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Vocación de Libertad
“Cocacolonisation” es la palabra con que Katiuska King Mantilla, firmante como autor del documento de CEPAL “Foreign direct investment in Latin America from the perspective of illicit financial flows: “cocacolonisation” of saving?”, define, según mi entendimiento, el proceso por medio del cual América Latina ha sido utilizada en todos los ámbitos de su vida civil, como la más grandes lavandería de dinero de la droga también producida y llevada a los mercados más grandes del mundo: Estados Unidos de América, Europa y países del Asia.
En todo este proceso, Centroamérica y en particular Guatemala han sido cada vez más importante en la ruta del tráfico físico de las drogas y por supuesto, donde dada la vulnerabilidad en sus frágiles estados nacionales; voracidad y falta de escrúpulos mórales y éticos de parte de su iniciativa privada y la indolente actitud de su sociedad civil nos hemos convertido en centros de lavado de dinero vía el comercio, la industria, los servicios financieros, la construcción y hasta las iglesias. Esto es lo que entendería Katiuska King Mantilla nos traduce en su reporte de CEPAL como: como “Cocacolonisation” en inglés y en español fácilmente podríamos recogerlo como “Cocacolonización”, puesto que esto es lo que ha venido ocurriendo en nuestros países.
Hace unos días, tuve el privilegio de haber sido invitado a la presentación en pre-estreno de un primer documental de su nuevo capítulo periodístico bajo este estilo profesional por el diario digital La República: Relaciones Peligrosas, el cartel de la miseria. En el mismo se vincula con un esfuerzo investigativo importante, documentos de estudios serios, testimonios de testigos presenciales y vivenciales, toda la problemática de la conflictividad minera en el país, con sectores civiles, instituciones estatales, y sectores productivos con la clara presencia del crimen organizado y su omnipresente dinero muy activo en todos los procesos.
Un servidor, en labores investigativas formales para desarrollar estrategias de comunicación y mercadeo social y político a nivel nacional, se ha visto en la necesidad de hacer trabajo investigativo directo aplicando diferentes metodologías que permitan profundizar con mayor efectividad en las formas de ver, pensar y percibir la realidad imaginada en los diferentes estamentos de población, tanto entre lideres de comunidades como en las comunidades mismas y sus diferentes sectores etarios y étnicos. Esto ha permitido que reciba información de primera mano y tenga, además, oportunidad para indagar más a fondo de los usual.
En la medida en que presenciaba el documental: “Relaciones Peligrosas, el cartel de la miseria”, cuando el documental aludía las acciones de financiamiento e involucramiento del crimen organizado, pasaban por mi mente las experiencias de investigación formal de campo que he tenido oportunidad de realizar en los últimos diez años, por lo menos una vez cada dos años y en resumen, sí, si he podido constatar que la gente en los diferentes sectores de edad, educación, urbano o rural y étnicos de diferentes regiones, son claramente consientes y hasta ˝normalizan” ya la presencia de organizaciones del crimen organizado. Estos son actores que con su dinero no solamente ejercen poder sobre la autoridades de turno en el ámbito municipal, a quienes en muchos casos han apoyado financieramente, sino que pagan con su dinero, bancarizado o no, algunas facilidades de infraestructura para salud y entretenimiento o educación por ejemplo y además generar una suerte de certezas para la seguridad local del pueblo donde operan, porque mantienen un nivel de identificación y aplicación de “justicia” para con los delincuentes en la comunidad.
En las reuniones exploratorias de investigación en grupos de profesionales – abogados, maestros, contadores e ingenieros – tanto en oriente como en occidente de Guatemala, es muy común escuchar una exposición de razones positivas con respecto a la acción de actores del crimen organizado en las comunidades en contraste precisamente con la evidente ausencia del Estado nacional o en el peor de los casos, cuando las autoridades mismas protegen a los delincuentes. NO debe extrañarnos, sobre todo en oriente, el énfasis positivo que ponen los opinantes profesionales en la aplicación de justicia por propia mano – ajusticiamiento – que estos grupos practican cuando agarran a un delincuente en flagrancia.
Al final, nuestra verdad es que venimos sufriendo como sociedad un trastorno cultural que o nos atrevemos a frenar o estamos condenados a convertirnos en un narco estado. El efecto negativo del volumen de dinero circulante – ya blanqueado – como productos de actos ilícitos en el país, así como por su contundente efecto negativo en el ámbito de la corrupción que genera con respecto a la vida de nuestros valores tradicionales: valor de la vida misma, trabajo y trabajo duro para lograr metas superiores, respeto a la ley, pensamiento de largo plazo y búsqueda del bien común y en fin, todos los valores positivos de una moral y ética cristiana u occidental como prefiramos llamarla, se ven opacados y son avasallados puesto que nuestra respuesta sigue siendo aletargamiento.

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