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Asalto a la soberanía

Teorema

“La soberanía radica en el pueblo quien la delega, para su ejercicio, en los Organismos Legislativo, Ejecutivo y Judicial” (Artículo 141 de la Constitución Política de la República de Guatemala).
Soberanía significa independencia, poder con competencia total sobre el territorio nacional y los habitantes, quienes hemos cedido nuestra capacidad individual para decidir sobre asuntos nacionales, en favor de decisiones colectivas, incluso cuando se oponen al criterio propio, pero suceden dentro de los procedimientos de ley, sin fraude ni coacción alguna. Tal autoridad tiene como sólo límite, los mandatos constitucionales y las leyes de ellos derivadas que respetan su supremacía.
En ausencia de mejor explicación, la eventual conformación de un Gobierno Mundial, podría ser el móvil detrás de la actual conflictividad, del fraccionamiento de la sociedad y de los reiterados intentos de romper la persecución judicial y la misma estructura legal de Guatemala.

Continúo con el orden de artículos anteriores.

La tercera fase busca desestabilizar las instituciones del gobierno, para lo que se desarrolla una amplia ofensiva interna que inicia con el sector privado empresarial. “La Maquinaria” invita a una reunión urgente con representantes gremiales de la industria, la agroindustria, el comercio y otros. Sintiéndose importantes, todos aceptan asistir. Un joven con gafas de marco metálico delgado explica en inglés la “grave situación nacional”.  Los empresarios asienten asombrados, como si se tratara de un país remoto. Otro funcionario, de porte autoritario asegura que la exportación de productos y la importación de insumos está en peligro.  Insinúa la posibilidad de racionar el suministro de petróleo y sus derivados.  Las pérdidas para los empresarios, que ya están aterrados, serían cuantiosas.  Al término, aquellos expertos en manipular los han convencido para que presionen al gobierno a favor de los fines que “La Maquinaria” persigue.

La desestabilización del país ha empezado allí.  Quienes se oponen son cercados por los más temerosos que piden no hacer olas. Siempre hay uno que supone adivinar las intenciones de “La Maquinaria” y asegura que su lema es “O estás conmigo o estás contra mí”.Dice que los contrarios serán considerados hostiles y tratados como enemigos.Los empresarios no son ni más cobardes ni más valientes que otros pobladores. En cambio, los capitales, grandes o pequeños, sí lo son, como lo demuestran las colas frente a un banco, ante rumores de cierre. Los empresarios aceptan el riesgo económico propio de competir, pero sienten pavor ante amenazas de origen político donde poco pueden hacer.

A través de sus operadores locales y en secreto, “La Maquinaria” contrata NetCenters. Ellos, usando perfiles falsos, divulgan “fake news”, manipulan cifras, fechas y hechos. Crean y difunden falsas narrativas. Utilizan cuanto medio tienen a mano para robar la dignidad, el prestigio y la reputación a las personas que sus empleadores les ordenan. Mentir es parte de su infame profesión y no constituye ni falta ni delito, por lo que el sentido de culpabilidad está ausente. Eventualmente, también intimidan y atemorizan, pero ellos no cumplen esas amenazas porque su “profesión” no incluye prácticas de violencia física. Los NetCenters tienen miles de cuentas desde las cuales atacan a sus víctimas, hacen parecer que sus mensajes provienen de toda la población, que se trata de una reacción masiva, pero apenas son una veintena de ellos.

 “La Maquinaria” también financia, en esta fase, a grupos internos para que inicien protestas con bloqueo de calles y carreteras y para promover huelgas y disturbios. Favorecen el vandalismo y que se destruya la propiedad pública y privada. Tales manifestaciones son costosas. Involucran transporte, viáticos y una remuneración capaz de hacer que las personas dejen sus tareas habituales y vayan a manifestar. Además, hay que pagar a quienes reclutan, organizan y administran a quienes participan en demostraciones violentas, lo que significa costos adicionales. Un presupuesto de US $100 por manifestante por día podría ser insuficiente y se requiere de miles de ellos. Tal monto difícilmente proviene de individuos, es muy probable que salga de impuestos pagados en otro país.

La quema de estaciones del metro o de autobuses tiene el doble propósito de causar terror y de provocar malestar y enojo social a quienes resultan con dificultad para transportarse cada día. Se impulsa a líderes comunitarios, apoyando a quienes pronuncian los discursos más incendiarios y violentos. Usan a líderes de grupos nutridos, pero poco representados en la política nacional, como las mujeres y personas indígenas. Al manifestar usan pancartas con lenguaje soez, donde destaca la palabra corrupto, ladrón y asesino. Anteponen la frase “hijo de puta” al nombre de sus víctimas.

La cuarta parte del protocolo consisteen una ofensiva externa con participación de la prensa internacional. Un día, uno lee en Nueva York, lo que será noticia en casi todos los diarios importantes del mundo occidental al día siguiente. El origen del hecho publicado pudo ser creado en el país bajo acecho. Por ejemplo, el señor Arévalo dijo que se estaba fraguando un golpe de estado en contra suya. Falsedad evidente ya que, por definición, tal acto sólo podía ser contra el presidente Giammattei y contra nadie más en todo el país. Empero, la noticia se dispersó por el mundo como auténtica y verdadera.

La ofensiva externa contra Guatemala se inició cuando Estados Unidos envió como embajador a un individuo de la calaña de Todd Robinson, autorizado para estar por encima de todas las reglas del comportamiento democrático y violentar, abierta y descaradamente las leyes y convenios internacionales como los de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas. Esos años Guatemala, recibió un trato de Estados Unidos, semejante al que ofrece a sus reservaciones indígenas. El presidente Pérez, primero y Morales después, sumisos, hicieron cuanto Robinson les ordenaba. Ninguno de los dos tuvo el valor de Maduro en Venezuela, quien le dio 48 horas para salir del país y le ordenó no regresar jamás.

Después, como si fueran verdad, organismos internacionales como las Naciones Unidas o la OEA, fijan una postura de condena contra el país víctima de las calumnias que la prensa internacional ha publicado. Los gobiernos tratando de desvanecer los infundios, rinden evidencias contundentes de su falsedad. Pero la verdad no importa. Ha sido sustituida por la narrativa que “La Maquinaria” difundió. Los gobiernos alineados, están a cargo de asestar los siguientes zarpazos. Hacen demandas públicas que divulgan susmedios deprensa y que repiten los demás, por el mundo entero. Refrendan la versión del Imperio, incluyendo veladas amenazas sobre el comercio. Otros mencionan que podrían congelar cuentas en bancos privados del extranjero, no solo del gobierno bajo asedio sino también de empresas, instituciones y personas. Cuando es atingente, amenazan con suspender o gravar, el envío de remesas familiares.

El golpe final llega cuando uno de los organismos internacionales, a que pertenece el país en cuestión, se atreve a acusar y juzgar al país víctima, cuyo gobierno debería denunciar con vigor, que ha sido objeto de injuria, que ha permanecido bajo asedio, que ha mediado la mentira, el engaño y la traición. Que ha sido presionado y sujeto a chantaje. Que han usado los crímenes reales o ficticios cometidos por el gobernante y sus allegados (que pueden ser muchos y muy graves) para envilecer a todo el país.

Pero sabe que en la población hay credulidad y también perfidia. Que la narrativa creada por “La Maquinaria” y repetida mil veces, en las manifestaciones y bloqueos, por la prensa y en las redes sociales por los “NetCenters”, han permeado en la ciudadanía que ha absorbido todo como si fuera verdad. Sabe también que es demasiado tarde para defender el país, porque el gobierno no tendría respaldo popular. Los habitantes, en vez de comprender, que es el honor de la nación entera el que ha sufrido agravio, verían la oportunidad de sacar los resentimientos acumulados y se uniría a las voces extranjeras que los vilipendian. El gobierno sabe que puede más el rencor hacia ellos que el sentido de dignidad nacional.

Antes, el protocolo de “La Maquinaria” terminaba con otras dos acciones: Quinta: Invasión del territorio y Sexta: Masacre de las fuerzas armadas nacionales y de parte de la población civil.

Invasión y Masacre. Las masacres prácticamente han sido descartadas del protocolo de procedimientos. Por su parte, las invasiones armadas, con marines a la cabeza, están siendo sustituidas, con uso de inteligencia artificial y otras formas de tecnología digital. Lo que en 2013 inició Cambridge Analytica con las herramientas tecnológicas de entonces, hoy evolucionadas de manera notable. La modalidad sustituta de las invasiones son los fraudes electorales cometidos en contubernio con las autoridades a cargo de administrar los comicios. Se trata de una tecnología que escapa al conocimiento incluso de los expertos locales en esa área. Cuando los electores llegan a darse cuenta, los más conspicuos postulantes son descalificados y poco después, de súbito ¡Pum! un candidato en la más alejada posición pasa inexplicablemente a una posición ganadora.

Cuando esto sucede, el golpe ha sido dado, las protestas son acalladas, “La Maquinaria” pone en funcionamientos sus recursos tradicionales el programa desestabilización se impone, hasta pasada la juramentación de las nuevas autoridades. La conducción del país queda a cargo de algún político ambicioso con débil raigambre nacional. Uno a quien no se erizan los vellos de la piel cuando escucha el himno nacional. Una persona que ha adquirido el compromiso de obedecer las instrucciones de “La Maquinaria”.

¿Podría ser esto lo que ahora se está consumando en Guatemala y que el Imperio se prepara para gobernar a través de un gobierno elegido a su mejor conveniencia? Será profética la maldición de Gramajo cuando dijo a Porras: “Van a poner a cualquiera de estos pendejos, pero cada vez más, las decisiones importantes de Guatemala se tomarán desde afuera”.

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Le invitamos a leer más del autor:

José Fernando García Molina

Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléctrica de la Universidad de San Carlos, una licenciatura en ingeniería industrial de la Universidad Rafael Landívar –URL–, una maestría en economía en la Universidad Francisco Marroquín –UFM–-, estudios de especialización en ingeniería pentaconta en la ITTLS de España.

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