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Ídolos de Barro

Barataria

En el mundo tan global y mediatizado en el que vivimos, es fácil levantar la imagen de una persona y llevarla hasta las nubes y también es fácil arrastrarlo hasta el suelo.  Todo esto puede suceder en cuestión de minutos, horas y días desde que existen las redes sociales y cualquier persona al escribir su opinión es un “experto en el tema”.  Así, las redes sociales han permitido la voz a los sin voz, pero también han acallado la voz de la conciencia social, la ética y los valores y principios. Al día de hoy resulta totalmente común que una acción buena o mala se viralice, se haga popular y que tenga adeptos y también sus propios críticos perdiendo definitivamente el equilibrio entre valores absolutos como la justicia y la injusticia, lo bueno y lo malo, lo conveniente e inconveniente, moral y lo inmoral o lo amoral, la ética, la verdad y la mentira.  En suma, se ha perdido un balance de cosas y esto ha llevado a justificar actos que, en una situación real en que se encontrasen las personas reprimirían tales actos.

Siempre he pensado que las redes sociales son buenas en cuanto a que permiten la expresión libre de las personas, pero no lo es si las mismas empresas que las promueven restringen tales expresiones.  Es muy recordado el caso en que la administración anterior Twitter ahora X decidió censurar y clausurar al señor Trump de su red y a varios más, lo cual es una absoluta limitación a la libertad de expresión, puesto que si estas empresas puede cerrar una cuenta, se han convertido en jueces de la expresión popular.  En otras palabras o dejan expresarse a todos o mejor que no existan.

En estas semanas ha causado un revuelo mundial la circulación de una lista de personajes que visitaron la isla del señor Jeffrey Epstein, aquel  millonario que atrajo las miradas publicas cuando se hizo viral la historia de que en la mansión que tenía en la isla se promovía toda clase de actos vergonzosos en los que se incluían inclusive actos pedófilos.  Ahora, fallecido en la cárcel resulta que muchas de las figuras publicas a nivel mundial que incluyeron expresidentes, artistas e incluso hasta un papa ya fallecido fueron parte de todo esta trama.  Algunos, según testimonios judiciales, fueron, estuvieron allí e incluso participaron de todo este tipo de actos, unos pocos según los mismos testimonios se abstuvieron de participar de ellos.  Lo cierto de todo esto es que vivimos un mundo en el que las redes han hecho lo que la realidad no ha logrado, es decir levantar de la noche a la mañana ídolos de barro, estas personas que viven con una moralidad muy cuestionable pero que ante el ojo popular se nos han hecho ver como personas honorables y de bien.

El poder de las redes sociales no es nada despreciable dado que el común de las personas cree todo lo que ve en X, Facebook, Tik Tok, You Tube y otras redes sociales mas que surgen y se posicionan en el mercado, y las cuales es seguido por muchos.  Así, una persona opina en las redes que Stalin esta viviendo aun en Rusia y ordenó el ataque a Ucrania y habrán millones de personas alrededor del mundo que lo creerán porque no se detienen a considerar que ya para este tiempo Stalin no viviría a menos que tuviese más de cien años.  Pero esto no le importa a las personas sino que les importaría ser de un bando o de otro; es decir, los que creen en eso y los que no creen.

De esta forma, las redes han llevado a países a dividirse mediáticamente, lo vemos en Estados Unidos, Alemania, Francia y España para citar algunos contextos en donde las corrientes políticas se han posicionado mas fuertes y se están creando polarización social sobre el tema de manera que ahora hay que volver a la cuestión inicial si se es de derecha o si se es de izquierda, cuestión esta que parecía superada a finales del siglo pasado pero con el auge de las redes sociales se ha puesto de moda.

En países como Guatemala la situación es aún mas caótica en términos de polarización, se han creado idolos de barro a medida que la crisis aumenta, se ha hecho ver buenos a los malos y malos a los buenos.  Las redes sociales se han encargado de hacer ver que, no importa si alguien es corrupto, transero o delincuente porque un grupo de netcenters estarán prestos a levantarles la imagen y hacerlos ver como paladines de la democracia.  Así vemos resoluciones judiciales que son una vergüenza jurídica, pero se exalta al Juez que las dicta porque lo hace para “defender la democracia” y también vemos que se exalta la figura de un candidato ganador, como la panacea de los problemas sociales y económicos del país y ni siquiera a tomado posesión, además de que nombra un gabinete cuestionable y se le empieza a resquebrajar antes de que tomen posesión.

A las personas hay que verlas como son, personas con sus virtudes y defectos, no idealizarlas porque por estas cosas, las sociedades se han dormido viendo idolos de barro tomar políticos, artistas, deportistas y otros más que luego se les perdona cualquier cosa porque se les ha idealizado y este “adormecimiento” hace que se les crea todo y no se les exija nada.  El uso correcto de las redes, además de informar y entretener, debería ser el de crear una auditoría digital en donde se le exija a aquellos a quienes las mismas redes han elevado al cielo, que pongas los pies sobre la tierra y que sean transparentes y correctos, porque de otra manera el tiempo y la realidad van a pasar la factura.  Personaje que visitaron la isla de Epstein tienen algo en común, todos eran figuras publicas, no hay un desconocido en esa lista ni lo habrá, muchos de ellos tenían suficientes recursos económicos, habían alcanzado “el éxito” en sus carreras, sin embargo albergaban oscuros secretos.  Ello nos demuestra que la exigencia ciudadana no deberá quedarse en exaltar a unos, rechazar a otros y tomar partido sin conocimiento de las situaciones, sino que deberá llevarnos a exigir moralidad, ética y honorabilidad a aquellos a quienes vemos como un ideal para la sociedad.

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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