
El Último Notable
Teorema
Un Ciudadano Notable es una persona distinguida dentro de una comunidad o país. Tiene reconocimiento social, se ha ganado el respeto y la admiración del público por su integridad y liderazgo moral. Sus acciones y su trayectoria han dejado huella importante en el bienestar o progreso de la sociedad. En algunos países es un título honorífico formal que conceden las autoridades locales para distinguir a los ciudadanos ilustres que son ejemplo para la comunidad. En Guatemala solo se ha empleado esta distinción para honrar a dos personas. Entre ellos estuvo Norman Mario Permuth Listwa, cuya muerte reciente es causa de mi actual pesadumbre.
En 1987, durante el gobierno de Vinicio Cerezo, se creó la Comisión Nacional de Reconciliación (CNR), que había sido concertada en los Acuerdos de Esquipulas II. La integraron, el vicepresidente Roberto Carpio, quien representaba al Gobierno; Jorge Serrano a los partidos políticos y Monseñor Rodolfo Quezada, a la Iglesia Católica. También formaron parte de esa Comisión dos ciudadanos, destacados, poseedores de una trayectoria impoluta, quienes después serían clave en el proceso. Ellos, más que merecidamente, fueron declarados oficialmente “Ciudadanos Notables”.
Es importante hacer notar que en Guatemala, ningún gobierno había hecho una declaración semejante, ni lo hizo ninguno de los posteriores, hasta la fecha. Tal designación recayó en la Ciudadana Notable Teresa Bolaños de Zarco y el Ciudadano Notable Norman Mario Permuth Listwa.
Monseñor Quezada Toruño, quien en 2003 fuera nombrado Cardenal por el Papa Juan Pablo II, también, por méritos propios habría merecido la condición de “Ciudadano Notable”, pero no fue designado oficialmente como tal. Su nombramiento fue: Presidente de la CNR y más adelante “Conciliador del proceso de paz”.
La Comisión se auto disolvió el 5 de julio de 1993, poco después de que Ramiro de León asumiera como Presidente. Una copia de la documentación quedó en manos de la ONU, otra en la nueva Presidencia que la entregó a su sucesor, el gobierno de Arzú. Es posible que ambas copias hayan sufrido cambios. La ONU por su afinidad con la guerrilla y el gobierno de Arzú, que dio máxima prioridad a la firma rápida de la paz, lo que consiguió en sólo once meses contra ocho años y tres gobiernos de dilaciones previas. Arzú alcanzó ese propósito el 29 de diciembre de 1996.
Los acuerdos firmados beneficiaron a la guerrilla en perjuicio del Ejército. El indiscutible triunfador en la guerra resultó perdedor en la práctica. El futuro del Ejército Nacional quedó muy comprometido. Pregunté a Mario Permuth si el texto logrado hasta 1993 era el mismo que se había firmado en diciembre de 1996. Su respuesta fue lacónica: ―Sí, hubo algunos cambios. Así mostraba parte de esa elegante discreción suya. Agregó: lo importante es que se haya firmado la Paz; con una sola persona que haya dejado de morir ya habrá valido la pena.
Aquella reflexión revelaba la sobriedad de un alma elevada. Me hizo pensar que tenía razón. El costo, la injusticia para el Ejército fue muy alto pero habría que pensar, que quizá nadie pudo saber lo que habría sucedido de no haberse firmado la paz.
Monseñor Rodolfo Quezada Toruño, ya Cardenal, falleció el 4 de junio de 2012, tenía 80 años. Teresa Bolaños de Zarco, Ciudadana Notable, falleció el 24 de diciembre de 1998, tenía 76 años. Norman Mario Permuth Listwa, falleció el 28 de julio de 2026, tenía 87 años. Fue el último “Ciudadano Notable”.
En la CNR Permuth asistió prácticamente a todas las reuniones. Fue el miembro más dedicado. Elaboró un registro minucioso de cada reunión, mismo que publicó en cinco volúmenes, en el año 2021. En las reuniones que culminaron con los acuerdos de Oslo (marzo de 1990), fue nombrado oficialmente Conciliador del proceso de paz, ampliando su papel más allá de la CNR. Permuth también ofreció sus servicios a Guatemala aceptando el cargo de Embajador Itinerante. Siempre discreto, modesto y generoso, cedió su protagonismo a otros.
En Guatemala fundó un bufete profesional reconocido por su rectitud. Quienes lo conocieron, aun quienes litigaban frente a él, se percataban de que se trataba de un ser humano con condiciones superiores.
En 1981, Permuth fue cofundador de la organización denominada Comunidad Judía de Guatemala y fue su primer presidente. Durante su gestión, conjunta con Samuel Mizrahi, inició la creación del Centro Comunitario Judío en San José Pinula, que ocupa unas cinco manzanas de terreno. Fue concluido por la directiva siguiente, encabezada por Moisés Russ y Moisés Sabbaj. Es el logro edilicio más importante de la comunidad judía en Guatemala.
De alguna forma Mario Permuth encontró tiempo para la creación artística. Expuso su obra en Guatemala, Israel, México y Estados Unidos, obteniendo más de 200 premios tanto nacionales como internacionales.
Mario Permuth fue un escritor connotado con un estilo muy propio que mezcla su técnica fotográfica con textos intensos. Sus últimos libros, “Imágenes del cuerpo y del alma”, “Paseo entre gigantes”, “Informes confidenciales 1991” y El odio no es cultura”. Roberto Palomo se refiere a su obra en los términos que copio al no poder ser más preciso. Dice: Nos dejan una serie de reflexiones y profundos pensamientos sobre temas los cuales le eran muy cercanos y queridos. La relación entre la palabra y la imagen, la construcción de una manera visual de acercarse a lo profundo y sagrado…
Al fallecer, en su habitación, rodeado de todos sus familiares en Guatemala, quienes con amor tomaron su mano y algunos lo vieron exhalar. Mario Permuth murió como mueren las personas de bien. No hubo bandera a media asta. La inmensa mayoría de la población ignora el significado de esta pérdida, que es nacional. Saber que existió, conocer algo de lo mucho que hizo en su obra artística y literaria es privilegio de pocos.
Para su último libro “El odio no es cultura”, Mario invitó a varios amigos suyos a escribir un comentario que adjuntó a su texto. Para mí fue un alto honor estar entre ellos y tomar parte en algo suyo. Sospecho que no llegó a ver los libros ya impresos, quizá las pruebas de imprenta sí.
Pensé: ¡Cuánto tiempo debió invertir para traducir en palabras sus pensamientos, sus emociones, su sentimiento de pertenencia al pueblo judío y su identificación con el dolor ocasionado por el sufrimiento y la permanente sensación de inseguridad de ese pueblo entero que vive en Israel y fuera de sus fronteras!
Después de leer el libro, en versión PDF, quedé tan impresionado que me comprometí conmigo a escribir una serie de artículos, quizá un libro, sobre la historia del pueblo judío desde la perspectiva de alguien que no lo es. No compartí ese propósito ni con Mario ni con nadie más. Esperaba pedirle que lo revisara y corrigiera, pero ya no pudo ser.
Después de su partida, el martes 28 anterior, mi alma quedó embargada por la congoja y por un profundo sentimiento de pesar.
Con la muerte de Norman Mario Permuth Listwa desapareció el último de los Ciudadanos Notables nombrados oficialmente por Guatemala. Pero más allá de un título que no se ha repetido, el país perdió a un hombre cuya discreción fue tan grande como sus méritos. Algunos dejan monumentos; otros dejan ejemplo. Mario Permuth pertenece a estos últimos.




