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Ganar una elección versus administrar un gobierno

Evolución

De mis años de formación en el área de ciencia política, recuerdo una lección sencilla pero importante. Una cosa es la efectividad que pueda tener una determinada propuesta política para lograr un éxito electoral y otra es la capacidad que la misma pueda tener para administrar debidamente un gobierno. Al enunciarlo, la diferencia se torna obvia. Las cuestiones a considerar son cuáles de estos dos aspectos relativos a la oferta política pesan más para el elector para tomar su decisión y, en términos de estrategia política, en cuál de los dos se enfocan más los partidos para procurar su éxito.

Pareciera que en ambos casos la respuesta recae sobre el primero. Es decir, el énfasis, tanto para la mayoría de electores, como para los partidos políticos, se posiciona más sobre los aspectos propagandísticos que sobre el fortalecimiento de las aptitudes, conformación de equipos y desarrollo programático con mayor profundidad para el caso de los partidos; y sobre las consideraciones en cuanto a dichas capacidades para el caso de los votantes. La lógica conduce a pensar que, naturalmente, para llegar a administrar un gobierno, primero hay que ganar una elección. En ese sentido, es razonable ver los esfuerzos de la oferta política enfocados principalmente en el éxito de la campaña. Pero el análisis debe ser más sutil.

La lógica también lleva a entender que la oferta sigue a la demanda, porque en cuanto se desvíe de las preferencias del electorado, disminuirán también sus posibilidades de éxito en el campo de la competencia política. En ese sentido, similar a la competencia del mercado, las preferencias del consumidor guían la producción. Invirtiendo el análisis, en la medida que se cuente con un electorado, o demanda política, mejor informado y más exigente en términos de la profundidad de la oferta política, veríamos que la estrategia también se reenfocaría más sobre los aspectos de fondo. El hecho que actualmente las estrategias tienden a ser más superficiales y que van sobre la base de su efectividad mediática para procurar el éxito electoral, es testimonio de la distancia que aún debe recorrer el electorado para que la discusión eventualmente gravite sobre ideas y competencias de las propuestas, más que sobre la popularidad mediática de personajes.

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Alejandro Baldizón

Abogado y Notario, catedrático universitario y analista en las áreas de economía, política y derecho.

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