
Del Hombre Mediocre a la “Mediocracia”
Lugar Hermenéutico
El Hombre Mediocre, no, no me refiero a ese personaje de la zona 1, o aquel otro que está en la zona 12, dignos ejemplares que seguramente pasaron por su mente, sin embargo, quiero más bien referirme a este brillante ensayo escrito hace más de un siglo por el sociólogo argentino José Ingenieros y que analiza la psicología social, contraponiendo al hombre mediocre frente al hombre idealista.
Ingenieros define la mediocridad como la ausencia de personalidad y originalidad. El mediocre no piensa por sí mismo; adopta las opiniones colectivas por miedo a ser diferente. Ingenieros se refería al Hombre no como género sino como ser humano, indicando que el Hombre Mediocre, carece de pasiones creadoras y se refugia en la rutina, la imitación y el conformismo. Para él, el éxito se mide en bienes materiales o títulos obtenidos mediante la sumisión, sintiendo una profunda envidia hacia quienes poseen un talento superior.
En contraste, el autor exalta al idealista. Este es un ser superior guiado por ilusiones de perfección que busca transformar la realidad. Posee una moral creadora, es rebelde frente a las injusticias y aporta al progreso de la humanidad mediante la ciencia, el arte o la filosofía. No busca la aprobación de la masa, sino la autorrealización y la verdad.
José Ingenieros acuña el término “mediocracia” para definir el sistema social y político donde las instituciones son dominadas por la mediocridad, priorizando el beneficio personal y el servilismo sobre el talento, la meritocracia y la honestidad.
Este ensayo critica con dureza a las democracias decadentes, como en este caso la guatemalteca, donde la mediocracia domina la política y encumbra a los serviles en lugar de a los capaces. Ingenieros hace un llamado a romper con la inercia social, cultivar ideales elevados y guiar a la sociedad hacia una evolución moral. Este ensayo es un manifiesto ético que invita a la superación personal contra el peso de la comodidad e inercia social, por ello, define algunas características de la “mediocracia”, que seguramente se nos harán bastante conocidas.
- Gobierno de los incapaces: El poder no lo ejercen los más aptos ni los más virtuosos, sino los más dóciles y obedientes al sistema.
- Culto a la adulación: El éxito político se logra mediante la sumisión ante los poderosos, premiando la falta de carácter y castigando el mérito real.
- Predominio de las castas: Los intereses de pequeños grupos privilegiados y corruptos se imponen por encima del bienestar común de la sociedad.
- Aversión al genio: Las estructuras mediocres marginan, persiguen o silencian al idealista y al pensador original porque alteran el orden establecido.
- Corrupción institucional: El Estado se transforma en un botín económico y los ideales democráticos se degradan hasta convertirse en una simple farsa retórica.
Como puede palparse, vivir en un régimen gobernado por la “Mediocracia”, es una completa perversión, más aún cuando quienes la ejercen tienen el cinismo de darse baños de pureza y supremacía moral e intelectual.
En Guatemala, desde hace décadas, la rutina y la corrupción sustituyeron con creces los ideales de la perfección, premiando la viveza, la picardía y adormeciendo el sentido y pensamiento crítico, esta espiral perversa nos ha llevado a vivir en una sociedad conformista y decadente, que ocupa los peores lugares en cualquier indicador de desarrollo social de toda America Latina.
Lo peor, no se ve ninguna salida de este complejo y perverso laberinto, al menos no en el corto plazo, al menos no, si seguimos haciendo lo mismo cada cuatro años, pues la formula ya es recurrente, una maquina perversa para seguir haciendo pobres y el surgimiento de nuevos millonarios, producto del saqueo de las instituciones publicas y de prestamos que empeñan el presente y futuro de los guatemaltecos.




