
Saludos a los oftalmólogos
Petardo
En el ser humano, el ojo es un órgano que detecta la luz y es la base del sentido de la vista. Su función consiste básicamente en transformar la energía lumínica en señales eléctricas que son enviadas al cerebro a través del nervio óptico. Funciona de forma muy similar al de la mayoría de los vertebrados y algunos moluscos; posee una lente llamada cristalino, que es ajustable según la distancia; un diafragma, que se llama pupila, cuyo diámetro está regulado por el iris, y un tejido sensible a la luz, que es la retina. La luz penetra a través de la pupila, atraviesa el cristalino y se proyecta sobre la retina, donde se transforma, gracias a unas células llamadas fotorreceptoras, en impulsos nerviosos que se trasladan, a través del nervio óptico, al cerebro. Para que los rayos de luz que penetran en el ojo se puedan enfocar en la retina, se deben refractar. La cantidad de refracción requerida depende de la distancia del objeto al observador.
El ojo se forma por la fusión de varias estructuras que proceden de tejidos embrionarios distintos. La retina es un derivado del prosencéfalo (cerebro anterior) y por tanto forma parte del sistema nervioso central, mientras que la córnea y el cristalino proceden del ectodermo superficial. El ojo recibe los estímulos luminosos procedentes del entorno. La luz atraviesa los medios transparentes y la lente del ojo, formando una imagen invertida sobre la retina. En la retina, células especializadas transforman la imagen en impulsos nerviosos. Estos llegan a través del nervio óptico hasta la región posterior del cerebro. El cerebro interpreta las señales mediante un complejo mecanismo en el que intervienen millones de neuronas. Las razones más comunes de consulta con relación al ojo son: pérdida de agudeza visual, dolor, cuerpo extraño, cefalea, irritación del ojo (ojo rojo), otros síntomas variables (secreciones, ardor, prurito, fotofobia, etc.) y trastornos anatómicos.
En el año 60 d.C., el médico Dioscórides introdujo el término “tracoma” en su libro De materia médica, y más tarde Rufo de Éfeso, quien vivió durante el imperio de Trajano, describió algunos conceptos de anatomía ocular, incluyendo la cápsula de Tenon, las otras membranas del ojo y el quiasma óptico. El científico árabe, Ibn al-Haytham, conocido en Europa como Alhacén, creó las bases teóricas para esta invención con su estudio de la córnea humana y de los efectos de los rayos de luz en espejos y lentes. La primera referencia a hechos históricos oftalmológicos se remonta a épocas tan tempranas como el año 3 500 a.C., pues ya los egipcios producían ojos artificiales hechos de metal y de piedras, para ser usados en momias y estatuas, y en el olimpo egipcio se encontraba Duau, dios de los oftalmólogos y a Mechenti-Irti, dios de la ceguera. Al correr el año 1950 a.C., se redactó el primer reglamento legal que se conoce en la historia del hombre, llamado Código de Hammurabi, en el que se establecieron premios y castigos para el médico, ya que si el tratamiento era exitoso podía recibir un buen salario, pero si era fallido podía llegar a perder la mano.
En este texto aparece la primera mención de la cirugía oftalmológica plástica. El cirujano indio Sushruta escribió Súsruta-samjita entre el siglo III y el siglo IV d.C. Entre otros conocimientos médicos y quirúrgicos describió 77 enfermedades oculares (51 de ellas quirúrgicas), así como varios instrumentos quirúrgicos y técnicas oftalmológicas, entre ellas, la que es considerada como la primera descripción de operación de cataratas y que era compatible con el método de acostado. Ha sido descrito como uno de los primeros cirujanos de cataratas. Aunque se practican intervenciones quirúrgicas sobre el ojo desde la antigüedad, se considera que uno de los primeros cirujanos oftalmológicos fue Juan Freke, designado como tal por los directores del hospital de San Bartholomew en 1727. Sin embargo, el primer hospital dedicado a la oftalmología no se inauguraría sino hasta 1805 —hoy conocido como Hospital Moorfields Eye— en Londres.

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