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La Fábula del León y las Ovejas

Ventana Cultural

¿Cuántos de nosotros nos hemos sentido invisibles alguna vez? ¿Quién no se ha saboteado a sí mismo por influencia de otros? Hace poco leí una fábula muy significativa: “El león y las ovejas”.

Es importante recordar que las fábulas son relatos breves que encierran enseñanzas valiosas. Así lo entendieron el griego Esopo, así como los latinos Fedro y Aviano. Más adelante, autores como el francés Jean de La Fontaine o el español Félix María de Samaniego retomaron esta tradición para dejar lecciones morales a la humanidad.

La historia cuenta que un cachorro de león se perdió en la selva. Vagando, llegó a un claro donde pastaban unas ovejas, quienes lo acogieron y cuidaron. El león creció creyendo que era una de ellas. Se comportaba como oveja y vivía como tal, sin cuestionar su verdadera naturaleza.

Un día, un león adulto apareció en el lugar y, al ver al joven actuando como las ovejas, se sorprendió. Luego de intercambiar unas palabras y observar el miedo en los ojos del joven león, lo llevó a un arroyo. Allí, el agua reflejó su imagen. Por primera vez se reconoció a sí mismo. Comprendió quién era en realidad. Fue entonces cuando lanzó un rugido tan poderoso que estremeció la tierra.

Retomando las preguntas con las que inicié —y que el autor Borja Vilaseca también propone en su reflexión—, es necesario cuestionarnos y desprendernos de muchas ideas limitantes que llevamos dentro:

  • Hemos olvidado que alcanzar nuestros objetivos requiere esfuerzo constante. Si la estrategia no funciona, no se trata de renunciar al sueño, sino de cambiar el camino.
  • En nuestro entorno, muchas veces las “sirenas” cantan cantos de derrota, de resignación. Esos cantos solo nos distraen de nuestro propósito esencial: construir la mejor versión de nosotros mismos.
  • Las grandes hazañas se logran en silencio; lo que se comparte son los resultados. Porque un legado, para trascender, debe ser compartido.
  • No somos ovejas que necesitan ser guiadas eternamente. Aunque las intenciones externas sean nobles, cada persona tiene un destino propio, una marca que dejar, una historia que construir.

Cada uno de nosotros carga con una historia personal. En muchas de ellas hay capítulos marcados por el rechazo, la desigualdad o el dolor. Pero, al igual que los diamantes más brillantes, que no son más que carbones transformados por el fuego, nuestras cicatrices pueden convertirse en nuestro mayor brillo.

Como en la fábula, a veces necesitamos que alguien nos ponga un espejo delante para reconocernos. Un espejo que no siempre muestra lo que queremos ver, pero sí lo que necesitamos. Algunas veces nos revela aspectos que debemos mejorar; otras, cualidades que hemos olvidado o subestimado. Con el tiempo, esas aristas se vuelven más claras, más nuestras.

Historias como esta abundan, pero el verdadero reto no está solo en leerlas, sino en vivir su enseñanza. La lectura debe ir acompañada de reflexión y acción. Solo así logramos transformar lo aprendido en sabiduría, y lo vivido en propósito.

Porque todos llevamos dentro un león dormido… y solo cuando nos reconocemos, somos capaces de rugir con toda nuestra fuerza.

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Claudia Alexandra Figueroa Oberlin

El arte siempre lo llevé de la mano con la literatura, me dediqué al teatro, a la danza por más de quince años, y a las artes marciales, ahora soy miembro de diferentes asociaciones y academias de poesía: Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana, donde participo con crítica literaria, Academia Nacional e Internacional de Poesía de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, América Madre, Unidos por las Artes, Movimiento Literario de Centroamérica, y locutora de la radio el barco del romance con el programa Una Ventana al Mundo, donde hablo de los viajes, la historia y la cultura, recito poemas y leo cuentos o fragmentos de otros autores y propios.

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