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Cooperación Internacional y Soberanía; el Desafío Real del Narcotráfico en Guatemala

Una Guatemala Diferente Es Posible

La reciente información publicada por medios internacionales y nacionales sobre la posible intensificación de la cooperación entra Guatemala y los Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico ha generado un fuerte debate político, mediático y social, algunos sectores han interpretado estas noticias como una supuesta autorización para que tropas militares estadunidenses operen libremente en territorio guatemalteco; otros consideran que se trata de una pérdida de soberanía nacional, sin embargo, un análisis serio, objetivo y realista obliga a colocar el tema en su verdadera dimensión. 

La cooperación entre Guatemala y los Estados Unidos en materia de seguridad, inteligencia y combate al narcotráfico no es nueva, desde mediados de la década de los años ochenta, particularmente a partir de 1986, ambos países han firmado múltiples convenios y mecanismos de cooperación, tanto a nivel policial como militar, posteriormente, esta colaboración también involucro al Ministerio Público y a otras instituciones vinculadas a la seguridad regional.

Durante décadas, Guatemala ha recibido apoyo norteamericano en capacitación, entrenamiento, inteligencia, tecnología, logística, vehículos, aeronaves, embarcaciones, radares, sistemas de comunicación y asistencia técnica para operaciones de interdicción terrestre, aérea y marítima; la cooperación en materia de seguridad ha sido permanente y responde a una amenaza que dejo de ser un problema local hace muchos años.

Por esa razón, resulta importante comprender que la solicitud realizada por el gobierno guatemalteco debe interpretarse dentro del marco de cooperación internacional ya existente y no necesariamente como una cesión automática de soberanía; según lo expresado oficialmente por el presidente Bernardo Arévalo, las operaciones continuarán siendo lideradas por las fuerzas de seguridad guatemaltecas y se enmarcaran dentro de los acuerdos bilaterales vigentes y del respeto a la Constitución de la Republica.

Debe recordarse, además, que cualquier presencia militar extranjera permanente o cualquier operación militar extranjera autónoma dentro del territorio nacional requeriría autorización del Congreso de la República conforme al marco constitucional guatemalteco, este aspecto jurídico es fundamental y no puede ignorarse en medio del debate político y mediático.

Ahora bien, tampoco se puede caer en la ingenuidad de minimizar la magnitud de la amenaza, el narcotráfico dejo hace mucho tiempo de ser únicamente un problema de drogas; hoy constituye una estructura criminal transnacional con enorme capacidad económica, militar, tecnológica y política; los carteles han logrado infiltrarse y cooptar instituciones públicas, sistemas de justicia, cuerpos de seguridad y estructuras políticas en distintos países de America Latina.

Negar esa realidad sería irresponsable, la experiencia regional demuestra que las organizaciones criminales no podrían operar con tanta facilidad sin redes de protección dentro de los propios aparatos estatales, el lavado de dinero, el tráfico de armas, la corrupción política, la infiltración institucional y el financiamiento ilícito forman parte integral de las operaciones del narcotráfico moderno.

Por ello muchos analistas coincidimos en que ningún país de la región tiene actualmente la capacidad de enfrentar por sí solo a estas estructuras criminales; Estados Unidos, independientemente de las críticas que puedan hacerse de su política exterior, posee capacidades tecnológicas, satelitales, financieras y de inteligencia  que resultan determinantes para identificar rutas del narcotráfico, estructuras financieras ilícitas, movimientos de dinero, redes de lavado de activos y vínculos criminales internacionales.

En consecuencia, la cooperación internacional no debe verse automáticamente como una amenaza, sino como una necesidad estratégica frente a un fenómeno criminal globalizado, por lo que es necesario actuar con madurez política y abandonar discursos ideológicos extremos, combatir el narcotráfico no puede convertirse en una discusión simplista entre “intervención” o “anti intervención”, la verdadera discusión debe centrarse en como fortalecer las capacidades nacionales de seguridad, inteligencia, investigación criminal y justicia, sin perder el control soberano de las decisiones del Estado.

El problema del narcotráfico, además, tiene una dimensión regional y hemisférica, América Latina continúa siendo productora de drogas naturales como cocaína, marihuana, opio, al igual que de drogas sintéticas que han inundado el mercado norteamericano y otras regiones del mundo; así mismo,  Estados Unidos continúa siendo el mercado de consumo más importante, que demanda grandes cantidades  de narcóticos que sigue alimentando el poder económico de los carteles.

Por ello, aunque nuestra obligación como países de producción y tránsito es contener y combatir las estructuras criminales, los Estados Unidos también deberán revisar profundamente sus propias políticas internas de consumo, pero también se debe de comprender que la lucha contra el narcotráfico ya no admite improvisaciones ni visiones aisladas.

La amenaza es demasiado grande, demasiado poderosa y compleja para enfrentarla en solitario.

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