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Propensiones del señor Arévalo: Internacionalismo, Extranjerismo, Verbalismo e Ilusionismo

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Observo cuatro propensiones de quien ejerce la Presidencia de la República, es decir, el señor Bernardo Arévalo. Ellas son propensión internacionalista, propensión extranjerista, propensión verbalista y propensión ilusionista.

Internacionalismo. La propensión internacionalista consiste en la pretensión de que órganos internacionales resuelvan los problemas propios de Guatemala, que exclusivamente los guatemaltecos tendrían que resolver. Por ejemplo, el señor Arévalo pretende o ha pretendido que:

1. El Consejo de la Unión Europea garantice que, en nuestro país, haya un régimen democrático. Según el señor Arévalo, nuestra patria no tiene instituciones públicas que puedan brindar esa garantía. Ni hay que intentar que alguna la brinde. Tampoco hay que reformar el régimen jurídico político, sino hay que acudir a un órgano internacional.

2. La Organización de las Naciones Unidas coopere para prevenir o eliminar la corrupción que, se presume sensatamente, ocurre en el Organismo Ejecutivo. Según el señor Arévalo, ninguna institución pública de nuestro país es suficiente para prevenirla o eliminarla. Ni hay que mejorar los procedimientos administrativos del Estado, o limitar el poder de quienes ejercen funciones públicas, o reformar la ley penal, sino hay que acudir a un órgano internacional.

3. La Organización de Estados Americanos supervise el proceso de elección de los nuevos magistrados del Organismo Judicial; elección que compete al Congreso de la República. Según el señor Arévalo, ninguna institución pública de nuestro país puede supervisar ese proceso. Ni hay que intentar que alguna lo supervise. Tampoco hay que reformar el régimen jurídico de elección de magistrados judiciales, sino hay que acudir a un órgano internacional.

La propensión internacionalista del señor Arévalo autoriza al Secretario de la Organización de Estados Americanos, al Secretario de la Organización de Naciones Unidas y al Presidente del Consejo de la Unión Europea, a cogobernar el Estado de Guatemala.

Extranjerismo. La propensión extranjerista consiste en someter al Estado de Guatemala a mandatos del gobierno de Estados Unidos de América. Es sometimiento a los mandatos del presidente Joe Biden, de la vicepresidente Kamala Harris y del Secretario del Departamento de Estado, Antony Blinken. La propensión extranjerista del señor Arévalo los autoriza a cogobernar el Estado de Guatemala. Los autoriza, por ejemplo, a imponer veredictos judiciales, tributos, leyes sobre educación sexual, diversidad sexual, aborto e intervención gubernamental en las transacciones dinerarias privadas de los guatemaltecos.

La oficina del Presidente de la República de Guatemala debería estar en la capital federal de Estados Unidos de América: Washington.

El extranjerismo no es exclusivamente sometimiento al gobierno de Estados Unidos de América; pero es principalmente sometimiento a ese gobierno, el más poderoso del mundo. Hay sometimiento al gobierno de otros Estados, llamados cooperantes y donantes.

Verbalismo La propensión verbalista consiste en resolver los problemas de nuestro país, no en la realidad misma, sino en el discurso. Según esa propensión, el día 15 de enero del año 2024 comenzó una época de transformación de Guatemala. Comenzó una nueva era política, económica y social, que es una era de retorno de la esperanza que, también según esa misma propensión, brotó como un río luminoso en las tinieblas, en octubre del año 1944.

En el mundo del verbalismo del señor Arévalo, en los primeros cien días de su gobierno, aquella transformación avanzó prodigiosamente. Aquella nueva era exhibió sus primeros resplandores aurorales.  Quienes votaron por él se jactaron de su atinada decisión electoral. Quienes no votaron por él, lo lamentaron con vergüenza. Quienes no confiaban en los políticos, finalmente habían encontrado, como si fuera un fantástico ser extraterrestre, un político en quien podían confiar. Y los ciudadanos comprobaron que, con él, había empezado una auténtica democracia, una maravillosa prosperidad y un jubiloso renacimiento de los pueblos indígenas.

Ilusionismo. La propensión ilusionista consiste en creer que el internacionalismo y el extranjerismo contribuyen a que Guatemala prospere política, económica y socialmente. Se presume que el internacionalismo y el extranjerismo son beneficiosos porque los guatemaltecos son niños que no pueden devenir ciudadanos psicológicamente maduros, moralmente responsables y, finalmente, aptos para prosperar.

Este ilusionismo parece presuponer que hay un destino histórico o genético que impide que los guatemaltecos logren, ellos mismos, esa madurez, y adquieran esa responsabilidad, y tengan esa aptitud. Por causa de ese destino, hay que acudir a los políticos internacionales y extranjeros.  Ellos, dotados de una rara sabiduría, quizá heredada de ancestrales seres celestiales, saben qué es bueno y qué es malo para los guatemaltecos, y qué finalidades deben tener y qué medios deben emplear, y qué productos deben obtener; o saben cuál es el mejor régimen político, económico y social que debe regir en Guatemala.

Comentarios

Sobre propensión internacionalista y extranjerista. ¿Los órganos internacionales y el gobierno de Estados Unidos de América han contribuido a que Guatemala prospere política, económica y socialmente?  ¡Nunca! ¿O más guatemaltecos ejercen el derecho a elegir y a ser electos, y los diputados realmente son electos por los ciudadanos, y más pobres reducen su pobreza, y más niños se educan y más guatemaltecos tienen esperanza de vivir más años de vida, y hay más punición y menos criminalidad, por obra de esos órganos y ese gobierno? ¡Nunca!

Empero, concedamos, piadosamente, que Guatemala puede lograr esa prosperidad, gobernada por políticos de órganos internacionales y de Estados Unidos de América. Entonces, el Estado de Guatemala no debe estar regido por una Constitución Política que declara que Guatemala «es un Estado libre, independiente y soberano» y que la soberanía reside «en el pueblo, quien la delega, para su ejercicio, en los Organismos Legislativo, Ejecutivo y Judicial.» Debe estar regido por una Constitución Política que declare que Guatemala «es un Estado que, con el fin de lograr la máxima prosperidad de los ciudadanos, puede estar sometido a poderes internacionales o extranjeros, y delegar el ejercicio de su soberanía en ellos.»

Sobre propensión verbalista. En los primeros cien días de ejercicio de la Presidencia de la República, el señor Arévalo fue exitoso; pero solamente en el mundo del verbalismo, es decir, en el mero discurso. En ese mundo él es el mesías de la historia de Guatemala. Es el salvífico gobernante que esa historia reclamaba con llorosa impaciencia. Empero, en el mundo real no es tal mesías ni tal salvador. Es un gobernante que muestra ser tan ordinario como sus antecesores.

Sobre propensión ilusionista. Por supuesto, no hay un destino histórico o genético que condene a los guatemaltecos a ser inmaduros, irresponsables e ineptos para procurar su propia prosperidad; y a demandar, entonces, el concurso del internacionalismo y el extranjerismo.

No hay tal destino. Hay mayor poder de los políticos y menor libertad de los ciudadanos. Hay un opulento señorío de los gobernantes y una miserable servidumbre de los gobernados.  Hay explotación tributaria de los ciudadanos y disfrute político, burocrático y sindicalista del tesoro público. Hay una burocracia inepta, negligente y abusiva, que aumenta el costo de ejercer derechos y cumplir obligaciones. Hay un poder público que oprime, reprime o destruye la inmensa potencia que tienen los guatemaltecos para generar riqueza y procurar su propio bien.

Sugerencias

Sugiero al señor Arévalo desistir de su cómoda propensión internacionalista, su ignominiosa propensión extranjerista, su ridícula propensión verbalista y su absurda propensión ilusionista. Con tales propensiones no contribuye al progreso de los guatemaltecos.

Le sugiero cumplir las funciones que le adjudica la Constitución Política. Las primeras funciones son cumplir y obligar a cumplir las leyes; ocuparse de la defensa y la seguridad de la nación, y de la «conservación del orden público», y «ejercer el mando de toda la fuerza pública».

Le sugiero, pues, al señor Arévalo, ser primordialmente un ejecutor de la ley y un proveedor de seguridad pública. Si lo es, contribuirá al progreso de los guatemaltecos, en aquello que precisamente le compete, por mandato de la Constitución Política.

Post scriptum. Sobre el modo en que ha ejercido la Presidencia de la República, y el producto de ese ejercicio, y el valor de tal producto, exhorto al señor Arévalo a meditar, con exigible honestidad, sobre esta afirmación del filósofo Ludwig Wittgenstein: «Nada es tan difícil como no engañarse uno mismo.»

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