Columnas

Hacia un Estado promoviendo el desarrollo humano (parte V)

Crisol Literario

En reciente entrevista  de alta calidad  técnica realizada al Director del Instituto Demócrata para Asuntos Internacionales -NDI por sus siglas en inglés-, se abordó la temática del proceso electoral que se avecina en Guatemala: ¿Elecciones Diferentes? El argumento central de la entrevista gravitó  en torno a   ¿Cómo poder abordar un proceso electoral con un sistema de partidos políticos altamente fragmentado y con bajo nivel de institucionalización? Se indicó además que el Instituto NDI trabaja en procesos multisectoriales e interinstitucionales contribuyendo al fortalecimiento democrático en Guatemala mediante el acompañamiento, entre otros aspectos, al sistema electoral en  busca de la aspiración por alcanzar niveles de estabilidad en los partidos políticos. NDI es una organización no gubernamental internacional con visión no ideológica que coadyuva y  trabaja para el desarrollo de las democracias en más de 60 países por el mundo.

El entrevistado resaltó que uno de los grandes misterios de la historia política guatemalteca (en relación con la volatilidad en la permanencia de los partidos políticos actuales)  se dio  en el período previo a la  transición democrática en la que Guatemala, a su manera,  pudo producir partidos políticos  que podríamos llamar “históricos o tradicionales” con perfil ideológico y grado de identidad al interno de sus cuadros, con base social amplia y capacidad de producir audiencias electorales estables en función de sus propuestas políticas y de su interpretación de la historia (el entrevistado refirió acá partidos como el  PR,  MLN y la DC). Pero, algo pasó en  la transición democrática al formarse un entorno político donde estos partidos tradicionales; no solo desaparecieron, sino que se generó un proceso de formación masiva de nuevos partidos políticos con cortos períodos de permanencia debido entre otros aspectos de cultura política, a un  sistema de bajo nivel de institucionalización y alta fragmentación (de esta manera, los estudiosos de las ciencias sociales, definen el proceso histórico de la política partidaria en Guatemala, indicó el entrevistado).

A la pregunta de ¿cómo se puede abordar el fortalecimiento de los partidos políticos en un sistema de alta inestabilidad política? cuyo promedio de vida corre en un rango de 10 a 12 años de existencia.  El entrevistado dijo que desde el NDI se observa esta situación desde dos grandes dimensiones:

1. Mediante el fortalecimiento de los partidos en su dimensión individual desde la perspectiva de propiciar que se transformen en instituciones políticas estables. Esto pasa transversalmente por fortalecer sus capacidades de organización, generación e inclusión de audiencias políticas con bajos niveles de representación, capacidad de diálogo político con actores no partidarios y con sectores de pronunciamiento activo en la sociedad; así como también, pasa por  el fortalecimiento de las propuestas políticas y el carácter o talante de su liderazgo. Este primer enfoque pretende que los partidos políticos piensen en una proyección de 30 años plazo; puesto que un partido que no se piensa a 25 o 30 años, no puede decirle con solvencia  a su sociedad que tiene un proyecto de futuro sostenible para su país.

2. Se reconoce que el sistema político partidario actual sufre una crisis de institucionalidad y de identidad, pero también de crisis electoral. Esto es, en sociedades amplias y complejas como las de la región mesoamericana los temas de izquierda y de derecha han sido superados y sustituidos por otros anhelos tangibles que se reflejan en el desarrollo socioeconómico (esto pasó en las recientes elecciones en El Salvador y en México) que la población votó por nuevas transformaciones de los modelos de hacer política para el desarrollo. Tanto el presidente electo Bukele en El Salvador como el presidente López Obrador en México; ambos, supieron interpretar esas transformaciones en las actitudes y aptitudes políticas de la población, reflejadas en las encuestas ciudadanas.

Para el caso de Guatemala hay un porcentaje (30 o 35 por ciento) de personas que nacieron después de la finalización del conflicto social en 1985 que no les interesa saber de izquierda o de derecha; antes bien, quieren saber de nuevas propuestas que trae consigo el presente cambio de época del Siglo 21, finalizando ya su segunda década en donde la apuesta por la comunicación es más importante que el acarreo de votos; como igual, el mensaje con contenido político y social es más importante, incluso, que la imagen o logotipo del partido que muchas veces dice muy poco. Lo anterior, se sustenta con base a la nueva transformación política que estamos viviendo a lo largo del mundo frente a nuevas formas de comunicación en donde el discurso da paso a la imagen y la imagen robustece al símbolo.

Se prevé que en Guatemala las elecciones del 2019 se presenten distintas a las producidas en el año 2015 y con grados de incertidumbre distintos debido a que se da con diferentes reglas del juego derivado de las reformas electorales (TSE) del 2016 que inciden de forma más directa en la contienda electoral. Son, al menos, seis grandes novedades: 1. Un calendario electoral distinto que reduce el tiempo de campaña que arranca el próximo 18 de marzo con una pluralidad de partidos 27-28 en total, 2. Una regulación y fiscalización financiera severa para los partidos que infrinjan o transgredan las normas, 3. Un nuevo régimen de participación de medios durante la campaña (posiblemente sea  el cambio  o  reforma más relevante a la Ley  Electoral y de Partidos Políticos, al  generar un cierto piso de equidad en la contienda electoral,  4. Un régimen de sanciones económicas muy riguroso;  lo cual, no se vio nunca antes en la historia política de Guatemala, 5. El derecho de los nacionales de votar en el extranjero y  6. El establecimiento del voto nulo como un voto válido; habrá que ver el peso electoral que tenga esta  última reforma ya que en Guatemala, con tantos partidos, sería altamente improbable que en una elección se gane con el 50 por ciento o más en una primera vuelta presidencial; pero desde luego, es una opción de derecho que tiene el electorado guatemalteco.  Desde este espacio #Crisol Literario, una felicitación por tan interesante programa producido en Acción Positiva el pasado domingo.

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