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En 20 años se quintuplicó el presupuesto, pero los servicios de mal en peor

Lugar Hermenéutico

El presupuesto general de ingresos y egresos de un país constituye el principal instrumento de política pública, por medio del cual, un Estado, traduce sus prioridades en la estructura de gastos, el nivel de ingresos, la distribución de la carga impositiva y ejecuta las inversiones en servicios públicos que permitan a su población mejorar su calidad de vida.

En el artículo 238 de la Constitución Política de Guatemala, se describe el contenido de la Ley Orgánica del Presupuesto, la que debe regular entre otros, los procesos de formulación, ejecución y liquidación del presupuesto general de ingresos y egresos del Estado cada año.

De esa cuenta, la actual ley vigente en el tema, Decreto No. 101-97 que data de 1998, contempla en sus títulos y artículos, todos los elementos a considerar en uno de los instrumentos más importantes para la gobernabilidad de un Estado, como lo es la ley que regula la aprobación de sus ingresos y egresos anuales.

El artículo 8 de la ley de presupuesto vigente, referido a la vinculación plan presupuesto, reza que “los presupuestos públicos, son la expresión anual de los planes del Estado, elaborados en el marco de la estrategia de desarrollo económico y social (…)”. Aquí una de las primeras inquietudes, ¿Qué planes de Estado? ¿Sobre qué estrategia de Desarrollo Nacional se han presentados los diferentes proyectos de presupuesto? o más bien, ¿Desarrollo para que sectores?

Uno de los principales protagonistas en la sombra de este desorden en las finanzas públicas del Estado guatemalteco, lo constituyen las autoridades, que, en al menos los últimos 15 años, han estado al frente de la Segeplan, una institución clave en el desarrollo del país, pero cuyas autoridades han servido de comparsa a los gobiernos de turno, para la presentación de proyectos de presupuestos desfinanciados, por no decir, irresponsables.

Demos un vistazo algunos años atrás.  El presupuesto de ingresos para el ejercicio fiscal 2005 fue de Q 32,385.2 millones, en 2009 Q 49,723.1 millones de quetzales.  Para 2016 el presupuesto aprobado fue de Q 70,796.3 millones.  En el año 2020 se superaron los 89,000 millones, en 2022 se rebaso la línea del centenar de millones con 106,229.47 millones.  Con la ampliación presupuestaria este 2024 quedo en el histórico más grande a la fecha, superando los 131 mil millones de quetzales.

Sin embargo, para el 2025, las autoridades se saltaron la barda, pues han presentado un proyecto de presupuesto, por Q148 mil 500 millones, así es, casi 150 mil millones de quetzalucos.

Esta breve retrospectiva, nos muestra más que una evolución de los presupuestos nacionales, una ambición desmesurada de las autoridades de turno, por la asignación de un incremento constante en los recursos asignados a las, “prioridades del país

Más allá de adjetivar a uno u otro gobierno, lo que nos dice la cruda realidad es que, en 20 años, casi se ha quintuplicado la erogación de los recursos, sin que ello se refleje en una mejora de la calidad de vida de la población, más bien ha habido serios retrocesos, en los indicadores de pobreza y pobreza extrema, desempleo, migración, salud, transporte público, infraestructura vial y una larga lista de etcéteras.

Vuelvo a mi punto en la SEGEPLAN, puesto que es una institución clave en la planificación, ejecución y monitoreo de la inversión pública, con representación en todo el país, sin embargo, no obstante, le ampara la ley, es un cómplice más de este laberinto.

El desorden en la ejecución presupuestaria de Guatemala se da en todos los ámbitos, desde lo sectorial conformado por las distintas carteras del ejecutivo, hasta lo territorial, donde los mal llamados Consejos de Desarrollo, de la mano de las autoridades municipales, hacen y deshacen con el erario.

De la contraloría u otros órganos de control y fiscalización, mejor ni hablar, pues pareciéramos estar condenados a que nuestra marca país, sea “tapaos los unos a los otros” y ver como cada cuatro años, surge una nueva camarilla de millonarios, millones de quetzales, marcados con sangre y muerte, pues se da a costa de la desnutrición, inseguridad, falta de medicinas, y una suma de males sociales, que aqueja a la mayoría de los guatemaltecos.

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