El defensor de los indios
A firma André Saint-Lu, ilustre hispanista y especialista lascasiano, en la dedicatoria de la edición española de Condición colonial y conciencia criolla, que Fray Bartolomé es una de las personalidades más destacadas de la historia de Guatemala. Lo más terrible que sucedió a partir de 1524 fue la inhumana explotación a que fueron sometidos los indígenas. Y sumás grande defensor fue el fraile dominico, justamente considerado el primer gran activista de los derechos humanos.
Pero la lucha de Fray Bartolomé no fue un hecho aislado dentro de la familia dominica. Fue, diríamos en términos actuales, parte de una política institucional sostenida a lo largo y ancho de América. Su punto de partida fue el célebre sermón de fray Antonio de Montesinos, en la misa del cuarto Domingo de Adviento de 1511, en la iglesia conventual de La Española (hoy Santo Domingo), que prepararon todos los miembros de la comunidad, por encargo del superior. Todos estáis en pecado mortal -afirmó Montesinos-y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? Diego de Colón, hijo del descubridor, exigió que fray Antonio se retractara en el sermón del domingo siguiente. El religioso, dando muestras de la convicción y valentía que caracterizó la postura de los dominicos en este tema, ratificó las denuncias.
Las Casas, ya clérigo y, al mismo tiempo encomendero, se encontraba entre los oyentes y recogió el texto en su Historia de las Indias. Seguramente influenciado por un dominico que le negó la absolución por tener indios en encomienda, renunció a ellos en 1514, comprometiéndose a dedicar su vida a la defensa de los indígenas. En 1515 viaja con Montesinos a España para presentar sus denuncias ante el rey e ingresa a la Orden de los Predicadores en 1522. En 1534, después de experimentos fracasados en Venezuela y Nicaragua, regresa a Guatemala -donde ya había estado por invitación del padre Francisco Marroquínpara aplicar exitosamente su método de evangelización pacífica en la tierra que sería conocida como de la VeraPaz.
En 1555 es creada la diócesis de Verapaz y el primer obispo dominico en tierras de lo que hoy es Guatemala fue fray Pedro de Angulo. Ese año también sufren el martirio, a manos de lacandones, los primeros mártires dominicos, fray Domingo de Vico y fray Andrés López. Regresando a fray Bartolomé, su tenacidad y la de su orden ante Carlos V provocó la promulgación de las Nuevas Leyes de Indias en 1542, que constituyeron un alivio para los indígenas, como reconoce el autor de los Anales de los Cakchiqueles.
En Guatemala fueron aplicadas hasta 1548, pues el primer presidente de la Audiencia, Alonso de Maldonado, pese a que fue recomendado por Las Casas, se plegó a los encomenderos. Pero Fray Bartolomé mueve sus influencias y llega Alonso López de Cerrato, quien aplica las leyes con toda energía. Sabiendo que este contaba con el apoyo de Fray Bartolomé, el Ayuntamiento de Santiago de Guatemala lo tilda en una carta al rey de fraile no letrado, no santo, envidioso, vanaglorioso, apasionado, inquieto y no falto de codicia (..) y sobre todo escandaloso.
El interés por Guatemala se debe seguramente a que, como señaló al dirigirse al rey en su calidad de obispo de Chiapas, en defensa de Cerrato, de todas las partes de las Indias, donde más excesos y desorden ha habido en hacer injusta e inicia y malvadamente los indios esclavos, ha sido en Guatemala y Chiapas. Las Casas sufrió un intento de asesinato en Ciudad Real y, en León, Nicaragua, fue asesinado el obispo dominico Antonio de Valdivieso, otro gran defensor de los indígenas. Afirma un jurista español -Emilio García García- que Fray Bartolomé es un eximio representante de la generación cero de los derechos humanos, un adelantado a su tiempo (…) En el siglo XVI fue capaz de situarse en un plano supranacional, universal, defendiendo los derechos de todos los hombres (…). Su vida fue un compromiso con la dignidad del hombre, la libertad, la justicia, la paz. Ciertamente cometió algunos errores, pero no por ello es justo y oportuno, en la celebración de los 800 años dominicos, rendir homenaje a esta figura señera de la historia universal.

