
Destinos disímiles
Anotaciones
Yo creo en muchas cosas que no he visto/y ustedes también, lo sé/No se puede negar la existencia de algo palpado/Por mas etéreo que sea/ No hace falta exhibir una prueba /De aquello que es tan verdadero.
Willie Colón
Quizás, amar sea el “eslabón” perdido de la humanidad y, hasta llorar apoyada en el féretro mirando su rostro, barba cuidada, gorro y corbatín no me la creía, que la muerte se lo lleve y solo me salva ese pensar rumiante “es un sueño, una pesadilla por la indigestión”.
A los meses, años se cree vivir sin la otra mitad del cuerpo en duelo y no sé del extraño pacto lento sin sufrir se ama mas en los sueños, se recorren paisajes oníricos, se notan gestos frescos, cuentos del viaje, retornos, encuentros y charlas desconocidas, enigmas de conversas olvidadas con todo el tiempo a la escucha al revisar los mediodías del almuerzo con las teclas de Franz Liszt.
Ya, no es la convivencia normal, la certeza visible, porque es un proceso del puro sentir, de la sensibilidad; ajena al mundo conceptual se vive en íntima soledad compartida con los seres idos y; el conversar sin hablar se “cuentan vivencias”, como acontecimientos al aumento de la familia con tres nietos varones que los describo y es casi una orden risueña “me gustaría conocerles” y siempre repetías en tu convalecencia ¿cómo serán? Y, a partir de ese día, en pleno silencio cumplo ese deseo; que pasaron del soñar al escucharte en un tiempo especial y comento mis años sin tí, sentido en otras formas intempestivas… Aprendo a leer signos, espacios y tejer la memoria en voces.
Estuve muy triste por la noticia de la muerte de Willie Colón y, recuerdo de como gozamos en Caracas en el bar restaurante Tio Pepe, Gibus del Callejón, veíamos el amanecer y subíamos a nuestro Cristal Azul, eran viernes chiquito, o sea un jueves, y, siempre lista para el viernes a bailar salsa brava durísima, al son del trombón, cálida voz de Willie, quien reinventa la salsa brava y los bailarines con sus pasos de quiebre tango calipso con su picante caribeño.
Epoca de ser tu gitana y la canción era para mí, me llamabas gitana y me la creía porque echaba las cartas, leía las manos… pero, hoy es 21 de febrero, estamos en Piscis, año nuevo chino, la cuaresma; no podía resistir la avalancha de imágenes, tu sonrisa y esa seductora mirada al acariciar mi rostro. Recuerdo a mi amiga tica Katísima al llamar “corre corre anka” medio me sonrío y corren goterones; bajó rápidamente y le cuento a mi vecina de la planta baja que estaba fumando con su marido y responde “que tristeza”, y le digo voy a salir a cantar y bailar; cierro el portón, veo un cielo medio oscuro, cuando revienta un torrencial aguacero que no me daba pie a regresar y la amiga del negocio de las empanadas me socorre con el paraguas, voy a medio correr, cruzo el semáforo y a una cuadra el bar restaurante con mis amigas nicaragüenses: Maria y Erica que me atienden muy contentas, hay un gentío de personas mayores y pocos adultos jóvenes; saludo a la pareja adulta que pide una canción del “diablo de la salsa” Oscar de León, que estuvo en Palmares de Alajuela el mes pasado.
Los amigos no sabían de la muerte del trombonista y fue una conversa dolorosa, de recuerdos, la música del difunto que solicitábamos y, el espacio era digno de su despedida; la Parca nos lleva, es el destino de los mortales y, no sabemos nada, pero, si podemos sentir con las antenas del amor, energía, cambios, fantasmas, visitas y, del amor inmortal a pesar de la desaparición física.
Al dejar de llover me preparo para regresar a la casita y, entran dos jóvenes adultos, quienes se dedican a ver futbol, juega el Saprisa me dicen y que ligue a ganar y, les comento de Willie Colón, de sus giras a Venezuela; estos jóvenes tenían una cultura general, sensibles al arte, comprensivos de la situación geopolítica mundial, y la de Venezuela como las elecciones en Costa Rica que marchan a una derecha conservadora como del líder Charles Manson que David tenía puesto una franela con su rostro, del líder de la secta satánica de la familia Manson.
Las fuerzas del mal, del dogmatismo, crímenes de lesa humanidad confrontan al bien al amor, solidaridad y con el arte se puede subvertir con la resistencia cultural como las canciones de Willie Colón y Bud Bonnie nos dio algo de respiro en el Super Bowl LX al canto digno de la identidad latinoamericana y capacidad resiliente de los migrantes.
Hubo una especie de deja vú, con esos chicos casi cuarentones y las barras de Caracas con jóvenes aristas, poetas, migrantes colombianos, sureños con canciones de la trova cubana, los pasillos de humanidades, la parroquia de la UCV, los libreros, el Reloj, la Tierra de nadie, Sierra Maestra del 23 de enero, que se le puso en honor a Fidel Castro al visitar Venezuela. Las «coincidencias” de mundos paralelos, similitudes y siempre le cantaremos al amor, a las incertezas, a la esperanza de paz y justicia social, porque todo pasa en un instante y, no sabemos si despertaremos mañana o quizás haya gente dormida, sonámbula, zombie, tragada por el desprecio e inhumanidad.
Nada detiene al morir, ser pasajeros del penúltimo tren, rumbo al tercer milenio y, creo, que nos merecemos vivir en sana paz activa; porque todos y todas nos pertenecemos en un punto luminoso humano.
Oh, ¿qué será?, ¿qué será?/ Que anda suspirando por las alcobas/Que se oye susurrando en versos de trova/Que anda combinándonos preguntas locas/ (… )Que vive en las ideas de esos amantes/Que cantan los poetas mas delirantes/ Y juran los profetas emborrachados/(…) Que me despierta por la noche/Y me hace temblar, me hace llorar/ Oh, ¿qué será?/Son fantasmas, somos fantasmas, siento la puerta tocar tres veces…

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