesario para que todos puedan ejercerlos igualmente.
(iii) Posibilitan la paz, la recíproca cooperación y la prosperidad de todos los miembros de la sociedad.
(iv) Obligan al cumplimiento de contratos. Precisamente es justo que cada uno de quienes han celebrado un contrato cumpla con las obligaciones que ha contraído, y respete los derechos adjudicados al otro.
(v) Garantizan que cada uno tenga lo que es propio de él.
(vi) No perjudican a nadie, sino benefician a todos (excepto, por supuesto, a aquellos que las violan).
(vii) No obligan a “abstenerse de hacer aquello que pacífica y libremente elegirían hacer… y a hacer lo que libremente no hubieran elegido hacer.”
Tercer principio. La función esencial del gobierno es garantizar el ejercicio de los derechos primordiales y el cumplimiento de las normas generales de conducta justa y de los contratos.
Cuarto principio. Con el fin de cumplir ese función, el gobierno debe estar dotado de poder coercitivo; pero tal poder debe ser solamente el necesario para cumplirla.
2. Premisas del orden social
Ayau Cordón define principios con los cuales debe explicarse el origen, la naturaleza y el proceso de desarrollo del orden social. Les llama premisas, de las cuales debe partir una teoría que pretenda explicar el orden social. He aquí las premisas:
Primera. El ser humano actúa para mejorar.
Segunda. El ser humano constantemente elige.
Tercera. El ser humano actúa en un mundo de escasez.
Cuarta. Elegir tiene un costo de oportunidad.
Quinta. El ser humano es imperfecto.
Sexta. El mundo cambia constantemente.
Séptima. El trabajo es un medio para obtener un beneficio. No es un fin en él mismo.
Octava. El valor del trabajo depende del valor de los bienes que produce.
Novena. Todos los seres humanos son diferentes. Cada uno tiene su propia individualidad.
Décima. Algunos seres humanos son más aptos que otros en cualquier actividad de una misma clase.
3. No conservadurismo
El liberalismo de Ayau Cordón no es conservadurismo: no se opone al cambio del orden social, o no pretende la preservación inalterable de ese orden ni se resiste a renovarlo o innovarlo.
El liberalismo de Ayau Cordón propugna el cambio, o la transformación, o la innovación, del orden social, con el fin de que rijan los principios liberales, hasta el grado en que lo permite la imperfección humana. En Guatemala, por ejemplo, propugna transformar el poder judicial, el legislativo y el ejecutivo del Estado con el fin de fundar un Estado de derecho; o propugna transformar el orden social económico con el fin de fundar un régimen de libertad económica.
Originalmente hubo oposición entre liberalismo y conservadurismo. Efectivamente, el liberalismo propugnaba un cambio del orden social hacia la libertad económica, política y religiosa, y la abolición de privilegios. El conservadurismo propugnaba la preservación del orden social de no libertad económica, política y religiosa, y la preservación de privilegios otorgados por quienes ejercían el poder del Estado. La Revolución Francesa fue probablemente el origen de la oposición original entre liberalismo y conservadurismo: los liberales aprobaban el derribamiento de la monarquía y la fundación de una república; y los conservadores se oponían.
4. Liberalismo y socialismo
Posteriormente, cuando el socialismo adquirió impredecible importancia, hubo oposición entre liberalismo y socialismo. Contribuyeron a esa importancia los socialistas Henri de Saint-Simon (1760-1825), François Marie Charles Fourier (1772-1837), Robert Owen (1771-1858), Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) y, principalmente, Karl Marx (1818-1883). Marx era socialista; pero creía que el socialismo era solo una etapa de transición desde el capitalismo hacia el comunismo. Estrictamente, era comunista.

Henri de Saint-Simon. François Marie Charles Fourier. Robert Owen. Pierre-Joseph Proudhon. Karl Marx.
Una modalidad de esa oposición es la que hay entre individualismo y colectivismo. Según el liberalismo, solamente hay individuos que interactúan cooperativamente y sus actos explican los fenómenos que ocurren en la colectividad. Ayau Cordón defendía ese individualismo. Según el colectivismo, la colectividad o, quizá más precisamente, la sociedad, es un ser supraindividual, o ser independiente de los individuos, a cuyo interés ellos, los individuos, deben servir. Era el colectivismo que atacaba Ayau Cordón, quien, recuerdo, alguna vez planteó esta cuestión: “¿Ha palpado usted la sociedad?”
El liberalismo de Ayau Cordón no es, pues, individualismo en el sentido meramente psicológico de egoísmo, o en el sentido de que los individuos deben ser autónomos, o en el sentido de que no debe haber sociedad, o en el sentido de que los individuos deben ser ajenos a cualquier relación cooperativa entre ellos. Su individualismo, al que denominamos auténtico, consiste, entonces, en que los fenómenos que ocurren en la sociedad no son obra de un ser abstracto llamado sociedad, que es independiente de los individuos interactuantes, sino obra de individuos concretos que cooperan recíprocamente entre ellos con el fin de estar mejor; y para lograr ese fin se constituyen en sociedad. No hay, por consiguiente, oposición entre individuo y sociedad, sino que la sociedad es el medio que todos los individuos emplean para procurar su propio bien, sometidos a normas generales de conducta justa.
5. Ayau Cordón y corriente histórica liberal
Con Ayau Cordón el liberalismo fue la continuación, en Guatemala y en otros países de América Latina, de una corriente de pensamiento liberal que originalmente adquirió una lúcida expresión en la teoría del gobierno civil, de John Locke (1632-1704). Conjeturo que Locke empleó la frase gobierno civil para significar gobierno político, y no gobierno eclesiástico.

Locke afirmó que el ser humano tiene un derecho natural que él denominó derecho de propiedad, que comprendía derecho a la libertad, derecho a la vida y derecho a poseer bienes. La suprema finalidad del gobierno civil era garantizar esos derechos. El gobierno debía regirse por leyes que limitaran su poder, y ejercer ese poder por consentimiento de los ciudadanos. Un gobierno que no se regía por leyes, o gobierno con poder ilimitado, no podía garantizar aquellos derechos.
En el siglo XVII surgió en Inglaterra, Escocia e Irlanda, la facción ideológica de los llamados whigs, quienes propugnaban limitar el poder del gobernante y someterlo a normas generales de conducta justa, con el fin de preservar los derechos de los ciudadanos. La facción de los llamados tories era la facción opuesta.
Grandes políticos whigs fueron Robert Walpole (1676-1745), Primer Ministro del Reino de Gran Bretaña; Henry Pelham (1694-1754), quien también fue Primer Ministro de ese reino; y Charles James Fox (1749-1806), Ministro de Relaciones Exteriores, que aprobaba la independencia de las colonias de Inglaterra en América del Norte.

Friedrich von Hayek se declaró liberal; pero no le satisfacía la palabra liberal, porque en Estados Unidos de América el significado de esa palabra era confuso; y en Europa tenía un significado afín al socialismo. Afirmó Hayek que la palabra que mejor designaba su pensamiento era whig. Dijo: “Por mis estudios sobre la evolución política pude percatarme, cada vez con mayor claridad, de que, durante toda mi vida, siempre fui un viejo whig (y subrayo lo de viejo).” Los viejos whigs eran precisamente aquellos que propugnaban limitar el poder del gobernante y someterlo a normas generales de conducta justa, con el fin de preservar los derechos de los ciudadanos. Conjeturo que Ayau Cordón compartía esa preocupación semántica de Hayek.
El liberalismo de Locke continuó con grandes pensadores que lo enriquecieron, entre ellos David Hume (1711-1776), Adam Smith (1723-1790), Immanuel Kant (1724-1804), Wilhelm von Humboldt (1767-1835); John Stuart Mill (1806-1873), Alexis Charles Henri Clérel, conde de Tocqueville (1805-1859); y John Emerich Edward Dalberg-Acton (1834-1902). Ese liberalismo prosiguió, hasta el siglo XX y la primera década del siglo XXI, principalmente con Ludwig von Mises (1881-1973), Friedrich von Hayek (1899-1992), Murray Rothbard (1926-1995), Milton Friedman (1912-2006) y el mismo Ayau Cordón (1927-2010).

6. Laissez faire, laissez passer
Históricamente, los principios del liberalismo fueron el origen de una teoría que propugnaba el régimen económico llamado laissez faire, laissez passer, es decir, permitir hacer, permitir pasar. Según esa teoría, con el fin de que la sociedad progresara económicamente, los gobernantes no debían obstruir la libertad económica.
El autor de la frase laissez faire, laissez passer fue el comerciante y superintendente mercantil francés Jacques Claude Marie Vincent de Tournai (1712-1759). Según él, le monde va de lui même, es decir, el mundo marcha por él mismo. Ayau Cordón explícitamente era partidario de ese laissez faire et laissez passer.

Uno de los defensores de ese régimen fue Adam Smith. En Guatemala, Ayau Cordón contribuyó al conocimiento de la principal obra económica en la que Smith defendió ese mismo régimen. Aludo a la obra Una Investigación sobre la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones, publicada en el año 1776.


También defensores del laissez faire, laissez passer fueron el economista y político Anne Robert Jacques Turgot, Barón de l’Aulne (1727-1781), el político, jurista y economista Claude-Frédéric Bastiat (1801-1850) y el político, comerciante y empresario industrial Richard Cobden (1804-1865).
En Europa, desde la derrota final de Napoleón Bonaparte en el año 1815, hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial, en el año 1914, la mayor aproximación al régimen económico liberal de laissez faire, laissez passer, con intercambio económico mediante dinero respaldado en oro, contribuyó a una impredecible prosperidad económica.
7. Colonias británicas y revolución liberal
Los principios del liberalismo inspiraron la revolución independentista que emprendieron las trece colonias de Inglaterra en América del Norte. Cada una se convirtió en un Estado y los trece nuevos Estados fundaron la república federal llamada Estados Unidos de América.
Esa inspiración se manifestó en la Declaración de Independencia, decretada en el día 4 de julio del año 1776. La Constitución Política decretada en el año 1787, vigente a partir del año 1789, fue liberal. Uno de sus fines era precisamente “garantizar los beneficios de la libertad para nosotros mismos y para nuestra posteridad…”
Sobre esa constitución, Ayau Cordón expresó esta opinión: “Introdujo la división del gobierno en sus poderes, la separación del poder político y del religioso, el principio de la supremacía judicial, y otras innovaciones hoy frecuentemente aplicadas.”
8. Ley positiva y ley natural
Ayau Cordón distinguió lúcidamente entre ley positiva y ley natural. La ley positiva es aquella que el legislador decreta. La palabra positiva no necesariamente significa que la ley es buena ley. Solo significa que la ley es dada explícitamente por el legislador en determinado tiempo y espacio, y puede ser derogada. Puede ser la ley de los déspotas, los dictadores y los tiranos.
La ley natural es aquella que no es obra de un legislador, o de un grupo de legisladores, sino es propia del ser humano por su misma humanidad. Es ley que consiste en derechos propios del ser humano solo por su misma humanidad, llamados derechos naturales. Tal es el derecho a la libertad, el derecho a la vida y el derecho a la propiedad privada. Por supuesto, la ley natural no puede ser derogada. Por ejemplo, el legislador no puede derogar el derecho a la libertad, o el derecho a la vida, o el derecho a la propiedad privada. Por definición, en un régimen político despótico, dictatorial o tiránico, esos derechos son suprimidos; pero no son eliminados. La supresión no es causa de que el ser humano ya no los posea, sino solo es causa de que no los pueda ejercer.
Los derechos naturales no son, por consiguiente, derechos que generosamente el legislador otorga por medio de una ley que él decreta. Es decir, el legislador no tiene el poder de otorgar o no otorgar el derecho a ser libre, a conservar la vida y a tener bienes propios. Aun contra la voluntad del legislador, los derechos naturales son propios del ser humano en cuanto ser humano.
Dice Ayau Cordón: “Desde el inicio de las naciones independientes, después del feudalismo, los pueblos organizaron su gobierno para proteger sus derechos. No es el gobierno el que creó los derechos. La gente ya tenía esos derechos, que son derechos naturales; y creó el gobierno para protegerlos. En el curso del tiempo, la cuestión se invirtió: se creyó que derecho era hacer aquello que el gobierno dictaba que podemos hacer, y que actuar conforme al derecho era actuar conforme a las leyes que decretaba el gobierno, aunque esa leyes violaran los derechos de los individuos.”
9. La gran cuestión que se planteó Ayau Cordón
Ayau Cordón se plantea esta cuestión: ¿Por qué hay países pobres y países ricos, y países que no son tan pobres ni tan ricos? Quizá esa cuestión fue el motivo principal por el cual emprendió investigaciones cuyo producto fue comprobar que el liberalismo era la solución.
Nigeria, República Centroafricana, Madagascar, Mozambique, República Democrática del Congo, Afganistán, Sierra Leona y Liberia son países pobres. ¿Por qué? Singapur, Islandia, Australia, Irlanda, Suiza, Luxemburgo y Estados Unidos de América son países ricos. ¿Por qué? Paraguay, Irak, Bosnia y Herzegovina, Namibia, Macedonia y Sudáfrica no son tan pobres ni tan ricos; pero están más próximos a la pobreza que a la riqueza. ¿Por qué? Guatemala es un país que no es tan pobre ni tan rico, pero está más próximo a la pobreza que a la riqueza. ¿Por qué?
Ayau Cordón también se plantea estas cuestiones conexas: ¿Un país pobre está destinado a ser pobre; o puede convertirse en un país rico? Si puede haber tal conversión, ¿qué hacer para lograrla? Ayau Cordón investigó y comprobó estos hechos:
Primero. La causa de la riqueza de un país no es el tamaño del territorio: Suiza tiene un territorio de 42,000 kilómetros cuadrados y Australia, uno de 8,000,000 de kilómetros cuadrados.
Segundo. La causa no es el tamaño de la población: Islandia tiene 400,000 habitantes y Estados Unidos de América tiene 340 millones.
Tercero. La causa no es la geografía: Singapur es un país insular y Luxemburgo no lo es.
Cuarto. La causa no es el régimen político: Luxemburgo es una monarquía constitucional y Suiza es una república federal.

El régimen político de Luxemburgo es una monarquía constitucional. El régimen político de Suiza es una república federal.
Quinto. La causa no es la religión: en Suiza, 56% de los habitantes son cristianos; y en Singapur, 31% son budistas, y con esa proporción el budismo es la religión más profesada.
Sexto. La causa no son los recursos naturales: Estados Unidos de América tiene extraordinariamente más recursos naturales que Singapur o que Suiza.
Ayau Cordón comprobó que aquello que es común a los países ricos son los principios del liberalismo, instituidos explícita o implícitamente por la Constitución Política. No importa, entonces, el tamaño del territorio, el tamaño de la población, la geografía, el régimen político, la religión o los recursos naturales.
Por supuesto, en los países ricos no necesariamente los principios rigen de modo riguroso; pero aquellos que los aplican más rigurosamente tienden a ser más ricos. Un país pobre que adopte esos principios puede transformarse en un país rico. Ayau Cordón afirma, entonces, que ningún país pobre está destinado a ser pobre; y que cualquier país pobre puede convertirse en país rico con la adopción de principios liberales.
Se colige que un país pobre no tiene que inventar un modelo económico para convertirse en país rico; ni tiene que concebir fantásticos planes económicos concebidos por políticos, tecnócratas, burócratas o ingenieros sociales. Tiene que adoptar los principios del liberalismo, los cuales pueden no ser suficientes; pero son necesarios.
Post scriptum. Este artículo reproduce o resume partes del libro Manuel F. Ayau Cordón: Pensamiento, Obra y Época, que yo escribí por solicitud de la Universidad Olga y Manuel Ayau Cordón y de la asociación civil Guatemala Libre.

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