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La guerra sin fin: en Centroamérica

Sueños…

Olvidar el pasado para construir el futuro

En América nos amenazan no solo los fantasmas de la desigualdad y el atraso, sino que también los fantasmas de luchas fratricidas muertas. Cuando el mundo entero se estremece y cambia, los mal llamados latinoamericanos nos aferramos a continuar nuestras viejas confrontaciones de sangre, terror y muerte.

Manuel Orozco[1], hace un dinámico recuento de nuestras vanas confrontaciones y llama a recobrar la unidad social con el fin de generar condiciones de convivencia pacífica y progreso. En general tendemos a mantener el llamado reduccionismo histórico. La derecha es buena y la izquierda es mala, y viceversa. Cuando estas dos definiciones ya no reflejan de ninguna manera la realidad nueva aparecida tras el derrumbe soviético y la oscuridad neoliberal. Lo que queda es tratar de crear sociedades con libertad para la toma de decisiones individuales, democracia representativa relativa, protección del medio ambiente e invertir en salud y educación de calidad para todos.

El analista Orozco resume muy bien nuestros males ideológicos. El reduccionismo histórico, la creencia sin fundamento que la derecha o la izquierda pueden construir un mundo ideal perfecto. Cuando solo podemos alcanzar lo menos malo, pues somos humanos, imperfectos. La democracia con libertad social es lo máximo que podemos aspirar para construir un mundo que no destruya al resto de especies vivas y las condiciones de vida en la Tierra.

El otro mal, el revanchismo. Fueron tristes y duros los golpes recibidos por el secuestro, tortura, terrorismo y asesinatos, de muchos inocentes. La consigna “patria libre o morir” era absurda, la consigna somos soldados para morir o matar por la patria no tenía sentido. Pero la sociedad se embarcó en esa lucha fratricida y el resultado fue devastador. Nos dejó odios y resentimientos. Hay que reconstruir la memoria histórica y esclarecer en donde están los muertos y secuestrados, quienes realizaron o planearon acciones de terror, sean de izquierda o derecha, pero con la idea de que esa consciencia nos permita no regresar a esos días de miedo y parálisis social.

Nueva realidad: el liderazgo de los iluminados

El pasado nos acongoja, pero no detiene la continuidad de la vida. Al colapsar el socialismo soviético y hundirse las utopías, el liberalismo sin principios colapso, también. La economía de mercado demostró ser superior que el socialismo, siempre y cuando sea acompañado de la democracia electoral, ojalá sin reelecciones en ninguna actividad de interés social. El socialismo fracasó, en lugar de elevar la calidad de los medios de producción los destruyó. El liberalismo, sin sus principios iniciales, y con el poder aparentemente absoluto en sus manos se convirtió en un monstruo, el neoliberalismo, y terminó destruyendo la unidad nacional.

La vida continúa, pero el crecimiento productivo ha generado masas imponderables de dinero que se concentran en pocas manos y los problemas sempiternos que prometió el liberalismo eliminar se mantienen: el hambre, la pobreza, aumento del desempleo, bajos ingresos para las mayorías, educación sin calidad, desatención de salud y abandono de la vejez se incrementan.

Como dice Tamara Taraciuk[2]: “La gente quiere respuestas a sus problemas. Si no se los da la democracia y se los dan otros, van a votar por otros”. Al desaparecer la confrontación de mundos ideales: comunismo y capitalismo, aparecen soluciones salidas de la caja de Pandora. Surgen los iluminados que le ofrecen al público la solución perfecta a sus problemas por medio de entregar todo el poder a un caudillo elegido por los dioses quién con su poder dictatorial será capaz de llevar a las masas a su organización sin errores.

Por todos lados surgen estos iluminados y el pueblo con su voto les da poder. Y el voto es traicionado pues el líder al no ser capaz de solucionar los problemas se vuelve déspota y quiere continuar con el poder en sus manos hasta que surja de las alturas la idea que ha de resolver todos los problemas.

Cada día se impone más esta idea. El banco mundial constata que en la región en ningún país se concibe que el gobierno sea capaz, ni tan solo para combatir los monopolios de oligarquías incompetentes y ciegas a su realidad, ni para promover la competencia que genere innovación y cambios rápidos. En el siguiente gráfico vemos que solo Costa Rica y Chile se acercan a un mediocre 60% de credibilidad.

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Como muchos analistas Tamara Taraciuk señala los riesgos de implementar de nuevo medidas de mano dura, que en el pasado solamente dejaron el poder a personajes sin educación, sin cualidades de gobierno de unidad y permitieron el uso indiscriminado y criminal de la violencia.

El asunto está en que las soluciones alternativas de generar sociedades basadas en la democracia electoral y las campañas políticas han naufragado en el fracaso. Toda la región se enfrenta al creciente poder del narcotráfico, a su uso inmanejable de la violencia, al deterioro de la honestidad de los poderes del Estado y el surgimiento de masas de dinero en las calles.

Habrá que sacrificar la cabeza de la democracia para combatir la corrupción y el lavado de dinero. Que hacer con un sistema gobernado por unas finanzas infiltradas. En el gráfico siguiente, del Banco Mundial y su pronóstico para el 2024, vemos que el nivel de endeudamiento es atroz. Algunos países tienen gobiernos tan endeudados que deben más de lo que el país produce anualmente. De 29 países solamente 6 no llegan a la fatídica deuda del 40% del PIB. Aquí Guatemala es líder en un indicador positivo. Es el gobierno menos endeudado de la región. Por supuesto no se endeuda para gastos innecesarios, como salud y educación.

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Conclusión

Hay que terminar con el pasado. No se tiene que continuar con una confrontación, ahora en términos de discusión política abierta y crímenes selectivos. Hay que poner fin a los enfrentamientos ideológicos y violentos que duraron más de 40 años. Hay que construir unas instituciones que preserven la separación de los poderes del Estado, que eliminen los privilegios de las burocracias públicas, que generen competencia eliminando monopolios, hay que elevar el gasto para salud, educación, protección del medio ambiente y los restos de cultura histórica. Hay que construir un Estado de unidad, es decir, que permita la consolidación de los derechos de todos los ciudadanos no solamente de una minoría.

Un viejo revolucionario francés, Joseph Jacotot decía, sin conocer el siglo XX, tal vez intuyéndolo “…hay que pasar de la era de la fiebre igualitaria y los desórdenes revolucionarios a la constitución de un orden nuevo de sociedades y gobiernos que concilien el progreso -sin el cual las sociedades se adormecen- con el orden, sin el cual van de crisis en crisis.”


[1] https://confidencial.digital/opinion/reduccionismo-historico-y-revanchismo-demonios-de-nuestra-cultura-politica/

[2] https://www.thedialogue.org/analysis/taraciuk-broner-la-gente-quiere-respuestas-a-sus-problemas-si-no-se-los-da-la-democracia-y-se-los-dan-otros-van-a-votar-por-otros/

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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