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Cobertura, Calidad, Pertinencia y Equidad Universitaria para la juventud

Antropos

“En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio. El odio termina estupidizando porque nos hace perder objetividad ante las cosas, el odio es ciego como el amor, pero el amor es creador, y el odio nos destruye”. José Mujica. Pensador latinoamericano.

Ciertamente hoy día, existe una mayor demanda por la enseñanza superior en cada uno de los rincones de nuestro país, porque los jóvenes han comprendido qué a pesar de todas las limitaciones de una sociedad injusta, donde sobresale la pobreza, marginalidad, discriminación, drogadicción, corrupción y obtención de dinero fácil, entienden que el estudio es la palanca real para la movilidad social. Lo cual se percibe como la posibilidad de los graduados universitarios para ascender en la escala socioeconómica, dadas sus competencias profesionales que les abren el camino de la empleabilidad.

A contrapelo de estas aspiraciones, también se detecta por estudios realizados en el campo educativo, que uno de los problemas a resolver, es la equidad y calidad, patentizada en el hecho dramático de las bajas notas de los exámenes de ingreso a la universidad, lo cual limita el acceso a un centro de educación superior. En el fondo, lo que está en el escenario educativo, es el mediocre nivel de los estudiantes graduados de nivel medio, En dos platos, los que puedan tener alguna posibilidad de acceso a la educación superior, cuentan con débiles conocimientos en su llamada formación. Lo que se profundiza además por la escasa escolaridad de su entorno familiar. Esto se traduce en una triste realidad en cuanto que la equidad disminuye por estos factores vinculados a un sistema educativo nacional quebrado académicamente. Obviamente, si de verdad los jerarcas y pedagogos del sistema educativo nacional, tuvieran la voluntad y entereza política de avanzar mano a mano con la cobertura, calidad, equidad y pertinencia, otra sería la realidad de los jóvenes con ilusiones de estudiar y formarse adecuadamente. Y a su vez, nuestro país estaría ubicado satisfactoriamente con los estándares internacionales.

En tal sentido, uno de los grandes desafíos que se debe tomar en cuenta, consiste en el fortalecimiento de la educación superior. Porque también debemos reconocer con objetividad que las universidades, relativamente, se han esmerado en torno al mejoramiento de la academia orientados a superar las tensiones de la cobertura, calidad, pertinencia y equidad. Para lo cual cuentan con el esfuerzo y aprovechamiento de los mejores docentes, investigadores, estudiantes y trabajadores administrativos. Es un desafío que se ha enfrentado de manera adecuada, a pesar de las limitaciones de la “jaula de hierro” que amarra las más grandes ilusiones de construir una mejor universidad.

Es un hecho que en términos generales, los estudiantes cuyo origen es semi rural o de áreas marginales de la ciudad, tienen dificultades para dar cumplimiento a sus aspiraciones de ingresar a la universidad, porque centralmente, están rodeados de un entorno de  problemas profundos y de carácter estructural, como  es  el deterioro de sus condiciones de vida, agudización de pobreza y pobreza extrema, racismo aunado al crecimiento de privilegios de un sector minoritario que ostenta el poder real de Guatemala y dificulta entre otras cosas, la puesta en marcha de un Estado de derecho, incluyente y de una democracia participativa en el ámbito económico y social, que facilite superar los rezagos de la formación educativa de la juventud.

Ahora bien, ¿cómo responden las universidades a las aspiraciones educativas de los jóvenes guatemaltecos? Sabemos que la preocupación lo constituye mejorar la calidad de la educación superior, que significa formar a los egresados con unas competencias que respondan con inteligencia y capacidad a los requerimientos de la sociedad. Y a su vez, a nivel general, pensamos que es necesario la reconceptualización de la ciudadanía y el fortalecimiento de una democracia con rostro humano, en el que no sólo exista participación electoral, sino de una democracia social, económica y multicultural. Solamente en una sociedad en donde se puedan superar los grandes rezagos históricos, es posible formular políticas mucho más profundas en el ámbito de la cobertura, calidad, pertinencia y equidad universitaria. Ahí uno de los grandes desafíos a lograr con responsabilidad.

Frente a este fenómeno social, la universidad debe poner en marcha nuevas propuestas en el ámbito de la oferta académica, así como la puesta en escena del uso creativo, inteligente y adecuado de las tecnologías de la información y la inteligencia artificial, de manera conjunta con la sociedad civil y la sociedad política, de forma descentralizada para el logro y ampliación de la cobertura al interior del país. En efecto, la universidad debe ser un componente esencial en el desarrollo de la sociedad, para contribuir a la elevación de los niveles de vida de la población, así como incentivar la participación ciudadana en su transformación.

Desde esta perspectiva, uno de los retos de la universidad, es atender adecuadamente el problema de la cobertura-calidad-equidad-pertinencia, en nuestro país, para lo cual, se deben promover programas que atiendan en primer lugar, a los estudiantes de primer ingreso, a fin de alcanzar las competencias deseables que les abra las puertas de las diversas carreras universitarias. Es un hecho, tal y como se ha analizado, que existen vacíos en la formación de los graduados a nivel de ciclo diversificado en áreas como Lenguaje, Matemáticas, Física, Química y Biología. Carencias que se heredan de un sistema educativo nacional prácticamente colapsado y de muy baja calidad.

A fin de avanzar como país en el ámbito de la educación, se debe considerar con seriedad el logro de un gran ACUERDO NACIONAL, que postule las orientaciones para el logro de este pacto pedagógico, en el que se aúnen las potencialidades de las universidades, de la dirigencia magisterial, y de los poderes del Estado como lo es el gobierno central y el Congreso de la Republica. Esto permitiría abordar a fondo la problemática y definir, inspirados en el documento de la Reforma Educativa de los Acuerdos de Paz, que la educación debe ser considerada como de la más alta prioridad para el Estado…”

Por lo que es necesario una voluntad política que garantice en el horizonte estratégico, la continuidad y sostenibilidad creadora, lo cual exige un amplio consenso social para la cristalización de un pacto pedagógico de gran profundidad. Contrariamente, seguiremos por un camino inundado de mediocridad y exclusión.

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