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GUATEMALA:  atrapada entre la confrontación política y el crimen organizado 

Una Guatemala Diferente Es Posible

Guatemala atraviesa momentos complejos y peligrosos, no se trata únicamente de una crisis política coyuntural ni de un problema aislado de seguridad pública, estamos frente a una crisis profunda de gobernabilidad en la que, la confrontación política, los altos niveles de violencia, de criminalidad y la penetración del crimen organizado en el Estado y en la vida política del país, han creado un escenario de incertidumbre, miedo y parálisis institucional que afecta directamente la vida cotidiana de millones de guatemaltecos.

La confrontación política se ha convertido en el eje central del deterioro institucional, el permanente choque entre el Ejecutivo y el Ministerio Público, sumado al enfrentamiento constante entre las bancadas oficialista y la oposición en el Congreso, ha generado un clima de ingobernabilidad que bloquea cualquier posibilidad de consenso nacional, en lugar de acuerdos mínimos para enfrentar los problemas estructurales del país, asistimos a una disputa de poder donde cada acto parece más interesado en proteger cuotas políticas o agendas particulares que en responder a las necesidades urgentes de la población. Este enfrentamiento no solo debilita al Estado, sino que envía un mensaje devastador a la ciudadanía: Guatemala no tiene rumbo claro, las instituciones se desgastan en luchas internas mientras la inseguridad, la pobreza y la falta de oportunidades avanzan sin control. El resultado es una sociedad frustrada, desconfiada y cansada de promesas que nunca se traducen en acciones concretas.

A este escenario político se suma una realidad alarmante, los niveles de violencia y criminalidad que impiden cualquier posibilidad de desarrollo, en el que las extorsiones, los homicidios, las disputas territoriales y el narcotráfico siguen marcando la vida en amplias zonas del país; especialmente en áreas urbanas las pandillas, como la Salvatrucha y Barrio 18, continúan siendo responsables de un alto porcentaje de los hechos violentos, operando con una capacidad cada vez más sofisticada, alimentada por la debilidad del Estado  y la fragilidad de las instituciones de seguridad pública. La violencia que se vive hoy no es la misma que surgió tras el conflicto armado interno, ha evolucionado, se ha transformado y se ha profesionalizado, ya no se trata únicamente de delincuencia común, sino de estructuras criminales complejas que combinan control territorial, financiamiento ilícito, inteligencia clandestina y vínculos políticos, estas redes operan en la sombra, infiltrando instituciones, intimidando funcionarios honestos y utilizando el miedo como herramienta de control social.

El problema más grave, sin embargo, es la profunda penetración del crimen organizado en la política guatemalteca, las fronteras entre el Estado y las estructuras criminales se han vuelto difusas; redes de corrupción y crimen organizado han financiado campañas electorales, cooptando funcionarios y garantizando impunidad a cambio de protección y control territorial, esta captura del sistema político no solo erosiona la democracia, sino que destruye la confianza ciudadana y condena al país a un círculo vicioso de corrupción, violencia y pobreza. Las estructuras clandestinas no solo buscan controlar decisiones políticas, también realizan labores de inteligencia ilegal, espionaje, intrusión en la vida privada de jueces, fiscales, policías, y funcionarios que intentan actuar con honestidad; la intimidación a familiares, las amenazas veladas y la presión constante buscan frenar investigaciones y procesos judiciales relacionados con hechos criminales cometidos en gobiernos pasados en donde el mensaje es claro, quien intente tocar intereses oscuros paga un precio alto.

En este escenario, muchos guatemaltecos observan con atención el contexto internacional, particularmente el papel que podría desempeñar el gobierno de los Estados Unidos, USA, en la lucha contra el crimen organizado y la corrupción, como la reciente captura de Nicolas Maduro, ha reforzado la percepción de que existe una posibilidad real de que se adopten medidas contundentes contra redes criminales transnacionales que han penetrado la política en varios países de la región, incluida Guatemala.

Para muchos ciudadanos, esta intervención externa representa una esperanza ante la falta de voluntad interna para sanear el país, no se trata de una solución ideal ni de una renuncia a la soberanía sino del reconocimiento de una realidad incómoda e innegable: Cuando las instituciones nacionales están capturadas e inmovilizadas por el crimen organizado, la ayuda  internacional, en este caso de los USA, puede convertirse en un factor clave para romper la impunidad, la corrupción y debilitar a las estructuras criminales sacándolas de la política.

Guatemala se encuentra en una encrucijada histórica, seguir por el camino de la confrontación política estéril, la tolerancia a la corrupción y la normalización de la violencia, factores que solo profundizarán la crisis o respetar la Constitución y sus leyes, ser tolerantes y llegar a acuerdos políticos mínimos en función del país, por lo que, recuperar el país exige valentía política, ética pública y un compromiso real con la justicia y la seguridad. De lo contrario, el crimen organizado seguirá ganando terreno, y la democracia guatemalteca continuará debilitándose cada día más hasta que al final se derrumbe. 

AL RESCATE DE GUATEMALA.

GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES.

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