Columnas

Ver hacia el futuro

El preámbulo constitucional enuncia un techo ideológico cuya piedra angular radica establecer “un orden institucional estable, permanente y popular, donde gobernados y gobernantes procedan con estricto apego a Derecho” para lograr la plena vigencia de los Derechos Humanos. Este concepto lo desarrolla más adelante al enunciar como un deber de los guatemaltecos cumplir y velar porque se cumpla la Constitución de la República.  La importancia de lo dicho radica en obligarnos a mantener la prudencia y la ecuanimidad en nuestras actitudes contra la corrupción.

Ya lo advirtió Diego PetersenFarah (La justicia pactada, Sin embargo.com. octubre 21, 2016) al señalar que:“La lucha contra la corrupción no puede venir del gobierno y los partidos porque son juez y parte. Ningún gobierno, de ningún partido ha salido bien librado. […] La corrupción, que no es como quisieran los políticos un asunto cultural y un comportamiento tolerado por la mayoría […], solo se podrá combatir cuando se haga desde fuera, desde la sociedad civil, y con un poder judicial independiente. La tribuna, hambrienta, aplaudirá a rabiar la persecución y más aún la caída de cualquier gobernador o funcionario de alto nivel, pero después de ello la administración pública seguirá siendo tan corrupta como antes. […] Y si el público pide más sangre la habrá, se encontrará a quién más perseguir para limpiar al presidente y a los partidos, pero ni van a regresar lo que se llevaron ni se va a terminar la corrupción. La justicia pactada y selectiva no es un acto democrático, es un autoritarismo coral. No fortalece a las instituciones del país, las debilita. No es justicia, es venganza. ¿Eso es lo que queremos?”

Digo lo anterior porque considero improcedente e intolerable que se nos pretenda imponer un pliego de reformas constitucionales poco consensuadas -y mucho menos conocidas- sindicando a todo aquel que las objete de apañar la corrupción directa o indirectamente. Y nosotros, como guatemaltecos, tenemos un deber que cumplir; y la guía para hacerlo ya la trazó Sócrates diciendo que: “El secreto del cambio es concentrar tu energía, no en acabar con lo antiguo sino en crear lo nuevo”.