
LA USAC Y LOS CONSTITUYENTES
Antropos
Todos los estados rigen a un país, a partir de normas y leyes de carácter constitucional. O sea, de aquellas que se desprenden del cuerpo jurídico de una constitución aprobada por los legisladores.
Es el caso entonces de hablar de Guatemala. Sin negar el conocimiento y la sabiduría de los diputados que aprobaron a partir de amplios, profundos y acalorados debates la Constitución de 1985 que hoy norma la vida política y civil de nuestro país, debo hacer algunas observaciones como persona dedicada toda la vida a la docencia y a la investigación educativa.
Las explicaciones, argumentos y razones que dieron luz verde a este documento constitucional, se incluyeron responsabilidades más allá de sus fronteras respecto a la Universidad de San Carlos. Sostuvieron que el Estado y la sociedad, requería el soporte de una llamada reserva moral de esta institución en órganos como estar integrado como magistrados en la Corte de Constitucionalidad, en la Junta Directiva del IGSS, así como en la Junta Monetaria, Registro de Información Catastral, Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, Comisión Nacional de Electricidad, Consejo de Enseñanza Superior Privada, Instituto Nacional de Bosques y en todas las municipalidades del país. En todas, con derecho a voto pleno. Los congresistas no contentos con todo ese enorme poder que le dieron a la USAC, según ellos por razones éticas y morales, le dieron posteriormente el derecho para presentar iniciativas de ley al Congreso de la República, o bien, ser miembro pleno para elegir a los magistrados del Tribunal Supremo Electoral, Contraloría General de Cuentas de la Nación, Fiscal General y jefe del Ministerio Público, Directorio de la SAT, o bien para elegir a los magistrados de la Defensa Pública Penal, como contar con el derecho de ser integrante de juntas directivas de los Comités de Desarrollo Departamental, el Instituto Nacional de Estadística, y otras ochenta representaciones. O sea, como decía mi estimado amigo Rodrigo Ponce, quien estudió a fondo este tema y que hoy está ausente, todo esto constituye el verdadero mapa de poder de la USAC.
Procuro explicarme a la distancia de cuáles fueron las verdaderas razones de aprobar este desacierto y hoy evaluado por mí y miles de académicos universitarios, como una tremenda equivocación de los constituyentes que redactaron esos temas en la Constitución de la República. Ellos sostuvieron ilusamente que la USAC, era la conciencia moral de la sociedad, como si esta institución fuera un concilio de ángeles o de seres extraños que orinaban “agua bendita” y no de seres humanos de “carne y hueso” como bien lo dijo el gran rector español, don Miguel de Unamuno. Ahora, con el correr del tiempo, vemos las consecuencias de ese error garrafal, porque los rectores se convirtieron en piezas apetecibles de los diferentes grupos de poder de la sociedad y del Estado. La lisonja, así como diferentes maneras de atraer la voluntad de esta autoridad para beneficio de estos grupos, ha estado a la orden del día. En ese sentido, el rector ha ocupado más tiempo en atender la presión de los poderosos, que atender la vida académica de la universidad, función a la que se debe esencialmente.
A través de diferentes artículos y en foros en los que me ha tocado participar, siempre he sostenido que la universidad debe dedicarse al cumplimiento de su misión y no distraerse con asuntos que no le son propios. Obviamente, mi voz es en solitario, porque a pesar de que hay muchas personas que apoyan esta idea, lo único que puede cambiar esta realidad, es la anulación de estos artículos en la Constitución, cuestión que prácticamente es un imposible, porque habría que redactar otra y para eso se requiere la convocatoria a una nueva Asamblea Constituyente y ahí, abrir el debate parta realizar estos cambios y posiblemente, para muchos más.
Como dice el dicho popular, la Virgen no está para tafetanes, hay miles de problemas estructurales, coyunturales y vivimos en un remolino de incertidumbres a nivel nacional e internacional, que hace imposible volver a redactar otra Constitución. Al final, sólo quedaría la opción que la USAC, se retire de aquellas instancias, que no son constitucionales y de las qué si son obligatorias, haga suyo lo que argumentaron los constituyentes en el tiempo que redactaron la Constitución de 1985, que la USAC de verdad se convierta en “la conciencia moral de la sociedad”, para lo que requerimos en principio, una especie de “revolución cultural” al interior de la misma institución.




