
La Verdadera Historia del 20 de octubre de 1944 (2a. Parte)
La Otra Cara
Al hacer un recuento del crucial momento que vivía nuestra Patria en una época de grandes cambios político-sociales, algunas de las organizaciones obreras y de artesanos habían sido presa fácil del adoctrinamiento marxista y el espíritu de la inminente revolución se manifestaba mediante una fuerte organización de los estudiantes universitarios influenciada por la social democracia y los marxistas europeos. Pero ese 17 de octubre los conspiradores se sentían abandonados y traicionados por Arévalo y su círculo marxista cercano.
La Decisiva Intervención Militar:
La acción planificada bajo la fachada del Frente Unido había fracasado. Sin embargo desde el momento en que Ponce Vaídes ordeno tomar el Congreso de la República con la clara intención de continuar en el poder varios oficiales se pronunciaron internamente en contra, principalmente el Mayor Carlos Aldana Sandoval y el Capitán Jacobo Árbenz quien pidió su baja y se fue a residir a El Salvador. Aldana Sandoval instructor de artillería en la Escuela Politécnica ejercía ascendiente sobre sus subalternos y se puso en contacto con el Mayor Francisco Javier Arana Comandante de la compañía de tanques del Regimiento Guardia de Honor. Árbenz por su parte contactó al empresario Jorge Toriello quien actuaría como enlace con el Partido Unión Cívica, y los grupos Arevalistas. Se sumaron a la conspiración a través de Toriello, Silverio Ortiz, Eugenio Silva Falla, Jorge García Granados, Roberto Arzú Cobos, y Julio Bianchi, entre otros.
El Plan De Ataque:
El plan para el alzamiento y el apoyo de fuegos de las piezas de artillería fue elaborado por el Mayor Aldana. La idea consistía en tomar desde adentro las instalaciones del Regimiento Guardia de Honor mediante los contactos que el Mayor Arana establecería con oficiales de confianza en esa unidad militar. Con el cuartel bajo control proporcionarían armas a los grupos civiles organizados, para sitiar a los cuarteles leales a Ponce Vaídes y el Palacio Nacional; que serian obligados a rendirse por el fuego de artillería y de los tanques en apoyo directo de las unidades de infantería de la Guardia de Honor. Para las piezas de artillería que jugarían papel decisivo durante el combate se planificó ubicarlas en siete emplazamientos desde donde harían fuego y se bloquearía con los tanques y unidades de Infantería apoyadas por secciones de ametralladoras las entradas de los cuarteles sitiados para impedir la salida o ingreso de tropas leales al gobierno.
Los grupos de civiles al ser armados se moverían a la 18 calle de la zona 1 en donde deberían tomar todas las bocacalles y esquinas para partir en dos la ciudad impidiendo que tropas leales al gobierno pudieran moverse hacia la Guardia de Honor, en donde se emplazarían ametralladoras antiaéreas y se establecería un perímetro defensivo. Mientras Arana desarrollaba su parte del plan dentro de la Guardia de Honor, Árbenz se reunía con los dirigentes universitarios y obreros que intervendrían en apoyo del plan. No es cierto como se ha manipulado la historia por la izquierda chapina que estudiantes hubieran tomado la Guardia de Honor pues si el cuartel no hubiera sido tomado previamente por los militares que dirigieron la insurrección, jamás hubiera sido posible.
Árbenz le informó a los estudiantes que esa noche la Guardia de Honor sería tomada y se levantaría en armas por lo tanto necesitaban por lo menos 30 carros para transportar las armas de sus Almacenes de Guerra, y deberían presentarse a la Guardia de Honor a las 2 de la mañana del 20 de octubre y deberían moverse a la 18 calle para reforzar la línea de defensa formada por tropas de la Guardia de Honor. Como señal para identificar a las tropas propias irían al combate sin usar gorra militar y sin la manga del lado izquierdo del uniforme; agregando que todos los tanques disponibles estarían del lado de los alzados.
El movimiento inicio a las 11 de la noche del 19 de octubre de 1944. Alertado de la conspiración en ciernes el General Francisco Corado Comandante de la Guardia de Honor sabiendo de la acumulación de medios de guerra en su cuartel, en ese entonces el más poderoso de la capital, había dado instrucciones al Mayor Arana para que trasladara parte de las piezas de artillería nuevas (obuses de 105 mms. M2-A1) hacia los fuertes San José y Matamoros con la finalidad de equilibrar el poder de fuego de los cuarteles de la capital. Arana cumplió la orden de trasladar algunas piezas pero de 75 mms, no las de 105mms (de mayor alcance y potencia) y contando con la complicidad de los oficiales artilleros las traslado sin municiones, ni espoletas.
A las 11 de la noche el General Corado tomado por sorpresa en su dormitorio fue conminado a rendirse, se resistió armado de su pistola de equipo y fue eliminado y los oficiales involucrados dirigieron las unidades de Infantería, tanques y armas de apoyo hacia los lugares preestablecidos. Cuando aparecieron Árbenz y Toriello el cuartel estaba tomado, y dieron la señal para el ingreso de los civiles para ser dotados del armamento acordado. Al establecer el estado de fuerza contaban con 6 piezas de artillería 105 mm, una batería de 75 mms y morteros de 81 mms que ya habían salido hacia los emplazamientos acordados que se ubicarían en la mejor posición posible, idealmente en contrapendiente (lado de una elevación topográfica opuesto a la dirección de tiro, en donde no pueden ser observadas) para lo cual se le había asignado los lugares siguientes:
- San José Pínula (en dirección hacia Matamoros).
- Campo de Marte (en dirección hacia Castillo de San José).
- Crematorio Municipal (Estación del Ferrocarril, orientada hacia Castillo de San José).
- Colonia Edén (Jardines de la Asunción, orientada hacia Matamoros).
- Cerrito del Carmen (orientada hacia Matamoros).
- Avenida Santa Cecilia (orientada hacia el Palacio Nacional).
- Iglesia San Sebastián (Orientada hacia el Palacio Nacional).
El objetivo planificado contemplaba batir varios objetivos simultáneamente, los que recibirían fuego desde diferentes direcciones. A continuación los 12 tanques livianos disponibles se distribuyeron de tal manera que 2 bloquearan la entrada de cada cuartel sitiado, 2 el Palacio Nacional, y los 6 restantes se distribuyeron en la línea de defensa establecida a lo largo de la 18 Calle como reserva disponible a disposición de los comandantes de la sublevación.
A la 1 de la mañana inició el fuego de artillería en contra de los 3 objetivos ploteados. La falta de visibilidad para que los observadores adelantados (oficiales que ajustan el fuego de las piezas de artillería) pudieran observar los impactos redujo el fuego a ocasionales andanadas (descargas) mientras se ganaba tiempo para reforzar las posiciones comprometidas. Al reaccionar las tropas Poncistas, se empezaron a movilizar algunos contingentes leales pero al detectar los bloqueos en la 18 calle y que el cuartel rebelde era la Guardia de Honor trataron de aproximarse por los barrancos de la Barranquilla (actual Estadio Mateo Flores) para montar un contraataque.
Desde las primeras horas del día el fuego de artillería concentrado sobre Matamoros fue sumamente efectivo, hubo impactos directos dentro de las instalaciones y algunas granadas principiaron a derribar los muros; las bajas de ese comando se mezclaron con las de dos pelotones que habían sido agregados el día 19 por la tarde, falleciendo el Subteniente Ponce hijo de Ponce Vaídes y comandante de uno de los pelotones que descansaban en las cuadras (dormitorios) que fue alcanzada por un impacto. Mientras duro la penumbra de la noche los artilleros de Matamoros se encontraron desubicados y confundidos y no podían efectuar fuego de contrabatería pues eran atacados desde diferentes puntos a la vez, al amanecer sin embargo, lograron ubicar los emplazamientos de las piezas de los alzados y respondieron con todo lo que aún les quedaba en condiciones operativas, entablándose un furioso duelo de artillería.
Mientras tanto en el Castillo de San José (actual Museo Militar) se había organizado la defensa y desde el costado sur del cuartel contestaban el fuego 2 piezas de artillería Krupp (alemanas), y desde el costado oriente se sumaron al combate 2 piezas Schneider (también de fabricación alemana) y varios emplazamientos de ametralladoras pesadas Breda (Italianas) y el personal de tropa fue llevado a ocupar las troneras ubicadas en todo el perímetro del cuartel, preparándose para repeler un previsible asalto a la fortificación.
La cocina de tropa y una de las cuadras sufrieron dos impactos directos que provocaron numerosas bajas entre muertos y heridos. Los oficiales arengaban a la tropa a prepararse a resistir hasta las últimas consecuencias, reforzando el portón principal ante la posibilidad de un intento de penetración. A las 6 de la mañana uno de los tanques apostados en la avenida Santa Cecilia arremetió varias veces haciendo fuego con su cañón de 37 mms intentando derribar el portón, siendo repelido por el fuego directo de las piezas de artillería del cuartel. Conforme avanzó la mañana el fuego sobre el cuartel era más efectivo toda vez que las piezas de artillería, los tanques, y morteros de la Guardia de Honor habían encuadrado su fuego. Desde el Castillo de San José el Capitán Mayen y el Subteniente Anastasio Rodríguez se distinguieron en esos momentos cruciales con una ametralladora cal .50 que haciendo gala de su potencia de fuego y el valor de sus operadores disparaba en todas direcciones.
Continuará….
Fuente. La Batallas por Guatemala, tomo 1.

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