
La etnomatemática: otra forma de enseñar, otra forma de aprender
Educación
El Perú es un país profundamente diverso. Nuestra geografía, culturas y lenguas hacen de este territorio un espacio pluricultural, multicultural y plurilingüe. Solo en la selva peruana se han registrado 43 lenguas originarias, sin contar aquellas que desaparecieron o fueron absorbidas con el paso del tiempo. Esta riqueza no solo se expresa en la danza, el arte, la música o la gastronomía, sino también en las distintas formas de aprender y comprender el mundo.
Uno de esos saberes históricamente invisibilizados es el conocimiento matemático ancestral. Desde tiempos remotos, los pueblos originarios han incorporado la matemática como un saber vital para la vida cotidiana: para medir, contar, construir, orientarse y organizar la convivencia. Sin embargo, durante mucho tiempo se ha impuesto la idea de que la matemática solo existe dentro del aula, los libros y el sistema occidental, negando otras formas legítimas de conocimiento.
Desde esta perspectiva, la etnomatemática cobra una importancia fundamental. No se trata de una nueva disciplina, sino de una práctica pedagógica que reconoce y valora las diversas formas de enseñar y aprender matemáticas propias de cada pueblo originario. A través de la etnomatemática, el mundo se explica desde la cultura: ¿Cuántos miembros conforman una familia?, ¿cuánto tiempo toma llegar de un lugar a otro?, ¿qué medidas tiene un objeto?, preguntas sencillas que surgen de la vida diaria y que estructuran el pensamiento matemático.
Asumir una postura intercultural en la enseñanza de la matemática implica tender puentes entre el conocimiento ancestral y el sistema de unidades del mundo occidental. Este diálogo de saberes no busca reemplazar uno por otro, sino permitir que coexistan en armonía, fortaleciendo la identidad cultural y enriqueciendo los procesos de aprendizaje. En este camino, la asimilación y la acomodación —procesos fundamentales del aprendizaje— permiten que el estudiante integre nuevos conocimientos sin romper con su forma de pensar y comprender el mundo.
La etnomatemática está presente en los tejidos y sus diseños, en las cerámicas, en las construcciones de las viviendas, en la delimitación de terrenos, en los ángulos de los techos para resistir las lluvias, en la cantidad de materiales utilizados y en la distribución de los espacios. En todas estas prácticas se desarrollan habilidades matemáticas esenciales como contar, localizar, medir, diseñar, explicar y jugar. El juego, por ejemplo, no solo entretiene, sino que desarrolla reglas, pensamiento lógico y resolución de problemas de manera recreativa y significativa.
En este contexto, resulta necesario cuestionar la idea de que la matemática solo se aprende con libros y fórmulas. La realidad nos demuestra que se puede aprender matemática desde el entorno, usando materiales del contexto y partiendo de la experiencia cultural de los estudiantes. Enseñar matemática desde la identidad no solo mejora el aprendizaje, sino que también dignifica los saberes de nuestros pueblos originarios.
Revalorar la etnomatemática es, en el fondo, revalorar quiénes somos. Es reconocer que el conocimiento no nace únicamente en la academia, sino también en la historia, la memoria y la vida cotidiana de nuestros pueblos.

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