
No hay corrupción que dure 100 años…
Reflexiones
“La Universidad, señores, no sería digna de ocupar un lugar en nuestras instituciones sociales, si el cultivo de las ciencias y de las letras pudiese mirarse como peligroso bajo un punto de vista moral, o bajo un punto de vista político”.
Andrés Bello
La Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) se ha convertido en un tormentoso laberinto por el que transitan sus estudiantes, profesores e investigadores tratando de sobrevivir al régimen despótico de Polifemo el usurpador, quien ha provocado una profunda crisis institucional en las unidades facultativas y no facultativas, así como, en el Consejo Superior Universitario, dejando profunda impronta de corrupción e impunidad
En este último proceloso cuatrienio la USAC ha sido cuestionada severamente, por la fraudulenta elección a rector en 2022, lo que ha provocado una reacción intrínseca de resistencia, una lucha consciente y consecuente por retomar su institucionalidad y su misión académica, así como, su función social a favor del pueblo de Guatemala.
La situación actual de la USAC es insostenible, tras largos periodos de represión endógena, por parte de los grupos de choque, comandados por los esbirros del rector usurpador, han dado lugar a la organización de los estudiantes, profesores e investigadores para buscar el resurgimiento de la academia, la transparencia administrativa y la democracia interna.
La Universidad de San Carlos fue durante muchas décadas del siglo XX un faro de luz que rompió el manto de obscuridad que cubría el tejido social guatemalteco. Fue durante muchas décadas el crisol donde reposaba el último reducto del imperativo categórico de nuestra sociedad, reservorio donde se salvaguardó la academia, la dignidad, la solidaridad y la libertad de pensamiento. Fue durante muchas décadas el alma mater proveedora de alimento intelectual y formación profesional de calidad. Fue por muchas décadas la fuente de donde emanó para todos los guatemaltecos la conciencia y la justicia social, así como, la propuesta coherente ante los ingentes problemas nacionales.
En las décadas de los 70, 80 y parte de los 90 la USAC sufrió una ola de violencia absurda y brutal en contra de estudiantes, profesores y profesionales, que denunciaron con fundamento científico las principales causas de la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades, la corrupción y la impunidad en nuestro sistema democrático. Fue en ese momento histórico que la mediocridad académica coludida con delincuentes de cuello blanco, asaltó el poder administrativo en la Tricentenaria.
Fue entonces, cuando se comenzó a prostituir la academia. En los procesos de elección para autoridades se ofrecen puntos a cambio de votos, se realizan exacciones ilegales para los procesos de graduación, algunas unidades académicas han desvirtuado el ejercicio profesional supervisado, se inició el descenso de la calidad docente, porque se comenzó a contratar a los parientes y lacayos y no a los profesionales más idóneos y capacitados.
Ha llegado tan lejos la ambición por el poder y por los recursos económicos de la USAC, que algunas autoridades se han entronizado en sus puestos bajo argucias, clientelismo, nepotismo, coacción y amenazas y han usurpado las decanaturas y los colegios profesionales como es el caso de la Facultad de Humanidades, sin rendir cuentas a nadie.
En ese contexto de anarquía, en 2008 fue asesinado el Licenciado Mario Alfredo Calderón Herrera luego de ganar por tercera vez la Decanatura de la Facultad de Humanidades, sin que se realice hasta el momento una investigación por parte del MP y PNC, hecho, en el que el mayor beneficiado fue Walter Mazariegos porque significó su ascenso al poder.
Es así como se llega al 2022, año en el que se realiza el fraude electoral que lleva a la rectoría a Walter Mazariegos. Han sido 4 años de opacidad, de evadir el cumplimiento de órdenes judiciales, de manejar la USAC como si fuera su negocio particular, de no permitir que planillas de oposición participen en elecciones en las distintas unidades académicas, de mantener un Consejo Superior Universitario corrupto, ilegal e ilegitimo porque la gran mayoría de los representantes ya cumplieron su periodo para el que fueron electos, de expulsión ilegal de estudiantes opositores y de procesos judiciales en contra de trabajadores, profesores e investigadores opositores al régimen ilegal.
Este año 2026 dio inicio el proceso para la elección de rector en la USAC y desde los primeros momentos Walter Mazariegos y sus adláteres del CSU comenzaron a interrumpir las inscripciones de los Cuerpos Electorales en las diferentes unidades académicas. En el proceso electoral se inscribieron planillas independientes, estrategia que funcionó para evitar la descalificación temprana de los electores de oposición. Esa estrategia a todas luces plausible, logró el triunfo de 21 Cuerpos Electorales contrarios al usurpador, quien apenas ganó 7.
El lunes 6 de abril el CSU anulo 14 Cuerpos Electorales, negando las acreditaciones como ganadores en sus respectivas unidades académicas y el miércoles 8 se consumó el segundo gran fraude electoral, profundizando la crisis institucional en la USAC. En este momento quedan solo tres acciones: 1. Los recursos legales, 2. Las movilizaciones y 3. La exposición mediática de los perpetradores del fraude electoral.
Pero no todo está perdido. Miles de voces críticas abogan por la recuperación de la universidad, enfatizando su rechazo al fraude electoral, producto de la ambición al poder y al presupuesto de Q.3,538,816,161; el nada despreciable ingreso económico por el cobro de maestrías y doctorados, porque los estudios de posgrado son autofinanciables (los paga el estudiante); ingreso por parqueos y adjudicación de espacios para el comercio interno y la representación de la USAC en 72 instituciones del Estado entre otros.
A pesar de la crisis, la USAC sigue siendo la única universidad estatal y autónoma de Guatemala, con el mandato constitucional de dirigir la educación superior y en ese contexto, poner la docencia, investigación y extensión al servicio de la población, por ello es imperativo recuperarla. La comunidad Sancarlista, siempre con el anhelo y la confianza de que mucho más temprano que tarde, se han de abrir las grandes alamedas, por donde pasen los estudiantes, profesores, investigadores y trabajadores libres, para construir una sociedad mejor.
La USAC no tiene rector.




