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Superación del miedo

Petardo

Los miedos se clasifican en dos tipos, según su origen: los irracionales y los reales. Los primeros, no generan daño o no existen, por ejemplo, la oscuridad, fantasmas o hablar en público. Estos miedos son aprendidos, debido a que pueden depender de los estímulos o experiencias a las que se ha enfrentado una persona. El miedo es una emoción displacentera, cuyos efectos desagradables activan nuestro sistema de alerta, y ponen en marcha mecanismos de protección, huida o acción.

Definitivamente, el miedo es una de las emociones básicas de adaptación y supervivencia. Se nutre de la experiencia y nos permite prever y valorar riesgos. Causas del miedo son factores de estrés importante en la vida, como la muerte o una enfermedad grave de un ser querido. Un suceso traumático, como una agresión sexual o un accidente grave. Cambios importantes en la vida, como un divorcio o la incorporación de un bebé a la familia. El consumo de tabaco o cafeína en exceso.

¿Qué es la ansiedad? La ansiedad es un sentimiento de miedo, temor e inquietud. Puede hacer que sude, se sienta inquieto y tenso, y tener palpitaciones. Puede ser una reacción normal al estrés. El miedo es una emoción desagradable que es provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, que se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano. La máxima expresión del miedo es el terror. Además, el miedo está relacionado con la ansiedad. En la actualidad existen dos conceptos diferentes sobre el miedo, que corresponden a las dos grandes teorías psicológicas que tenemos: el conductismo y la psicología profunda.

Según el pensamiento conductista, el miedo es algo aprendido. En el modelo de la psicología profunda el miedo existente corresponde a un conflicto básico inconsciente y no resuelto, al que hace referencia. Para algunos, el miedo en el ser humano no guarda ninguna relación fisiológica (como reacción de alerta), sino que es un producto de la conciencia, que expande nuestro nivel de conocimiento. El miedo produce cambios fisiológicos inmediatos: se incrementa el metabolismo celular y aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre y la actividad cerebral, así como la coagulación sanguínea. Asimismo, el sistema inmunitario se detiene (al igual que toda función no esencial), la sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a las extremidades inferiores, en preparación para la huida) y el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células (especialmente adrenalina). También se producen importantes modificaciones faciales: agrandamiento de los ojos para mejorar la visión, dilatación de las pupilas para facilitar la admisión de luz, la frente se arruga y los labios se estiran Catherine Lutz ha estudiado la variabilidad cultural del miedo. Según sus averiguaciones, la comunidad ifaluk considera positiva la cobardía y, por tanto, para ellos es bueno confesar el miedo, pues es una prueba de ser una persona inofensiva y temerosa de las leyes del grupo.

Joanna Bourke, autora de Fear: a Cultural History (‘El miedo: una historia cultural’) revela que el miedo, como un sentimiento colectivo e individual, varía con las épocas y los contextos históricos. horizontalmente. El miedo es una característica inherente a la sociedad humana: está en la base de su sistema educativo (que, como expuso de manera radical Skinner, en buena medida se define por el esquema básico del premio y del castigo) y es un pilar del proceso socializador. Buena parte del sistema normativo se fundamenta en el miedo, como muestra el derecho penal. En los ámbitos castrenses, una buena parte del entrenamiento del soldado, y en especial de las fuerzas especiales, está orientada al control del miedo para, de este modo, formar soldados, oficiales y comandos seguros de sí mismos y autómatamente efectivos a la hora de actuar. Para ello se enfrenta a los soldados a escenarios que causan pavor, como arrastrarse por debajo de alambre de púas, mientras son atacados por fuego de ametralladoras y explosiones; y caminar sobre campos minados, guerra de guerrillas, combate cuerpo a cuerpo. Es recomendable que desde la niñez se eduque a no tener miedo, mientras actuemos correctamente.

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Leonel Guerra Saravia

Médico y cirujano con maestrías de ciencias sociales, política, relaciones internacionales y filosofía.

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