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Si las cosas que yo destruí, quiero volver a edificar: soy un transgresor

Barataria

La frase que lleva título de mi columna de hoy es atribuida a San Pablo, por él había luchado contra la hipocresía del fariseísmo y las altas autoridades de la religión judía que no solo habían crucificado al Señor Jesucristo, sino que habían perseguido a los cristianos, para erradicarlos.  Pablo, como fiel seguidor de Jesús, atacó al judaísmo de la época y luchó tanto contra este sistema religioso sus ataques habían hecho diferenciar al cristianismo sobre el judaísmo y por ello prácticamente explicaba que, si habiendo atacado hasta destruir al judaísmo, no podría volver a establecerlo dentro del cristianismo con sus ritos y creencias sin hacerse un transgresor.

En Guatemala, a través de la historia pasada y reciente, hemos visto desfilar a una serie de políticos y funcionarios que navegan con la bandera de la honestidad, la moralidad, la ética y honorabilidad y sobre todo; prometiendo una lucha frontal contra la corrupción.  El cuento de hadas se desvanece a menos de un mes que hayan tomado posesión.  Algo que debe quedar claro es que el problema de la corrupción endémica en Guatemala no es un problema de ideologías.  En efecto, hemos visto gente que proclama ser de derecha, de izquierda, de extrema derecha, de extrema derecha, incluyendo a exguerrilleros, que ha caído seducidos ante la riqueza mal habida y el dinero público del cual se han llenado las manos.

Muchos de estos personajes han engañado a los electores y a quienes les designan.  Recuerdo en tiempos de la presidencia de Alvaro Arzú, cómo muchos guatemaltecos tenían por norma repetir como loros que siendo el gobierno de Arzú un gobierno de personas “ricas” con muchos millones nunca iban a robar.  Nada más lejos de la verdad, el gobierno de Arzú produjo una nueva “casta” los nuevos riquillos, aquellos que entraron al gobierno con una mano adelante y otra atrás y en cuatro años se volvieron millonarios o muchos multimillonarios.  Los negocios del Estado estuvieron a la orden del día. Incluso algunos que ayudaron a privatizar empresas como Guatel, el actual Telgua como Guzmán y Mussela, pasaron de ser simples gatos de Arzú a ser ahora millonarios. 

Podemos ver muchos personajes que así llegaron a muchos puestos del gobierno y de la noche a la mañana resultaron siendo grandes empresarios, cuando en realidad al llegar a ser funcionarios públicos no tenían ni para pagar la cuota del carro o la hipoteca.   Algunos expresidentes como Jorge Serrano Elías, que llegó a ser candidato con una hipoteca que estaba a punto de entrar en juicio ejecutivo para perder las propiedades incluidas. 

Pero en este país, Guatemala, ya no nos asustan esos casos, ya lo damos por hecho, lo damos por normal y eso es lo malo que ha producido una sociedad con gobernantes y funcionarios corruptos, una prensa complaciente y los poderes públicos ayudando es producir ese sistema.  Precisamente esta semana en redes sociales se ha desatado una polémica porque un reportaje sitúa al ex director de Covial Mario Aguilar Alemán, como propietario de una Mansión de más de 15 millones de Quetzales en San Pedro Pinula, Jalapa.  Es muy significante todo esto, primero porque un director de COVIAL no tiene un salario suficiente como para construir una mansión de 15 millones de quetzales y segundo, porque tampoco, después de salir del cargo tiene dinero suficiente como para darle el mantenimiento adecuado.  Lo que nos dice, que la fortuna del millonario ahora, señor Aguilar Alemán es mucho más grande que ese monto.

En Guatemala, es normal que el funcionario público entre pobre y salga rico, pero ¿Debería ser normal?  ¿Debería un funcionario público recibir mordidas o coimas?  ¿Debería un funcionario hacer negocios de los contratos de obra pública? ¿Debería sobrevalorar las obras?  Claro que no!!!!  Pero resulta que en nuestro país es tan normal que ya no nos admiramos de eso, además tenemos un Ministerio Público que ni se inmuta en perseguir este tipo de denuncias públicas, tenemos un sistema judicial en el cual los jueces “se alegran” de que les lleguen estos casos por habrá que sacar raja de la justicia.  Así hemos visto desfilar en los juzgados a personajes nefastos como el exministro Benito, a quien se le relacionó con un decomiso de más de 122 millones de quetzales en efectivo y que ahora mismo ya está gozando de libertad.

Al final de cuentas, el rosario de personajes nefastos es largo, muchos han llegado con cara de santos, pero han salido con cara de diablos.  Así, en la presidencia cada uno de los que ha desfilado en la era democrática tiene una larga cola que le pisen, todos en general han sido corruptos y han permitido la corrupción a más no poder.  El actual gobernante es un caso icónico, Arévalo llegó a la presidencia con bandera de anticorrupción, sin compromisos aparentes y como una sorpresa, pero en pocos meses se ha “acoplado” al sistema de corrupción imperante, de Arévalo no queda ni el legado de su padre, mucho menos de su madre. Es tan corrupto y servil que no ha existido diferencia entre uno y otro gobernante.

Ahora le toca el turno al recién estrenado Fiscal General, se asume que viene preparado para una gestión decente y alejada de otras gestiones muy parcializadas como la de Telma Aldana y Consuelo Porras tiraron para su propio lado. Por ello, cansados de tanta corrupción tiene la oportunidad de no hacer las cosas mal, sino de verdaderamente devolverle al Ministerio Público la independencia que debe tener y convertirlo en una verdadera institución al servicio del país y en búsqueda de la justicia tan necesaria. Así es que, si el Fiscal General es tan honesto como ha promulgado y de verdad quiere hacer del Ministerio Público una verdadera institución deberá de esforzarse de no caer en los vicios de muchos funcionarios que ha perdido la batalla contra la corrupción, no porque no pudieran sino porque aprovecharon la oportunidad para hacer de la función pública un medio para buscar un retiro dorado, pero nunca digno.

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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