
GEOPOLITICA. MARRUECOS, EL SÁHARA, Y EL SAHEL (Tercera Parte)
La Otra Cara
Es muy importante retomar esta serie señalando la creciente influencia del Reino de Marruecos en África, resaltando sus buenas relaciones con la Liga Árabe, la Unión Africana, la Unión del Magreb Árabe, la Unión para el Mediterráneo, y las monarquías del área, incrementando de esa forma su influencia en África y el Mediterráneo. En contraparte su proximidad geográfica a la franja del Sahel lo hace ser área de tránsito para la migración con destino a Europa, viéndose obligado a desarrollar estrategias integrales de lucha contra el terrorismo, intercambios de inteligencia con sus socios internacionales destinadas a contrarrestar, principalmente, la amenaza del Frente Polisario y Argelia por el conflicto por el Sáhara Occidental, que podría desestabilizar la región del Magreb en su conjunto.
La región del Sahel
El Sahel se extiende a lo largo de África, formando una franja de 6300 km desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo. Situado al sur del desierto del Sáhara es una franja que se extiende desde la costa occidental de África hacia el este, a lo largo de todo el continente. La región incluye diferentes porciones de 10 países: Burkina Faso, Mali, Níger, Camerún, Guinea, Gambia, Senegal, Nigeria, Chad y Mauritania, creando las condiciones para que proliferen grupos terroristas.

Como parte de la creciente conflictividad de la región desde el año 2020 se han producido seis golpes de Estado con éxito en la región: dos en Mali, dos en Burkina Faso, uno en Guinea y uno en Níger, países gobernados actualmente por Juntas Militares, y el Sahel se ha convertido en ruta clave para el tráfico de drogas de Sudamérica a Europa mediante bandas de crimen organizado vinculadas al terrorismo, grupos que además, compiten por el control de sus recursos naturales.
Por sus vastos recursos naturales estratégicos Níger es el séptimo productor mundial de uranio, y sus minas de oro son explotadas por El Estado Islámico. Además tras los golpes de Estado, los gobiernos del Sahel se han acercado a China, y Rusia. Esta última asumiendo un creciente control mediante el grupo de mercenarios conocido como África Corps (antes Grupo Wagner) llenando el vacío dejado por Francia como antigua potencia colonial, en Mali, República Centroafricana, Burkina Faso, Mozambique y Madagascar. Desde Libia, en el norte, hasta Sudáfrica, Wagner ha aumentado la inestabilidad política.
El Sahel geográficamente podría ser el pivote para una nueva guerra fría inmersa entre grupos armados yihadistas, secesionistas y criminales, y corrupción. Wagner extrae recursos naturales en República Centroafricana, Libia y Sudán. El gobierno de Mali, rico en oro, algodón o magnesio, aceptó la presencia de los mercenarios de Wagner a cambio del derecho para explotar una mina de oro. Rusia espera convertirse en una potencia con presencia militar en República Centroafricana, y Sudán y aumentando su incidencia en el Cuerno de África y el Golfo Pérsico, como estrategia de envolvimiento a Europa y la OTAN.
Nuevo orden en el Sahel y África Occidental.
La violencia yihadista, y el autoritarismo empujan a Mali, Burkina Faso, y Níger a constituirse en epicentro de la competencia geopolítica de Rusia, China, Turquía y Emiratos Árabes Unidos, para fortalecer su presencia en África Occidental, ante las crisis de liderazgo de Al-Qaeda y el Estado Islámico que se han visto obligadas a desplazar su foco de actividad.
El Estado Islámico ha perdido el control territorial en Siria e Irak, pero sus células terroristas continúan operando en Nigeria, Mali, Mozambique, Somalia, Egipto, Afganistán, Camerún, Túnez, Yemen, Turquía, Indonesia y los países del Cáucaso. Además, El Gran Sahara, liderado por Al-Sahrawi, juró lealtad a ISIS, lo que indica una conexión directa que se evidencia demostrando presencia en la región del Sahel.
El terrorismo es una «amenaza del uso real de la violencia por parte de un actor no estatal para alcanzar un objetivo político, económico, religioso o social a través del miedo, la coacción o la intimidación”, y en consonancia el Sahel se ha convertido en el «epicentro del terrorismo mundial» pues más de la mitad de todas las muertes relacionadas con el terrorismo a nivel mundial.
El informe Global de Terrorismo (GTI), indica que en el 2024, el 51% de todas las muertes relacionadas con el terrorismo se produjeron en el Sahel, es decir, 3.885 muertes de un total mundial de 7.555, multiplicando el índice casi por diez desde 2019, por los grupos terroristas que operan en la región.
Los grupos yihadistas concentrados en el norte de Malí conjuntamente con la insurgencia Tuareg del 2012, y los flujos de combatientes llegados desde Libia tras la caída de Gadafi, aumentaron su presencia también en Níger y Burkina Faso. Y desde el 2020 el Sahel es centro de operaciones de grupos terroristas que se expanden hacia Benín, Costa de Marfil, el Golfo de Guinea, Togo, y Ghana. Los grupos yihadistas pertenecen a Al-Qaeda y el Estado Islámico, siendo él “Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes” -JNIM-, filial de Al-Qaeda, y, “La Provincia de Estado Islámico del Sahel” -ISSP-, los de mayor crecimiento y ambos compiten por lograr el control territorial de la triple frontera entre Malí, Burkina Faso y Níger.
La actualidad política exige la necesidad de reconfigurar alianzas en un momento en el cual los países africanos reclaman relaciones exteriores más horizontales. Es muy importante resaltar la decisión de 26 países africanos de no apoyar la resolución de las Naciones Unidas que condenaba la invasión rusa de Ucrania el 2 de marzo de 2022, sin tomar en cuenta las presiones de los Estados Unidos y Europa, y el Sahel es un escenario importante del pulso geopolítico entre la Unión Europea, Rusia, China, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos pugnando por aumentar su influencia en la región, lo que hace prever que la unión Europea no podrá aspirar a convertirse en una potencia mundial sin antes estrechar lazos estratégicos con la región occidental del continente africano.
España, define la región como un “área de importancia crítica para la economía y la seguridad” nacionales, en alusión a la amenaza yihadista, la inseguridad marítima y el aumento de los flujos migratorios que subrayan la necesidad de una implicación a fondo por parte de la Unión Europea, que ha tenido un papel preponderante en la región, debido a la herencia colonial, pero ahora deberá hacerlo sobre nuevas bases, siendo que para muchos Estados de la región báltica o Europa del este, el Sahel no representa una prioridad estratégica. La guerra en Ucrania domina la agenda estratégica europea y el interés por la región depende de la proyección militar rusa en el flanco sur de la OTAN. La Union Europea tiene el reto de mantener su incidencia en el Sahel central, a pesar del giro político de las Juntas Militares, y, reforzar su relación con los Estados del golfo de Guinea.
Por otra parte la agenda de las relaciones internacionales hispano-marroquíes, tienen puntos importantes, como la soberanía sobre el Sáhara Occidental, quizás, es el más relevante, pues el Reino de Marruecos considera el Sáhara, como parte integral e irrenunciable de su territorio nacional, el cual necesita controlar para extender su influencia hacia el Sahel y evitar ser arrinconada en el noroeste de África por un eventual eje saharaui-argelino, y Occidente no debe olvidar jamás que
Marruecos ha tenido siempre una actitud contraria al radicalismo militante del Islam que alimenta el terrorismo yihadista y es la puerta de entrada a África desde Europa. Además, Marruecos y Estados Unidos han mantenido una cercanía histórica pues fue el sultán de Marruecos el primero en reconocer la independencia de los Estados Unidos en 1776.
Estados Unidos asegura el control del Estrecho de Gibraltar, a través de su presencia en la base naval de Rota; siendo un dique de contención contra el terrorismo islámico en el Magreb; y contrarresta los esfuerzos rusos por influir en la región por medio de Argelia; y consolida un importante punto de acceso al continente africano. El Reino de Marruecos, a la vez, obtiene por el respaldo norteamericano para sus justos e históricos reclamos sobre el Sáhara Occidental, y su pulso con Argelia por la hegemonía regional y su esfuerzo por consolidarse como líder del Magreb aprovechando las relaciones con Estados Unidos e Israel para reforzarse militarmente.
En diciembre de 2020 después del reconocimiento hecho sobre el Sáhara Occidental, Estados Unidos anunció una venta de armas al Reino de Marruecos por valor de mil millones de dólares, que incluía vehículos aéreos no tripulados (mas conocidos como drones) MQ-9 “Reaper”, que se suma a la que se produjo en 2019, cuando vendió le material militar por diez mil millones de dólares, incluidos 25 aviones de combate F-16, 36 helicópteros de ataque “Apache”, misiles anti tanque TOW, y la actualización de 23 cazas F-16 que ya poseía. A la vez Israel también es importante proveedor de material militar de Marruecos, que adquirió el sistema israelita de defensa contra drones “Shylock Dome”, misiles “Spike” y drones “suicidas” del tipo “Harop”, sumado a la estratégica apertura de plantas de fabricación de material militar en Marruecos. En contrapartida el Reino de Marruecos concedió a Israel permiso para efectuar exploraciones marítimas en aguas del Sáhara Occidental.
En definitiva, el Reino de Marruecos bajo el liderazgo y la brillante conducción de su Rey Mohamed Vl, ha alcanzado un importante nivel de desarrollo en todos los campos y juega un papel estratégico para la estabilidad de la región ubicada entre el mar Mediterráneo y el Océano Atlántico, el sur de Europa y África, convirtiéndose rápidamente en una potencia emergente cuya importancia seguirá seguramente creciendo en el contexto mundial.

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