
Entrevista al escritor guatemalteco Iñaki Martínez, autor de Manto de Silencio (Primera Parte)
Desde España para el Mundo
Por: Ricardo Angoso
“En América Central veo unas imágenes que no se veían hace veinte o treinta años, como son esas caravanas de miles de personas migrando o intentando migrar hacia los Estados Unidos. Son miles, millones de personas, me atrevería a decir, migrando hacia el norte en busca del sueño americano, y eso es un fenómeno novedoso que es muy preocupante”.
Nacido en Guatemala, la vida de Iñaki Martínez ha transcurrido entre España y Latinoamérica, donde se ha destacado por varias misiones, como por ejemplo Delegado del Gobierno Vasco para Colombia, Venezuela, Ecuador y América Central en el periodo 2009-2013 y asesor de la guerrilla salvadoreña entre 1980 y 1984. Vinculado a la izquierda antifranquista durante la Transición, fue miembro fundador de Euskadiko Ezquerra y otras organizaciones y conoce en profundidad la realidad de Euskadi, donde se crió en Ortuella y se licenció en Derecho por la Universidad de Deusto. Autor de varias novelas, entre las que destacan Lo que dejan ver las sombras y Donde los hombres llevaban sombrero, ambas ambientadas en La Habana, y La ciudad de la mentira, con la que fue finalista del Premio Nadal 2015, ahora con su nuevo libro, Manto de silencio, nos sumerge en una suerte de gran crónica acerca del nunca aclarado caso Pertur.
Ricardo Angoso:¿Por qué llegaste al caso Pertur, qué te motivó a escribir esta novela?
Iñaki Martínez: Para muchos vascos de mi generación, el caso Pertur estaba muy presente en nuestra cultura política y desde hacía mucho tiempo llevaba dándole vueltas a este asunto, incluso había recogido mucha documentación e información sobre el caso. También conocí y traté con muchas personas que habían hablado y conocido a Pertur antes de su desaparición y, además, extrañaba que no se escribiera y tratara este caso de una forma más detallada, dada su trascendencia política. Se habían publicado algunos artículos y reportajes sobre el tema pero de carácter muy breve, echándose en falta una verdadera crónica o una novela más detallada sobre este caso que conmocionó en su momento a la sociedad vasca. Me extrañaba pero también lo comprendía porque existía ETA y no se andaba con bromas, sino que los etarras mataban y asesinaban. El miedo existe y quizá eso condicionó ese silencio sobre el caso Pertur. Puede que si algún escritor se le ocurrió escribir algo se viera condicionado por esa situación que se vivía bajo el terrorismo y desistiera de la idea por miedo.
Pero, a partir del 2010 y 2011, cuando ETA anunció el fin de la violencia, las cosas cambiaron y tampoco nadie publicaba nada sobre este asunto. Entonces, entre una cosa y otra, finalmente me animé a escribir y lo hice desde una posición privilegiada porque conocía a mucha gente que había conocido a Pertur, como su compañera, algunos amigos suyos e incluso compañeros de la lucha política. Es decir, tenía todas las herramientas para armar una novela sobre este asunto y la trama que hay en torno al caso Pertur.
ETA, ESCASA CAPACIDAD AUTOCRITICA
R.A.: ¿No te llama la atención que después de tantos crímenes de ETA, incluido el de Pertur, la nula capacidad autocrítica de los miembros de esta organización?
I.M.: Sí, claro que me llama la atención y es un hecho que se repite a lo largo de la historia. Este asunto tiene mucho que ver precisamente con la falta de asunción real de su actuación y recorrido, que fue absolutamente perjudicial no solamente para ellos mismos, sino para la sociedad vasca, y con el agravante de que fue absolutamente inútil porque después de 850 asesinatos, miles de heridos y centenares de etarras en las cárceles, familias destrozadas, etcétera, etcétera…¿Todo para qué?, una pregunta que me imagino se harán con frecuencia, todo para nada, definitivamente, para volver finalmente al punto de salida. Para volver a Pertur, que era y significaba la vía política para ETA, es decir, crear un partido político que luchara sin las armas por lo que defendía ETA.
R.A.: Al menos Pertur tuvo una victoria póstuma, ¿no crees?
I.M.: Sí, por llamarlo así. La idea era organizar un partido político que asumiera como objetivos la independencia, e incluso el socialismo, pero ello por cauces políticos y pacíficos. Pero un reconocimiento, o un arrepentimiento por parte de ETA, significaría una derrota política porque sería reconocer que han fracasado y que han conducido a muchas de sus víctimas y también a muchos de los suyos al desastre. Muchos jóvenes que entraron en ETA ingresaron en la cárcel con 18 o 19 años y han salido con cincuenta, con la vida completamente rota y destrozada por algo que se podría haber evitado.
R.A.:¿No te resulta paradójico que años después de toda esa pesadilla que significó ETA, sus hijos políticos, Eh BiIdu, obtengan el éxito electoral que les ha llevado a ser la segunda fuerza política vasca?
I.M.: Es triste y paradójico, pero yo creo que hay verlo de una forma mimética, en el sentido que los votantes jóvenes que votan a Bildu aseguran que le votan porque es un partido radical y antisistema pero que ese voto no avala la historia de ETA, con sus crímenes y matanzas. No están bendiciendo a ETA, como podría parecer, sino que buscan una alternativa al PNV, que no deja de ser un partido conservador y tradicional, y al PSOE, que tiene un apoyo muy focalizado en el País Vasco. Entonces, en ese contexto, emerge Bildu como una posibilidad oportunista que satisface a mucha gente, pero insisto en que, a mi manera de ver, no están bendiciendo a ETA y su sangrienta historia.
Continuará…

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