OpiniónColumnas

La ideología: un concepto personal

Logos

El filósofo Antoine Louis Claude, conde Destutt de Tracy (1754-1836), fue quien quizá por primera vez empleó la palabra ideología. La empleó en su obra Élémens d’idéologie (o Elementos de ideología), publicada entre los años 1801 y 1815. No pretendió ser el creador de la ideología, sino reconoció que había sido creada por Étienne Bonnet de Condillac (1714-1780)), influido por Francis Bacon (1561-1626) y John Locke (1632-1704); y desarrollada por Pierre Jean. Georges Cabanis (1757-1808).

image 27
Antoine Louis Claude, Conde Destutt de Tracy

Tracy le confirió a la palabra ideología este significado: ciencia de las ideas. La causa de las ideas eran las sensaciones. Él era, pues, sensualista. El objeto de la ideología era el origen y el desarrollo de las ideas a partir de las sensaciones. Empero, las sensaciones eran fenómenos fisiológicos. Por consiguiente, la ideología debía investigar la fisiología humana. En tal caso, la ideología era parte de la zoología, “porque el conocimiento de un animal es incompleto si no se conocen sus facultades intelectuales.”

Tracy pretendía que la ideología suministraba el fundamento para lograr una finalidad práctica. Afirmaba, por ejemplo, que la finalidad era, en economía, la propiedad privada y la libre transacción comercial; y en política, el gobierno republicano y el poder limitado del Estado. Claude Adrien Helvetius, que compartía el sensualismo de Tracy, afirmaba que la finalidad era incrementar las sensaciones placenteras del ser humano.

 Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895), en el Manifiesto Comunista, afirmaron que “la historia de toda sociedad… es la historia de la lucha de clases”, o la historia del conflicto entre clases opresoras o dominantes, y clases oprimidas o dominadas. 

image 28
Karl Marx
image 29
Friedrich Engels

En La Ideología Alemana, Marx y Engels afirmaron: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es también la que ejerce el poder espiritual dominante en ella. La clase que dispone de los medios para la producción material dispone con ello, también, de los medios para la producción espiritual…” La ideología no era, pues, según Marx y Engels, la ciencia de las ideas, sino el pensamiento de la clase dominante. Podía ser, por ejemplo, pensamiento religioso, jurídico, económico, político o filosófico. 

Friedrich August von Hayek (1889-1992) definió tácitamente la ideología en estos términos: un sistema de principios de solución de los problemas sociales. Y afirmó: “La convicción de que hay que abandonar todos los principios… con el fin de conseguir un mayor dominio de nuestro destino, se proclama ahora como la nueva sabiduría de nuestro tiempo. Según algunos, la mejor manera de actuar en una época racional y científica consiste en resolver los problemas de la sociedad mediante la aplicación, en cada caso, de técnicas sociales, independientemente de principios”.

image 30
Friedrich August von Hayek

Hayek evocó estas afirmaciones de William Stanley Jevons (1835-1882), autor de Teoría General Matemática de Economía Política: “En la política social y económica no podemos crear principios inmutables y rígidos, sino que debemos tratar con sentido práctico todas las cosas, valorando sus diversos aspectos.” Para Hayek la ideología no era la ciencia de las ideas; pero tampoco era (ni podía ser) el pensamiento de una presunta clase dominante. 

He empleado varias veces el término sustantivo ideología (y el término adjetivo ideológico); y me ha sido requerido explicar el significado que le adjudico. Ese requerimiento me ha obligado a definir un concepto propio de ideología, con sensata precisión. La definición puede ser enunciada así: sistema de pensamiento sobre aquello que la sociedad debe ser y sobre la acción que hay que emprender para lograr ese deber ser, a partir de una concepción, en general, del mundo, y en particular, de la sociedad y del individuo. 

Según esa definición, la ideología tiene por lo menos cuatro partes. 

Primera: científica. Consiste en el conocimiento en el que se fundamenta o pretende fundamentarse la concepción del mundo en general y de la sociedad y el individuo en particular. Es conocimiento generado por las ciencias; pero no solamente por las ciencias llamadas naturales. Supongo esta noción general de ciencia: sistema racional de conocimientos sobre una determinada clase  de seres.

Segunda: filosófica. Consiste en la concepción misma del mundo en general y de la sociedad y del individuo en particular. 

Tercera: deontológica. Consiste en aquello que, política, económica, social, religiosa o teológicamente, la sociedad debe ser. 

Cuarta: praxeológica. Consiste en la naturaleza de la acción que debe emprenderse para que la sociedad sea lo que debe ser. Precisamente la finalidad de la ideología no es la contemplación. Es la acción.

Se colige que el marxismo mismo es una ideología. Efectivamente, pretende fundamentar en el conocimiento propio de la ciencia natural, una concepción materialista del mundo, llamada materialismo dialéctico. Ese materialismo, aplicado a la historia, es materialismo histórico, según el cual, independientemente de la voluntad de los individuos, la sociedad capitalista debe transformarse en sociedad comunista. Esta sociedad, como afirma Marx en las Glosas Marginales al Programa del Partido Obrero Alemán, “podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según sus capacidades; y a cada cual, según sus necesidades!” La acción que debe emprenderse es la revolución violenta, con la cual el individuo coopera en el cumplimiento de aquel deber de la historia.

En una ideología, el conocimiento en el que se fundamenta la concepción del mundo en general y de la sociedad y el individuo en particular, puede ser verdadero o falso. Esa concepción puede tener un mayor o menor fundamento en aquel conocimiento. Aquello que la sociedad debe ser, puede ser acertado o no acertado. La acción que debe emprenderse para lograr ese deber ser puede ser permisible o no permisible. Se plantean, entonces, por lo menos cuatro problemas correlativos.

 Primero. ¿Cómo saber que el conocimiento en que pretende fundamentarse la concepción filosófica de la ideología es verdadero o falso? Por ejemplo, ¿es verdadero o es falso el conocimiento de que el ser humano tiene solamente una naturaleza material, a la cual se reduce todo fenómeno llamado espiritual

Segundo. ¿Hasta qué grado la concepción del mundo en general y de la sociedad y el individuo en particular se fundamenta en el conocimiento que es parte de la ideología? Por ejemplo, ¿hasta qué grado la concepción de una finalidad universal de los sucesos históricos se fundamenta en el conocimiento de la historia? 

Tercero. ¿Cuál es el criterio que debe ser aplicado para discernir entre acierto o no acierto de aquello que la sociedad debe ser? Por ejemplo, ¿el criterio debe ser la mayor igualdad de los miembros de la sociedad, aunque no haya libertad; o debe ser la mayor libertad, aunque haya desigualdad?

Cuarto. ¿Qué clase de normas confieren permisividad a la acción que debe ser emprendida para lograr que la sociedad sea aquello que ideológicamente debe ser? Por ejemplo, ¿las normas deben ser aquellas que el ideólogo cree que moralmente le confieren autoridad para imponer violentamente su ideología?

Post scriptum. Una ideología puede ser profesada radicalmente. Prohibir el radicalismo ideológico, si tal prohibición fuera factible, es atentar contra la libertad. La cuestión esencial es que ese radicalismo no infrinja los derechos de nadie. Quien profesa radicalmente una ideología y viola derechos debe ser sujeto de castigo, no por ser radical, sino por violar derechos. De modo similar, un cristiano de quien se predica que es radical porque declara que es absolutamente indiscutible la divinidad de Jesús, y comete un robo, debe ser sujeto de castigo, no por ser cristiano radical, sino por ser ladrón.

Area de Opinión
Libre emisión del pensamiento.

Le invitamos a leer más del autor:


Descubre más desde El Siglo

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde El Siglo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo