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A Fátima y Emilia, en el día del Niño

Lugar Hermenéutico

En el caso particular, la paternidad me llego acariciando los 40 años, uno de los grandes privilegios de no tener un reloj de arena dentro del cuerpo, que biológicamente condicione la edad, para vivir una, sino, la más, bella experiencia que un ser humano pueda experimentar, la paternidad, la posibilidad de inmortalizar nuestra presencia en este plano, por medio del legado.

De ello, hace casi 10 años, la vida en complicidad con mi amada esposa, nos hicieron participe de la más profunda experiencia hasta ahora vivida, ser padre de dos niñas, Fátima y Emilia, tan distintas e iguales como sus ideas y principios. 

Junto con la inmensa alegría de ser padre de dos niñas, es imposible no pensar en el mundo que les tocara vivir a mis pequeñas, en medio de una inteligencia artificial, solo superada por la estupidez humana, familias que se niegan a tener bebes, optando por la crianza de los “perrijos” y una variedad de géneros tal cual, letras del abecedario, pero nunca faltan los destellos de ilusión, por una sociedad mejor. 

El escuchar sus conversaciones, sus mensajes, como se va transformando su mundo a través de los años y experiencias vividas, son elementos que ponen a pensar sobre la importancia de priorizar, volver al origen, a lo esencial a la importancia de la unidad familiar en la vida de un hombre como ser individual y como un ser social. 

Sin duda, este honor de ser padre ha venido acompañado de una serie de responsabilidades y compromisos para procurarles un hogar del cual puedan sentirse orgullosas y les brinde las herramientas para desarrollarse en las diferentes etapas de vida, procurando expandir su potencial, su máximo potencial en todas las áreas.  

Este hermoso camino de ser padre me ha hecho más sensible a la problemática de la niñez en Guatemala, principalmente en lo difícil que es ser niño y adolescente en un país como el nuestro, problemas como la desnutrición crónica (uno de cada dos niños), el acceso precario a servicios básicos como salud y educación, y el riesgo constante de violencia derivada de la pobreza, el reclutamiento por pandillas y la explotación sexual, que incluye embarazos en niñas muy jóvenes

Aterra solamente el hecho de pensar que el 50% de los niños menores de cinco años sufren desnutrición crónica, uno de los indicadores más altos en el mundo, así mismo las principales áreas en riesgo lo constituyen el acceso a la educación primaria, la mortalidad infantil, el acceso a la salud, el combate a la desnutrición, la protección contra la violencia, entre muchos otros temas. 

No en vano, la asociación Save The Children evaluó Latinoamérica y reveló en un informe publicado en 2018, que Guatemala era el peor país para ser Niño, vaya trofeo.  Dudo mucho que la realidad haya mejorado desde ese entonces. 

Ante este panorama, debe priorizarse la atención de la niñez en Guatemala, pues un país que no atiende a sus niños se está condenando a sí mismo a un futuro perverso.  En una nueva celebración de esta fecha, exhorto a poner nuestra especial atención en la niñez de nuestro entorno, partiendo por nuestros hijos, nuestros vecinos, procurando su bienestar, no podemos pensar en cambiar la realidad de la niñez de un país, si no partimos por lo que está a nuestro alcance.  Feliz día del niño, felicidades amadas Fátima y Emilia, gracias por darnos el privilegio, junto a su madre, de crecer y madurar juntos.  Sin familia, no hay sociedad posible…

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