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Geografía vs. geopolítica: claves para comprender la crisis venezolana

Punto de vista

La crisis venezolana ha puesto en primer plano la importancia de comprender el territorio desde múltiples perspectivas. En los últimos años, y especialmente tras la reciente captura de Nicolás Maduro por parte del gobierno de Estados Unidos (hecho que no analizaré desde el derecho internacional), se abre la posibilidad de una reconfiguración del tablero político, lo que hace aún más evidente la necesidad de analizar el espacio venezolano no solo desde la óptica del poder, sino también desde la experiencia cotidiana de quienes lo habitan.

La geografía, tradicionalmente asociada a mapas y nombres de lugares, es en realidad una disciplina que estudia la relación entre las personas y el espacio. En el caso venezolano, la geografía permite entender cómo la crisis y los cambios políticos afectan la vida diaria, las rutas de migración, la distribución de recursos y la identidad de la población. El territorio deja de ser un simple escenario y se convierte en un actor central en la resistencia, la adaptación y la supervivencia. 

Por su parte, la geopolítica se centra en el análisis del territorio desde la lógica del poder y las relaciones internacionales. Esta disciplina examina cómo los Estados y los actores globales compiten, negocian y ejercen influencia sobre regiones estratégicas. En Venezuela, la geopolítica ayuda a explicar el interés de potencias extranjeras, la disputa por el Esequibo y el control de recursos naturales, pero suele priorizar los intereses de los grandes jugadores y dejar en segundo plano la vida cotidiana de la población. 

Ejemplos concretos de la interacción entre geografía y geopolítica para el caso venezolano:

Migración venezolana:

La geografía es fundamental para analizar el éxodo de millones de venezolanos que han cruzado fronteras terrestres y fluviales en busca de refugio. El estudio de los caminos, los puntos fronterizos y los espacios de acogida revela la dimensión humana y espacial de este fenómeno, mostrando cómo los desplazamientos masivos transforman el territorio y generan nuevas dinámicas sociales. 

Disputa por el Esequibo:

La histórica controversia entre Venezuela y Guyana por el Esequibo es un claro ejemplo de cómo la geopolítica marca la agenda internacional, mientras que la geografía permite comprender la importancia estratégica de la región, sus recursos y el impacto en las comunidades locales. 

Control de recursos naturales:

La explotación y el tráfico ilegal de recursos como el oro y el petróleo han generado tensiones en zonas fronterizas y amazónicas. La geografía estudia la distribución de estos recursos y los efectos de su extracción sobre el entorno y las poblaciones, mientras que la geopolítica se centra en cómo el control de estos bienes influye en la seguridad nacional y las relaciones internacionales. 

Seguridad fronteriza y amenazas a la soberanía:

La geografía ayuda a identificar los puntos vulnerables en las fronteras venezolanas, donde se concentran actividades ilícitas y amenazas a la soberanía. La geopolítica interpreta estas amenazas en el marco de la competencia entre Estados y actores transnacionales. 

Narcotráfico y geografía: el caso del Cartel de los Soles

El análisis geográfico es fundamental para comprender la dinámica del narcotráfico en Venezuela, especialmente en lo que respecta a organizaciones como el Cartel de los Soles. La geografía no solo ayuda a identificar las rutas utilizadas para el tráfico de drogas, sino que también permite entender por qué ciertas regiones del país se convierten en puntos clave para estas actividades ilícitas. Venezuela, por su ubicación estratégica entre Sudamérica y el Caribe, cuenta con extensas fronteras terrestres y marítimas que facilitan el tránsito de sustancias ilegales hacia otros países. 

Por todo ello, abordar el narcotráfico desde una perspectiva geográfica ofrece claves para entender cómo el territorio venezolano se convierte en escenario y herramienta de poder para organizaciones criminales. Esta mirada es imprescindible para diseñar estrategias de prevención y control que consideren las particularidades del espacio y las realidades locales.

Entonces, la diferencia entre ambas disciplinas es esencial: la geografía nos permite entender cómo las personas comunes utilizan el espacio para resistir, migrar y organizarse, mientras que la geopolítica nos muestra el tablero de intereses donde se mueven los Estados y las corporaciones. Ambas perspectivas son necesarias, pero la geografía aporta una visión más humana. 

En un país que enfrenta desplazamientos masivos, disputas territoriales y una crisis de identidad, la geografía se convierte en una herramienta clave para el análisis y la acción. Nos permite entender no solo el “dónde” de los acontecimientos, sino también el “cómo” y el “por qué” de las respuestas sociales. 

El caso venezolano demuestra que la geografía, lejos de ser una disciplina auxiliar, debe ocupar un lugar central en el análisis de crisis políticas, sociales y territoriales. La migración masiva, el narcotráfico, las disputas fronterizas y la reconfiguración institucional no solo transforman el espacio nacional, sino que generan efectos regionales que impactan a los países vecinos y al conjunto de la comunidad internacional. 

Por ello, es imprescindible que los gobiernos y los organismos multilaterales incorporen la perspectiva geográfica en sus diagnósticos y estrategias. El estudio del territorio permite anticipar dinámicas de desplazamiento, identificar zonas de riesgo, comprender la distribución de recursos y diseñar políticas públicas más eficaces y justas. Además, la geografía facilita la cooperación transfronteriza y el abordaje integral de fenómenos como el narcotráfico, que trascienden los límites nacionales y requieren respuestas coordinadas. 

La crisis venezolana es un ejemplo paradigmático de cómo los desafíos contemporáneos no pueden ser entendidos ni gestionados únicamente desde la óptica del poder o la geopolítica. La geografía resurge como disciplina imprescindible para el análisis gubernamental y la formulación de políticas en cualquier Estado que enfrente crisis migratorias, disputas territoriales o amenazas transnacionales. Aplicar este enfoque permite a los países anticipar impactos, fortalecer la resiliencia social y promover soluciones basadas en el conocimiento profundo del espacio y sus dinámicas.  

En definitiva, la geografía no solo ayuda a comprender el presente venezolano, sino que ofrece herramientas valiosas para el resto de los Estados en la gestión de sus propios retos territoriales y sociales.

Recomendaciones de lectura académica

Para quienes deseen profundizar en el papel de la geografía en la gestión de crisis y el diseño de políticas públicas, recomiendo la lectura de “Geografía política y geopolítica: conceptos, métodos y perspectivas” de José Manuel Rodríguez (Editorial Síntesis, 2017), así como el artículo “Geografía y migraciones en América Latina: retos y perspectivas” publicado en la revista Cuadernos de Geografía.  En inglés, sugiero consultar:

  • The Routledge History of Modern Latin American Migration, editado por Andreas E. Feldmann, Xóchitl Bada, Jorge Durand y Stephanie Schütze.
  • Drug Trafficking in Venezuela 2024: An Expanding Business that Brings Profits to the Power Elite, Transparencia Venezuela.
  • Venezuela – Dimensions of the Crisis: A Perspective on Democratic Backsliding, editado por Miguel Ángel Latouche, Wolfgang Muno y Alexandra Gericke.
  • World Drug Report 2025 – Maps, Naciones Unidas, Oficina contra la Droga y el Delito (UNODC).
  • Venezuelan Politics and Foreign Policy, Oxford Bibliographies.

Estas fuentes ofrecen marcos teóricos, estudios de caso y análisis comparativos que pueden enriquecer la comprensión académica sobre cómo la geografía y la geopolítica son fundamentales para analizar crisis nacionales y sus repercusiones internacionales.

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Le invitamos a leer más de la autora:

Grisel Capó

Candidata al doctorado de Liderazgo Organizacional de la Universidad San Pablo de Guatemala. Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de la República Oriental del Uruguay. Magister en Relaciones Internacionales por la Universidad Rafael Landívar. Pos- Grado en Estrategia Nacional del Centro de Altos Estudios Nacionales de Uruguay y egresada del Centro de Estudios Hemisféricos de la Defensa, Estados Unidos. Diplomado en Antropología de las ciudades por la Universidad Rafael Landívar y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social de México, entre otros cursos.

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