
Política exterior de México hacia Latinoamérica
Zoon Politikón
La Política exterior de México hacia Latinoamérica y del Caribe se ha caracterizado por su orientación jurídica al derecho internacional; en el ámbito político por ser más activa; y finalmente por un matiz económico. Sus últimos presidentes han tenido la misma actitud diplomática hacia Latinoamérica y el Caribe, con dos grandes temas: la promoción del libre comercio por medio de tratados comerciales; una estrategia de cero confrontaciones con los gobiernos latinoamericanos y su ausencia en temas relativamente controvertidos.
La prioridad siempre ha sido su relación con Estados Unidos, en detrimento de Latinoamérica, de ello la política migratoria con Estados Unidos; el TLCAN, conocido como NAFTA Plus, con el tema de la seguridad hemisférica (ASPAN).
Lo más permanente del interés mexicano han sido las políticas comerciales en el continente, y su inclusión como observador al Sistema de Integración de Centroamérica (SICA). En relación con su segunda línea de política exterior sus aciertos han sido menores, y entre ellos están el reencuentro con Cuba y Venezuela; la ausencia de su participación ante el golpe de Estado en Honduras; y los altibajos de sus relaciones con Brasil.
Los gobiernos mexicanos intentaron ser el “hermano mayor” de los países de Latinoamérica. Por el contrario, el tratado comercial con Estados Unidos fijaría la idea de que México era un país que se había inclinado por Norteamérica, y eso lo distanciaría de Latinoamérica, región que no es más que solo parte de la retórica política mexicana; en lo político la realidad no es diferente pues la región tiene un lugar secundario y cada vez parece menos importante.
En la década de los años ’70, México jugo un rol nada prestigioso, pues desarrollo una política de asilo que permitía la entrada de muchas personas que escapaban por haber participado en actividades subversivas en sus países de origen. En la década de los años ’80, México intentó tener una participación dinámica y activa en los procesos de paz por los enfrentamientos armados en Centroamérica. Esta participación fue desapareciendo poco a poco durante los ’90.
Su relación ha sido más constante hacia Centroamérica y el Caribe, pues la cercanía implica necesidades, dependencias, riesgos y oportunidades. Sin embargo, esta es relativa como se puede observar en distintos momentos: la Revolución en Cuba, los enfrentamientos armados de los años setenta y ochenta, y la situación de inseguridad en el Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador).
Con la Revolución cubana vino la Guerra Fría al hemisferio, fenómeno que afecto la estabilidad de los países de la región, ya que amenazó su seguridad. México aplicó una política exterior de corte progresista, pragmática desde sus intereses, no interviniendo en un principio, y recurriendo al distanciamiento de la política estadounidense sin oponerse frontalmente a ella. De esta manera su diplomacia incurrió en contradicciones como calificar de incompatible el sistema interamericano con el régimen marxista-leninista de Cuba, y, sin embargo, abogaba por la no intervención y la autodeterminación. Esta política neutral, en apariencia, le valió la tolerancia de Estados Unidos y el reconocimiento de Fidel Castro, más no del resto de Latinoamérica.
La política exterior de México tuvo un momento clave y fue por el protagonismo que obtuvo con su integración al Grupo de Contadora, con la finalidad de propiciar una solución conciliatoria a la crisis generada a raíz del triunfo de los sandinistas en Nicaragua en 1979; movimiento apoyado por el gobierno de López Portillo, pues éste simpatizaba con los guerrilleros y consideraba que el cambio en Nicaragua y supuestamente también en El Salvador y en Guatemala, era además de justo, necesario para evitar una intervención armada frontal de los estadounidense.
Por el deterioro de las relaciones de México con América Latina ocurrido durante el gobierno de Fox, los siguientes presidentes mexicanos intentaron recuperar el terreno perdido, para fijar de mejor manera la presencia de México en el continente, pero sin éxito alguno.
López Obrador prometió ver hacia Latinoamérica, pero su política exterior se ha caracterizado, por acciones ambivalentes ya que mientras en el caso de Venezuela, cambió su postura, pasando de la defensa de la democracia a la no intervención; en el caso de Centroamérica, solamente ha sido un espectador que ve sin hacer nada, aunque esto le afecte a su país.
La realidad de las cosas es que la atención que México da a la región es ambigua, de la cual solo puede esperarse acciones reactivas más que una estrategia diplomática que haya sido planeada con visión prospectiva; por ejemplo, su política exterior actual es un reflejo de la ideología personal de su presidente. De tal cuenta, que la posibilidad de mantenerse la cosas en la diplomacia mexicana, como en los últimos sesenta años, es muy alta.
Para México su principal socio comercial ha sido Estados Unidos, y por esta razón, la Política Exterior mexicana responde a la necesidad de quedar bien con su vecino del norte; lo relevante de esta diplomacia son los desaciertos en temas fundamentales como el de la migración en tránsito, aplicando medidas imprácticas, con acciones inviables.
El objetivo principal de la política exterior de México es la protección de los mexicanos en el exterior, con énfasis en aquellos que se encuentran en Estados Unidos. El interés más o menos constante de México en América Latina ha sido el comercial; por necesidad, cuando su economía ha tenido problemas o ve en peligro su comercio con Estados Unidos. La atención mexicana hacia el sur es casualmente en coyunturas para no ser excluido de iniciativas importantes o en casos cuyas repercusiones puedan ser negativas a sus políticas particulares.
La prospectiva política de México hacia Latinoamérica es pragmática en relación con sus intereses, es zigzagueante, reactiva y no da muestras que vaya a tener cambios en el futuro cercano, como es el caso de su ofrecimiento de asilo al delincuente Cesar Montes. Por lo tanto, es primordial para el desarrollo de la diplomacia y de la Defensa Nacional guatemalteca, y para la toma de decisiones de los líderes políticos, la inferencia correcta sobre asuntos de las relaciones internacionales de Guatemala, en especial con países vecinos.

Le invitamos a leer más del autor:




Pingback: Centroamérica en la mira del Islam Radical - El Siglo