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La utopía de la Unión Centroamericana

Lugar Hermenéutico

La República Federal de Centroamérica, existió como país, entre 1824 y 1841, un intento exitoso de crear una unión política única en la región. Estaba compuesta por los actuales países de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. A pesar de un inicio prometedor, la federación colapsó debido a conflictos internos, divisiones políticas, una economía precaria y para variar, interferencias externas.  

A ello, le siguieron varios intentos fallidos de confederación y federación durante el siglo XIX y principios del XX, el Pacto de San José (1920) y la posterior y efímera Federación de Centroamérica (1921-1922). Aunque estos esfuerzos políticos y militares, como la Guerra de Reunificación Centroamericana o Intentona de Barrios en 1885, liderada por el presidente guatemalteco Justo Rufino Barrios

Si bien no se logró la unificación, esta guerra es el último intento militar exitoso de unir las repúblicas centroamericanas como una entidad política única, que fue apoyada por Honduras, pero resistida por El Salvador, Costa Rica y Nicaragua.  

En su historia contemporánea, como muchos procesos que se dan entre Estados, la integración centroamericana ha sido evolutivo, multidimensional e intersectorial, caracterizado por diversas etapas, sin embargo en su proceso más exitoso, la  historia parte un 14 de octubre de 1951, cuando se da origen a la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), integrada por los Estados de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, de ahí la celebración de este día como el Dia de la Integración. 

Desde esa fecha, se ha hilado un andamiaje institucional con el surgimiento o consolidación de importantes, tratados, acuerdos y fortalecido instituciones, que, a la fecha, brindan servicios de excelencia para la región, tal es el caso de la Corporación Centroamericana de Servicios de Navegación Aérea, COCESNA; el Banco Centroamericano de Integración Económica, BCIE, La Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo, entre otras. 

En este sentido en 1991, en el marco de la XI Reunión de Presidentes Centroamericanos, se da origen al Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), tal como lo conocemos ahora, con un nuevo marco jurídico-político.  Actualmente los Estados de República Dominicana, Belice y Panamá, se han adherido al SICA, dando un mayor impulso al sistema.

Entre estos ocho Estados, merece la pena destacar algunas cifras importantes, en conjunto suman más de medio millón de kilómetros cuadrados de territorio, del cual, más del 25% esta bajo declaración de área protegida o conservación y en las costas de tres de estos países se encuentra el segundo arrecife de corral más grande del mundo. Es de hacer notar que más del 35% de la población es menor a los 35 años.

La región SICA, es la quinta economía más grande de Latinoamérica, con un Producto Interno Bruto (PIB) de alrededor de $386 mil millones, de acuerdo con datos de 2025 y un puente entre los subcontinentes del norte y sur de América.  Así mismo se ubica estratégicamente contiguo al mercado más grande del mundo.  

La región cuenta con 47 puertos marítimos y más de 29 aeropuertos que mueven mercancías y trasladan por arriba de los 31 millones de pasajeros anualmente, y pese a las históricas contradicciones entre la riqueza natural del territorio vrs. la pobreza de la mayoría de su población, diversos estudios le catalogan como una de las regiones más felices del planeta. 

Con un adecuado liderazgo, la integración de los países centroamericanos debería permitir el apalancamiento de la economía a través del aumento del comercio y la inversión, mejorar la competitividad y la productividad, ampliar el mercado para bienes y servicios, y fortalecer la capacidad de negociación comercial internacional, procurando con ello, mejorar la calidad de vida de los cerca de 65 millones de habitantes en la región.  

Ojalá que, en los próximos años, emerjan liderazgos comprometidos con la región, pues la integración, más que un marco institucional debe ser un objetivo aspiracional que nos mueva a la Unión Centroamericana, y con ello, encontrar ventanas de oportunidad de cara a la segunda mitad del siglo XXI.  Por ahora conviene seguir recordando la frase maestra de Francisco Morazán, “Declaro que mi amor a Centroamérica muere conmigo”.

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