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¿Cuál es la más básica, más fuerte, violación de la libertad?

Idealis Mundi

La naturaleza, que es anterior al hombre, de hecho el ser humano resulta de un desarrollo espontáneo natural, tiene claramente un ordenamiento: la tierra da vueltas regularmente alrededor del sol que le brinda una energía imprescindible para la vida, y así todo en el universo se desarrolla espontáneamente -intrínsecamente- para el crecimiento de la vida. 

En un video de Natureisspeaking.com, con la voz de Julia Roberts, “la Madre Naturaleza” asegura que «ya tengo más de 4500 millones de años, estoy preparada para evolucionar, no necesito a los humanos, sino que ellos me necesitan a mí, no importa lo que el hombre haga, si me sigue evoluciona conmigo sino se destruye». 

Esto ya lo sabían los griegos, como Aristóteles que definió a la violencia como la fuerza extrínseca que pretende desviar el desarrollo intrínseco -espontáneo- natural de la vida. 

La violencia equivale a quitar libertad, al desviar el desarrollo intrínseco -contra su voluntad- de un ser. Ergo, violencia y libertad son opuestos lógicos. Por cierto, la Lógica es una ciencia, no mi opinión. De hecho, precisamente la eficiencia en el mercado (en la sociedad en general) se maximiza cuando las relaciones son libres, con ausencia de coerción, ya que las interacciones solo se dan si cada parte recibe en el intercambio lo que mejor le conviene.

Entonces, como bien dijo la “Madre Naturaleza”, si el hombre la sigue, evoluciona con ella, sino se destruye. De aquí la ineficiencia estatal, desde que el Estado se arroga el monopolio de la violencia con la que impone “leyes” que van contra lo natural y, precisamente por ello, necesitan imponerse por la fuerza.

Podrá decirse, siguiendo la lógica, que estatismo y violencia conforman una tautología, y no hace falta decir que siempre, porque excepciones o atenuantes conllevarían una contradicción lógica. 

Corolario: el principal enemigo de la libertad es la violencia, y su expresión más cruda, las guerras que comienzan en el armamentismo. Y esto debe quedar muy claro, para desenmascarar a la derecha conservadora, y hasta neofascista en muchos casos, que asegura falsamente bregar por la libertad, generalmente por ignorancia, aunque también muchas veces hipócritamente.

En 1870, uno de los más grandes pensadores de América, padre de la Constitución argentina, Juan Bautista Alberdi, y en mi opinión el mejor prócer argentino sino el único, escribió, en su obra más importante, “El Crimen de la Guerra”, que «el derecho de la guerra es… el del homicidio, del robo… de la devastación… esto es la guerra… el derecho del crimen, contrasentido espantoso y sacrílego».

Decir que usarán la violencia para defender la libertad es una definitiva demostración de primitivismo en el sentido de actitud irracional surgida de impulsos primarios y, por tanto, incoherente. Y su resultado, consecuentemente, es el opuesto a lo que se pretende.

Basten dos ejemplos de acciones militares muy promocionadas por los Estados interesados, al punto de que hoy la enorme mayoría de la opinión pública repite la historia oficial sin análisis objetivo alguno.

Por un lado, la reciente intervención de Trump a lo Rambo en Venezuela. El resultado real ha sido, al menos en el mediano plazo sino definitivamente, una notoria consolidación del régimen chavista, sepultando las aspiraciones democráticas de Corina Machado y reteniendo a la enorme mayoría de los presos políticos.

Por otro lado, la Segunda Guerra Mundial (SGM). El conservador actor Charlton Heston, afirmó: «recuerdo estar volviendo desde ultramar en una mañana soleada de victoria al final de la SGM… pensábamos que la libertad rápidamente se esparciría por el mundo, que quedaría libre de guerra y tiranía. Estábamos equivocados. Fue la tiranía (soviética) la que prosperó». 

Sin dudas, se terminó la locura nazi, pero se reforzó otra peor, la stalinista que propagó el comunismo, el terrorismo y la guerrilla por todo el globo, instaló a los Castro en Cuba, que, a su vez, sostienen al chavismo. Tiranía que luego cayó, lógicamente, pacíficamente por aquello que decía la Madre Naturaleza: “si el hombre no me sigue, se destruye” solo, se cae por su propio peso. 

Las últimas iniciativas de Donald Trump, como sus aspiraciones de controlar Groenlandia o la creación sumamente irónica del estatal -ergo, basado en la coacción del Estado- de un “Consejo para la Paz” que competiría con la ONU, dan lugar al aumento de un 50% en el gasto militar, decisión anunciada después del éxito registrado en Venezuela por las fuerzas estadounidenses. 

Según el SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), el gasto militar de EE.UU. en 2024 ya era de USD 997 mil millones, por lo que no sólo el más alto del mundo sino que además representa el 37% del gasto global. Lo sigue China con un gasto militar de USD 314 mil millones, un tercio de lo destinado por EE.UU. Washington asigna al gasto militar el 3,4% de su PBI, mientras que Beijing le destina el 1,7%, exactamente la mitad. 

No creo que sea serio decir que el Estado comunista chino no tiene pretensiones imperialistas, pero, irónicamente, pareciera de que se han convencido de que el camino es el libre comercio y no las armas que, por el contrario, perjudicarían su sigiloso pero vertiginoso avance por el mundo.

El otro argumento primitivo, falaz, contrario a la lógica, ergo, contrario a la ciencia, que utiliza particularmente la derecha, es que el mal existe, que tiene existencia propia. Atrasando más de mil años en el pensamiento humano dado que ya San Agustín de Hipona sabía que el mal no tiene existencia propia, sino que es solo ausencia de bien. Desde su punto teológico decía que de existir el mal debería haber sido creado por Dios -Señor de toda la creación- y esto es un absurdo, ya que Dios -la infinita bondad- no puede crear el mal. 

El mal es ausencia de bien dice la ciencia, como la oscuridad que no tiene existencia propia, sino que es ausencia de luz. La oscuridad es ausencia de las ondas luminosas y se revierte encendiendo la luz, enviando ondas luminosas. El mal, dice la ciencia, no tiene existencia propia desde que el bien es el desarrollo natural del cosmos, de la vida y no es pensable que la naturaleza se desarrolle en contra de sí misma, sencillamente no tiene sentido. 

Dicho en términos de la Ciencia de la Física, es ilógico pensar en una fuerza que vaya contra sí misma, o no hay nada o hay una fuerza, negativa o positiva pero esto se refiere solo a la dirección y el marco de referencia.  

Y claro, la “ventaja” de decir que el mal existe es que pueden argumentar que deben castigar a los malos. Y quiénes son los malos, pues aquellos que a ellos les conviene que lo sean para defender sus intereses egocéntricos, violentos. 

Precisamente, esos enormes gastos militares se pagan con impuestos que recaen con más fuerza sobre los más débiles ya que, por ejemplo, los empresarios los pagan subiendo precios, y los pobres absorbiendo esos aumentos. De hecho, el Estado de este modo es el mayor creador de pobreza sino el único.

Entonces “los malos” son los que no pagan esos impuestos y los que salen a protestar porque están siendo empobrecidos y los reprimen, obviamente, con esas armas que ellos financian. Me recuerdan a la locura del Estado de Irán de exigir “cuota por bala”, un pago para poder recuperar los cadáveres asesinados por las fuerzas estatales.

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Alejandro A. Tagliavini

Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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