
La guerra cognitiva
Reflexiones
“El exceso de comunicación genera ruido, y el ruido destruye el sentido. Ya no se nos dice qué pensar, sino que se nos impide pensar con claridad”.
Byung Chul Han
Lo enunciado en el título de la columna, plantea una tesis crítica dentro del análisis político coyuntural guatemalteco. Debemos de despejar la idea de que la guerra cognitiva no es necesariamente una guerra en la esfera militar o cibernética, sino una narrativa instrumentalizada por sectores de pensamiento extremo para justificar proyectos políticos, estigmatizar al adversario y articular la toma del poder.
Fernando Cerimedo un gurú de la desinformación, fue asesor de comunicación política de Bolsonaro, Milei, Asfura y Paz, quien se encuentra en este momento en el ojo del huracán en Bolivia por múltiples delitos, es un ejemplo como generador de la guerra cognitiva en los procesos electorales.
Según Javier Mercadal Serrano, la batalla cultural es un concepto que en un tiempo récord ha pasado de ser ajena a ocupar el centro de la conversación. Hasta el punto de que, prácticamente, todo político sabe en qué consiste. Se puede resumir, como el conflicto existente por imponer unos valores ideológicos determinados dentro de la sociedad. La batalla cultural es parte en el escenario de guerra cognitiva.
La guerra cognitiva desplegada por Donald Trump se define como una estrategia de manipulación de la percepción colectiva basada en la confusión inducida, el sobresalto permanente y la polarización emocional. No busca cambiar ideas de forma racional, sino alterar la capacidad de las personas para interpretar la realidad y desconfiar de los actores sociales, económicos y políticos adversos.
Trump en su campaña acusaba a los extranjeros de todos los problemas de la nación estadounidense, drogas, criminalidad, desempleo, bajos salarios, crisis en el sistema de salud, déficit habitacional, etc. Cuando tomó posesión como el presidente número 47 ofreció anexar Canadá, Groenlandia, el Canal de Panamá, cambiar el nombre al golfo de México, una persecución implacable contra indocumentados, etc. Impacto en todo el mundo. Demostró su poder mediático. Últimamente señalo que China está detrás del próximo fraude electoral en Estados Unidos causando zozobra entre los seguidores del MAGA.
La guerra cognitiva ejecuta ataques mediáticos en el que se trata de alterar la manera en la que el adversario piensa y percibe la realidad. Es decir, no se trata únicamente de confundir, sino que se busca ir más allá y así moldear la manera en la que se percibe el mundo. Como autor de este concepto se suele citar al contralmirante francés François du Cluzel, quien lo expuso en 2020 en el informe “Innovation Hub” en la OTAN.
De acuerdo con Javier Mercadal Serrano, el objetivo es controlar el pensamiento de la población de manera que éste genere una serie de reacciones automáticas a una serie de estímulos. O lo que es lo mismo, dirigir la manera en la que la gente interpreta la realidad, fundamentalmente generando reacciones primarias como miedo, indignación, antipatía o suspicacia que pueden llevarlos a aceptar una serie de escenarios que, quizá, usando la razón no aprobarían.
Las ideas de Hannah Arendt, Carlo María Cipolla y Dietrich Bonhoeffer explican este fenómeno al descifrar cómo las masas pierden el juicio crítico y aceptan la manipulación masiva.
En este mundo donde imperan las redes sociales, los usuarios que viralizan contenidos falsos actúan como agentes estúpidos según lo teorizado por Cipolla, destruyen el valor social e informativo por impulso primitivo sin ganar nada real, dañando a todo el ecosistema sociopolítico (perder-perder). Las campañas de desinformación explotan esta vulnerabilidad colectiva. Al no basarse en evidencias de acuerdo con el pensamiento Cartesiano, surge la manipulación en el campo racional de las personas. Se traslada del hemisferio izquierdo (racional) al hemisferio derecho (emocional).
Nuestro contexto sociopolítico no está exento de la guerra cognitiva. Uno de los últimos casos, fue el generado por el director ejecutivo del Medio República, señor Rodrigo Arenas, tras denunciar un supuesto plan para atentar en contra de su vida, donde responsabiliza a actores vinculados con la política nacional. Esta acción provocó una intensa narrativa donde se ha polarizado la frágil opinión pública de los guatemaltecos. Creando un clima de inestabilidad política a pocos meses de la convocatoria a elecciones generales.
La controversia atomizó a la opinión pública, dividiendo posturas entre respaldos a la libertad de prensa, acusaciones de manipulación mediática y violación a los derechos humanos, lo que puede considerándose como una guerra de propaganda de cara a los comicios de 2027. El Señor Arenas presentó denuncias ante autoridades locales e internacionales en contra de funcionarios del Organismo Legislativo y actores políticos relevantes como Roberto Arzú, quienes rechazaron categóricamente los señalamientos, tildándolos de falsos y de constituir delito.
Varios analistas sugirieron que se trata de una operación de psicología política (guerra cognitiva), para contaminar el clima preelectoral y desgastar adversarios políticos. Es pertinente señalar que el Señor Arenas ha estado involucrado en otros affaires políticos y judiciales como el relacionado al financiamiento ilícito del partido FCN que llevó a la presidencia al Señor Jimmy Morales.
Debemos estar preparados para la guerra cognitiva (guerra de propaganda) que se avecina y se intensificará con el advenimiento de las próximas elecciones generales. Con humildad de rigor recomiendo utilizar las cuatro reglas propuestas por René Descartes para alcanzar un saber seguro, mediante la duda metódica de todo lo que no sea evidente.



