
¿Qué perfil de político necesitamos para ejercer la presidencia?
Reflexiones
“El primer acto de corrupción es aceptar un cargo para el cual no se está preparado”.
Platón
Es complejo y pavoroso estar regidos por un gobierno sin ideas, sin rumbo, sin testosterona, sin preparación, pero con mucha soberbia, que vendió la idea de ser diferente, que presentó un plan que no cumplió, que hizo de la inercia su fórmula de gobernanza, que voltea la cara ante la inseguridad, la falta de empleo, la pobreza extrema, el analfabetismo, la precaria sanidad y que ha generado una falta de confianza espantosa entre la ciudadanía, sin temor a equivocarme la percepción de los guatemaltecos es que tenemos un gobierno acéfalo y pusilánime.
Seguimos estando a merced de la delincuencia organizada. Triste realidad la que vivimos día a día, homicidios a lo largo y ancho del país, peleas territoriales entre narcotraficantes, los lideres de las organizaciones criminales (maras), continúan ejerciendo poder desde dentro de las cárceles, las cuales siguen hacinadas y como colofón un gobierno de rodillas ante un sistema de seguridad y justicia corruptos.
En Guatemala se ha hecho común que cualquiera puede ser candidato a presidente, desde un bufón hasta un académico con doctorado. Al evaluar con rigor epistémico el perfil de los que nos han gobernado podemos observar que también existen cualidades que el elector no observa posiblemente debido a la saturación de contenido del marketing político y que es pertinente tomar en consideración para el proceso electoral que se avecina.
Para este análisis nos remontaremos a los cuatro tipos de personalidad clásicos, basados en los temperamentos definidos por Hipócrates y Galeno, siendo estos: 1. sanguíneo (alegre, social, optimista), 2. colérico (enérgico, líder, voluntarioso), 3. melancólico (analítico, sensible, organizado) y 4. flemático (tranquilo, paciente, sutil). Estas categorías describen cómo las personas interactúan con el entorno, gestionan el estrés y expresan sus emociones de manera predominante.
Ante tan difícil contexto político, como el guatemalteco, nos preguntamos: ¿es posible que un líder posea los cuatro tipos de personalidad clásicos definidos por Hipócrates y Galeno? Cogito, aunque generalmente uno o dos tipos de personalidad predominan, un líder altamente efectivo y equilibrado emocionalmente, debe desarrollar la capacidad de adaptar su enfoque, integrando la energía y el liderazgo del colérico, el optimismo y alegría del sanguíneo, la reflexión y la planificación estratégica del melancólico y la calma y estabilidad del flemático según la situación.
El futuro presidente de los guatemaltecos debe poseer ciertas cualidades y valores que le permitan dirigir al país de forma adecuada, quien ejerza este cargo debe estar rodeado de las personas correctas, su gabinete debe estar formado por un equipo de personas preparadas académicamente, con conocimiento de la realidad nacional y de la administración pública (tecnócratas), que puedan llevar a cabo las funciones exitosas en las diferentes dependencias del ejecutivo.
El perfil del político que necesitamos para ejercer la presidencia con éxito debe de tener ciertas características integradas a los tipos de personalidad que le garanticen ser efectivo en el cargo de presidente. En este sentido debe ser un excelente comunicador (sanguíneo-colérico). Un buen presidente debe ser capaz de dialogar, comunicar de manera clara y precisa y proponer iniciativas, igualmente, es importante que sepa escuchar las necesidades de la población para poder atenderlas de la mejor forma. Presidentes que han innovado en este campo pueden ser Andrés Manuel López Obrador con “La Mañanera” y Donald Trump con su “TRUTH Social”, red social lanzada por Trump Media & Technology Group (TMTG).
El futuro presidente debe privilegiar el trabajo colaborativo (colérico-melancólico). El perfil requiere ser capaz de dirigir equipos, saber elegir a los colaboradores que lo representarán a nivel nacional y lograr que trabajen de forma integrada y coordinada en la consecución de objetivos. Además, resulta indispensable supervisar el trabajo realizado para efectuar cambios de ser necesario.
El perfil del político a un cargo de elección popular exige poder tomar decisiones informadas, debe ser capaz de analizar datos y leer el contexto, esto le permitirá extraer lo esencial, que le será de utilidad para actuar de forma rápida y oportuna.
El liderazgo es fundamental (colérico-flemático). Muchos piensan que con tener dinero para pagar una campaña es suficiente. El liderazgo, por el contrario, es carisma, es simpatía, es empatía, es conocimiento de la realidad, esto le permitirá definir el rumbo de su gobierno. El liderazgo hará posible el dialogo con los diferentes sectores de la sociedad, ya sean empresarios, académicos u organizaciones sociales. El futuro presidente debe ser capaz de liderar con valor, coraje, criterio y decisión, es la forma de dirigir que anhela el ciudadano.
Como en cualquier otra actividad relevante, el líder político valorará la construcción de un plan estratégico que especifique los propósitos de su administración, las áreas prioritarias, los responsables (equipos de tecnócratas) y los tiempos de ejecución, así también, ejercerá control, esto le permita evaluar los logros.
La experiencia como dirigente es clave dentro del perfil del político que pretende gobernar. Igualmente, es necesario que con base en el plan estratégico se diseñe una agenda legislativa que ayude a definir el rumbo del país durante su gestión, estas acciones le darán una visión integral del país para formular las políticas públicas correspondientes. No podemos olvidar tres ejes que son fundamentales: 1. Visión de país, 2. Conocimiento de la realidad nacional y 3. Voluntad política.




