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Cambio climático desde el Apocalipsis hasta la indiferencia

Sueños…

La COP28

Ha terminado el ciclo de la COP28, celebrada en Emiratos Árabes Unidos, Dubai, una de las cumbres anuales para alertar a los humanos de su influencia sobre el cambio climático y los riesgos que conlleva para la destrucción de las condiciones de vida en el planeta.

El balance siempre nos deja varias sensaciones. Una, se logran acuerdos, que aunque mínimos aguzan la alerta y permiten que el humano tome consciencia de sus acciones y se comporte más protector del resto de seres vivos. Dos, que nuestra cultura y crecimiento económico están basados en el uso intensivo de energía y materias primas fósiles y lo que podemos aspirar es a detener su uso intensivo. Tres, que no pasa nada, que son opiniones escandalosas y que podemos continuar saqueando los recursos y aumentando la población humana sin problemas, pues somos tan inteligentes que siempre encontraremos nuevas tecnologías para sobrevivir.

No obstante la vaguedad y contradictorio de los acuerdos sí nos queda la sensación de que nos enfrentamos al reto más importante de nuestras vidas. Seguimos promoviendo unas relaciones económicas internacionales basadas en la eficiencia y competitividad de los mercados con un auge impresionante de la tecnología y la producción que generan enormes cantidades de bienes y servicios, en su mayor parte innecesarios para vivir una vida de consumo basada en una visión hedonista exponencial, con una dirección acelerada hacia la destrucción de las condiciones de vida en el planeta. La alternativa es conformarnos con un consumo más racional y sencillo e iniciar el proceso de protección del planeta y el resto de las especies.

Qué nos da la teoría

La teoría de económica, profundiza su conocimiento de la realidad con la revisión completa de un viejo paradigma: el comercio ambiental. En los últimos cuarenta años la ciencia y la sociedad están enfrentadas a un gran reto. Comprender la relación dinámica y contradictoria entre relaciones económicas internacionales y protección del medio ambiente. Lo cual viene generando la construcción de una teoría integral y comprensiva que permita interpretar los cambios en la economía mundial y su impacto creciente sobre el medio ambiente. Hoy pretendemos hacer una síntesis de las teorías existentes y presentar a los lectores una visión que permita encontrar soluciones racionales a una relación compleja y destructiva.

La doctrina que presentamos la llamaremos comercio ambiental. Comercio ambiental es un estudio, una reflexión sobre cuáles son los componentes fundamentales de las relaciones económicas internacionales y su efecto sobre el funcionamiento de la naturaleza. Queremos comprender como mediante el intercambio de bienes, servicios, materias primas, bienes de capital, dinero y tecnologías modernas, así como con el acelerado incremento del consumo homogéneo mundial interactuamos con la Tierra en su conjunto, generando problemas de destrucción de recursos naturales, afectando las condiciones de vida y deteriorando el hábitat del resto de las especies; desarrollando una visión de cómo podemos enfrentar los problemas ambientales tratando de encontrar una solución justa y natural.

Conforme la integración productiva, consumista y cultural del mundo se ha homogenizado dando lugar a la cumbre de la globalización, cada vez somos más conscientes del impacto en el cambio climático, la desaparición de las especies y el deterioro de las condiciones que son el resultado de nuestra actividad productiva y comercial. Entonces, como diría el destacado ambientalista G. Tyler Miller “… ¿qué podría ser más importante que entender cómo funciona la Tierra, cómo estamos afectando el sistema de sustento de la vida y cómo podemos reducir nuestro impacto ambiental?”.

Nos ha tocado vivir en un momento especial. Nuestras fuerzas productivas y la comprensión científica de la naturaleza nos han permitido elaborar bienes y servicios cada vez más sofisticados para consumir, comunicarnos y vivir en forma estable. Desde 1962, “cuando la bióloga Rachel Carson escribió Silent Spring, en el que presentó el escenario de un futuro sin los cantos de los pájaros y con otras terribles consecuencias de continuar contaminando el ambiente con DDT y otros pesticidas”, pasando por diversos encuentros internacionales para hacer consciencia sobre nuestro impacto sobre la naturaleza estamos cada vez más conscientes de que en el momento presente, los primeros pasos del siglo XXI serán fundamentales para generar una dirección estratégica correcta de construcción de una visión de las relaciones internacionales basadas en la cultura de sobrevivir en un sistema sostenible con la naturaleza y el resto de especies o, por el contrario, vamos a seguir la senda del consumismo y la procreación humana sin límites hasta degradar irremediablemente las condiciones de vida del planeta.

Nos enfrentamos a un problema de deterioro ambiental que cuesta ser comprendido, aunque aparentemente es sencillo. La dificultad estriba en que un pequeño grupo de pensadores lo presenta como el fin del mundo, mientras que la mayoría de la gente nota los cambios pero no siente que afecten sus actividades de vida diarias en forma fundamental.  Erick Hobsbawm lo presenta así “…Los problemas ecológicos, aunque son cruciales a largo plazo, no resultan tan explosivos de inmediato. No se trata de subestimarlos, aun cuando desde la época en que entraron en la conciencia y en el debate públicos, en los años setenta, hayan tendido a discutirse erróneamente en términos de un inminente apocalipsis.” (Hobsbawm, p.561, 1998).

Un balance sin ambiciones del Acuerdo de París

Primero, las promesas, según la última COP, que no será la última, los acuerdos de estas cumbres tienen por objeto fortalecer la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y los esfuerzos para erradicar la pobreza. Todo lo cual suena como villancicos de navidad, pero sin determinar cómo y cuándo se alcanzarán estos bellos objetivos. Mientras el sistema que los humanos utilicemos para producir, intercambiar y consumir bienes sea el todopoderoso capitalismo, es una quimera imaginar una respuesta adecuada a la amenaza del cambio climático, pues lo primero es producir bienes y servicios para generar utilidades e incrementar el capital, lo cual es la principal amenaza. Este sistema muestra como demagogia la bandera del desarrollo sostenible, pues no puede ser sostenible el sistema que utiliza la maquinaria tecnológica e industrial para extraer sin contemplaciones los recursos naturales y menos para reducir la pobreza.

Supuestamente el Acuerdo de París, dispone que la acción de protección del ambiente se aplique para reflejar la equidad y el principio de responsabilidades diferenciadas. Lo que nos deja, como todos los temas tocados, en medio de la nada. Sí queremos equidad todos los países debieran aplicar las mismas medidas, sí la responsabilidad es diferenciada entonces significa que no todos podemos actuar igual y que no todos somos igualmente responsables del deterioro ambiental. Como no existe nadie capaz de evaluar con propiedad estos temas, pues los acuerdos quedan en vanas declaraciones de cariño por el explotado planeta.

El acuerdo de Dubai, o de EAU, es una enumeración más de los problemas acumulados por la sociedad mundial, y que se declaman cotidianamente sin ninguna propuesta de solución, pues no la hay en el marco del capitalismo, y no existe otro sistema tan eficiente ni productivo que pueda sustituir al sistema de precios y mercados. Por lo que se termina hablando parabólicamente como iluminados que reconocen los problemas pero no pueden resolverlos. Por ejemplo, en la última COP se dice que reconociendo que el cambio climático es una preocupación común de la humanidad (lo cual no es cierto, el 90% de los humanos viven para sobrevivir y les importa un comino el conjunto de problemas ideológicos de políticos, intelectuales y poetas). Y, el acuerdo pone, sin quererlo el dedo sobre la llaga, ya que menciona que no puede existir una reducción del uso de combustibles fósiles y acciones humanas capaces de reducir el cambio climático si no se proponen y alcanzan una miriada de objetivos pendientes de la sociedad humana. Se enumeran esos objetivos inalcanzables: las partes deberían, respetar, promover y considerar sus respectivas obligaciones en materia de derechos humanos, el derecho a una vida limpia, saludable, el derecho a la salud, los derechos de los pueblos indígenas, las comunidades locales, migrantes, niños, personas con discapacidad y personas en situación de vulnerabilidad y los derechos desarrollo, así como la igualdad de género, el empoderamiento de las mujeres y la equidad. Sí primero alcanzamos esto, luego podríamos pensar en la protección del ambiente. Además, reconociendo la prioridad fundamental de salvaguardar la seguridad alimentaria y poner fin al hambre, en medio de las vulnerabilidades de los sistemas de producción de alimentos a los efectos adversos del cambio climático. El eterno dilema del humanismo, primero el humano, después el diluvio.

No podemos permitir más demoras. Los costes serían aún mayores y los puntos de inflexión en la crisis climática se alcanzarían con más frecuencia. Es hora de que el mundo acuerde una acción integradora. Antes de que sea demasiado tarde.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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