
ENTRE LA URGENCIA Y LA INDECISIÓN
Una Guatemala Diferente Es Posible
En un país en donde el salario apenas alcanza para sobrevivir, el incremento en los precios de los combustibles no es un dato económico más, es un golpe directo al estómago de millones de guatemaltecos, cada centavo que sube el galón de gasolina o diésel se multiplica en cadena, encareciendo el transporte, los alimentos, las medicinas y en general la vida misma.
El jueves de esta semana, la instancia de jefes de bloque del Congreso de la República se reunió con el propósito de encontrar una salida a esta crisis, sobre la mesa había opciones concretas; subsidiar los combustibles mediante una readecuación presupuestaria, suspender temporalmente el impuesto a la distribución de petróleo y sus derivados, o incluso una propuesta mixta que combinara ambas medidas, focalizando el subsidio en el diésel, sin embargo una vez más, la discusión política se estancó en el terreno de los desacuerdos.
Mientras los diputados deliberan, el tiempo no se detiene, afuera del hemiciclo, la realidad es implacable, el piloto del autobús paga mas por el combustible y traslada ese costo al pasajero, el agricultor paga mas por transportar sus productos y eso se refleja en el precio de las verduras, frutas y carnes, las farmacias ajustan sus precios porque la logística también se encarece, todo sube, todo pesa más.
La economía familiar, especialmente la de los sectores mas vulnerables, está siendo erosionada día a día, no se trata de cifras abstractas, sino de decisiones concretas, comprar menos comida, dejar de adquirir medicamentos, reducir gastos esenciales, es la vida cotidiana la que está en juego.
Lo mas preocupante no es solo la falta de acuerdos, sino la desconexión con la urgencia social, se anuncia una nueva reunión para el lunes, como si la crisis pudiera ponerse en pausa, pero no es así, cada día de retraso tiene consecuencias acumulativas que difícilmente se revertirán, incluso si los precios de los combustibles eventualmente bajan, porque cuando los precios suben, rara vez regresan a su punto original.
Surge entonces una pregunta inevitable; ¿Para cuándo la voluntad política de actuar con sentido de urgencia? La población no necesita discursos ni promesas, necesita respuestas concretas.
En este contexto, cualquier medida debe de ser evaluada no solo por su viabilidad técnica, sino por su impacto real en la gente, un subsidio mal focalizado puede convertirse en una carga fiscal insostenible, mientras que una reducción de impuestos puede aliviar temporalmente, pero también afectar los ingresos del Estado, sin embargo, lo que resulta inaceptable es la inacción.
El Congreso tiene ante si una oportunidad para demostrar que entiende la gravedad del momento, no se trata de quien tiene la mejor propuesta, sino de quien esta dispuesto a ceder para construir una solución, gobernar también implica decidir bajo presión, priorizando el bienestar colectivo sobre los intereses políticos.
Porque al final, mientras los acuerdos no llegan, quien paga el precio mas alto no es el Estado, ni los diputados, es la población, esa que se levanta de madrugada, trabaja, lucha y hoy además, sobrevive en medio de una escalada de precios que no da tregua.
El país no puede seguir esperando.
AL RESCATE DE GUATEMALA
GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES




