Columnas

Perdidos y encontrados

“89 grados, 15 minutos y 50.8 segundos  es la posición actual de Polaris, la Estrella del Norte (Polar). Vista desde otro planeta, es una entre muchas. Pero en la Tierra es singularmente importante. Fija en su sitio, un ancla.  No importa dónde estés en el Hemisferio Norte, si miras hacia Polaris, miras hacia el Norte. Tú sabes dónde estás. Pero hay otras maneras de perderse…  en las decisiones que tomamos, en eventos que nos abruman, en nuestras propias mentes… ¿Cuál podría ser entonces nuestra ancla? ¿A qué faro podemos acudir que pueda guiarnos de la oscuridad a la luz? ¿Y si es otra gente… las vidas que tocan las nuestras de formas grandes y pequeñas? Porque a diferencia de Polaris… la luz que ellos nos dan, jamás se desvanecerá”. Esta es la introducción del capítulo Lost and Found de la serie de televisión Touch, que estamos viendo con mi hijo.  Esta serie relata, entre otras tramas, cómo nuestras vidas están unidas y que un evento en nuestra existencia impacta en la de los demás. Visto desde esa óptica, cada capítulo muestra interesantes aprendizajes y reflexiones. Y Este no fue la excepción.

Desde que escuché la introducción, me recordé de una gran verdad: “hay muchas formas de perderse”.  Podemos perdernos en un camino, que quizás sea la forma más evidente. Sin embargo, hay otras formas de perdernos, que tal vez sean “más sutiles”, pero que pueden llegar a ser incluso igual o más peligrosas.

Hace poco reunía en mi mente, varias experiencias personales y de amigos que me recordaban cómo un cambio repentino en nuestras vidas, nos habían dejado sintiéndonos a la deriva, sin rumbo, sin Norte. Amigas y amigos muy queridos, me han expresado, cómo, sin darse cuenta, fueron convirtiéndose en personas diferentes, ya sea por las presiones de un trabajo, por la ambición desmedida, o incluso por complacer en todo a su pareja, quien cada vez era más exigente. Entre pequeñas decisiones y concesiones diarias a veces nos vamos perdiendo, nos vamos alejando poco a poco de la persona que somos en realidad, de la persona que estamos llamados a ser.  ¿Te has sentido perdido alguna vez?

El estar perdido suele generar desasosiego, incertidumbre y hasta miedo. Pero el sentirse perdido, es la oportunidad ideal para experimentar nuevos caminos, inventarse nuevas rutas o redescubrirse por dentro, desempolvar la esencia y reinventarse de nuevo.

Alguien me dijo algo como esto: “Nada está perdido, solo está oculto a tus ojos. Tú tal vez no lo veas, pero Dios sí lo ve.”

Si alguna vez, por un cambio en tu vida, por dejar un trabajo, o tener que renunciar a un sueño, por una relación que termina o una persona que parte al más allá, te descubres perdido, sin el plan que tenías trazado a seguir, sin mapa para el mañana… o sin saber quién eres en realidad… vuelve tu vista al cielo, y pídele al Rey de las Estrellas que quite todo velo que esté impidiéndote ver tu Polaris interior, que te guiará a reencontrarte con tu verdadero yo, y dibujar tu nuevo mapa de ruta en todo su esplendor. Al final de cuentas, perderse puede ser la excusa perfecta para realmente encontrarse.

Al final de cuentas, perderse puede ser la excusa perfecta para realmente encontrarse”