
¡Eso no debe hacerse!
Conversemos Acerca De:
Producto de la naturaleza de mi trabajo, clases aquí o allá, pasar por la casa rapidito para almorzar, darle un vistazo a una de mis hijas (la menor) para ver si se lo ha comido todo, alguna que otra dificultad en las tareas escolares y en la dinámica del viaje mismo ir “disfrutando” de los avatares de la cuidad, de la capital, hoy calles limpias, mañanas sucias bien porque no pasa el camión recolector de la basura, o porque se es poco cuidadoso en el caso de aquellas personas poco escrupulosas que botan algún plástico o desecho metálico los cuales duran años en degradarse y por tanto constituyen fuertes contaminantes.
Los transeúntes que caminan por la calle – cuando existen andenes o banquetas – en el mismo sentido que los vehículos, por tanto, inexplicable y riesgosamente le dan la espalda lo que ocasiona cientos de accidentes en la mayoría de los casos mortales y que desgraciadamente las lecciones que dejan poco son aprendidas.
Y qué decir de los conductores con sus buses, que deambulan con sus “dinosaurios rodantes” los cuales no respetan (¿respetan?) a cuanto cristiano se encuentran delante: policías (donde solo reducen la velocidad, si es que la reducen cuando visualizan o identifican al cono naranja), que en alguna parte estarán situados tal vez pendiente o no de posibles “ataúdes” rodantes (Nota: No incluyo categóricamente a todos los conductores o pilotos, porque aún quedan personas muy responsables y cuidadosas al timón, en este medio).
Pero ¿no considera usted estimado/a lector/a que me falta un personaje muy importante dentro de este relato, que resulta cotidiano en nuestras vidas? ¡Piense! ¿Ya? ¿Todavía? Le doy otros segundos (tic, tac, tic, tac) … ¿el pulpero?, ¡no!, ¿el vendedor de…? ¡No!… ¿el conductor de taxi? ¡Siiiiiii!
Esa persona que, durante horas, días, años se gana el sustento de cada día, tras un timón a veces forrado o sin forro en puro metal, que disfraza su brazo izquierdo con un paño o una manga “portátil” en aras de no “tostar” su extremidad superior bajo el intenso astro Rey: El Sol.
Es cierto que horas tras el volante debe resultar estresante, más dentro de la “jungla de asfalto” (entiéndase la capital) donde circulan cientos de competidores a la caza de los indefensos usuarios que están contra el “cacho” para llegar a su centro de trabajo o aquellos que temen tomar un bus producto de la alta inseguridad ciudadana, al transportarse en dicho medio, lo cual (mal) justifica la alta velocidad que alcanzan.
Pero lo que no estoy de acuerdo es que formen parte del espectro diario donde usted mira un taxi detenido a la orilla de la calle, una puerta abierta, generalmente la del “copiloto” y del taxista donde observa su cabeza, cuello y la vista dirigida hacia el …. ¡miccionando en plena calle! que pringan sus zapatos.
¡Señor!, ¡No se da cuenta que se encuentra en un lugar público! Niños y niñas, jóvenes y personas adultas que no tienen por qué apreciar semejante “espectáculo” Solo una pregunta antes de concluir mis aproximadamente 500 palabras, ¿le gustaría a usted que un hijo, hija o nieto suyo aprecie semejante desagravio? Evidentemente no. ¿Entonces? ¡Por favor, respete a los suyos!

Le invitamos a leer más del autor:



