
RECUERDOS
Antropos
Camino al revés: De vez en cuando
Camino al revés;
Es mi modo de recordar
Si caminara sólo hacia adelante,
Te podría contar
Cómo es el olvido.
Humberto Ak´abal. Poeta Quiché guatemalteco.
La vida está llena de ilusiones. De esperanzas. De proyectos. De emociones y amistad. De amores y desamores. De afectos. De imaginaciones y pensamientos. De trabajo y estudio. Lleno de familias queridas y amadas. Y para escaparnos de la tristeza posamos nuestra mirada en la sonrisa de la niñez. O en el canto de los pájaros. O en el susurro de la lluvia que cae sobre las hojas de los árboles o sobre techos de las casas.
La vida humana es un instante y un baúl lleno de recuerdos. De cuando fuimos niños y jugábamos en las pozas de los ríos. O en las calles pateando una bola de trapo como si fuera de futbol. O encaramados en los árboles de mango cortando las frutas verdes para comérnosla con sal. O sacudiendo los árboles de guayaba de corazón colorado para saborearlas reclinados en sus troncos de tierra mojada. O recogiendo zapotes para disfrutar su dulzura. O correteando por los potreros para recoger los nances amarillos que comíamos uno a uno tirando sus semillas. Mientras tanto las patojas de mi pueblo jugaban avioncito, o bien otros pasatiempos, acompañando a su vez a sus madres aprendiendo a cocinar, limpiar la casa, leer y cumplir con los deberes que los maestros dejaban a sus alumnos. Y en la tardecita cuando el sol se recostaba para dormir, se arreglaban dirigiendo sus pasos hacia el paseo del parque sonriendo con ingenua picardía, a sus amigos y compañeros de escuela.
Crecimos siendo jóvenes, volcados sobre libros de lectura que los maestros nos pedían leer. Novelas. Poesía. Cuentos. Y en el salón de clase platicábamos de los personajes como si fueran reales. Algunos tuvimos actividades extraescolares como tocar marimba, guitarra, saxofón, batería, trompeta o bien ser integrantes de coros escolares para cantar himnos patrios o cantos de música folklórica del país. El deporte nos acompañó en todas sus formas bajo la tutela del profesor de educación física. Aprendimos a bailar y a tomar un traguito de licor de vez en cuando a escondidas junto a bocanadas de humo de un cigarro. Tuvimos novios y novias de las cuales nos enamoramos perdidamente como si fuera una eternidad. Se asomaron las lágrimas de afectos no correspondidos o cuando se desvanecía el hechizo del amor.
Al final de estos senderos de la vida, con esfuerzo que venció la haraganería, logramos el diploma de educación secundaria, listos para trabajar o ingresar a la universidad. Tempranamente algunos se casaron. Pero tristemente otros también se fueron de viaje a las estrellas. Los proyectos de vida se empezaron a concretar y unos lograron coronar títulos de abogados, médicos, odontólogos, economistas, ingenieros, arquitectos, agrónomos, veterinarios, farmacéuticos, periodistas, sociólogos, historiadores, educadores o bien humanistas con gran vocación. Paralelamente otros fueron exitosos en el mundo de los negocios y la producción. No faltaron quienes escogieron el camino de la política o los que con pecho henchido e indignación se aglutinaron en movimientos rebeldes para luchar contra un sistema social y económico injusto.
Ahora conforme pasan los años, están presentes los recuerdos que se abultan y se vuelven saltarines en nuestra conciencia volcándonos a resumir lo mejor de nuestras vidas. Y viene al caso recodar al apóstol José Martí cuando dijo siembra un árbol, tenga hijos y escribe al menos un libro. Felizmente algunas personas lograron estos propósitos. Pero otros también gozamos y disfrutamos de acciones hermosas y realizaciones bendecidas por el regalo que la vida nos dio.
En fin, el baúl de los recuerdos nos mece a los años, con suavidad y añoranza de aquellas vivencias que nos hicieron vibrar. Porque como dice el poeta Ak¨abal, “si caminara sólo hacia adelante, te podría contar como es el olvido”




