
Independencia: ¿Qué celebramos?
Barataria
Al iniciar a escribir la columna de hoy, ya habrán pasado las efemérides que conmemoraron los 102 años de la independencia de los países que conformaron la Capitanía General de Guatemala que, en aquel entonces la conformaron desde Belice, Guatemala hasta Costa Rica, en relación con la corona española. Hoy en día ya no hay visos de lo que fue en aquel momento una nación centroamericana como un país federal, sino que la Centroamérica de hoy no solo la conforman seis países independientes el uno del otro, sino que además se incluye a Panamá. Lo triste resulta ser que aúnque Centroamérica se divide, ya la han dividido aun mas en dos bloques entre lo que han dado en llamar el “triángulo norte” compuesto por Guatemala, El Salvador y Honduras y luego Nicaragua, Costa Rica y Panamá.
Los acontecimientos históricos de la independencia centroamericana son tan variados en cuanto a su veracidad como lo son la historia de la conquista. Bien dijo Winston Churchill, «La historia será generosa conmigo, puesto que tengo la intención de escribirla». En otras palabras quien termina en victoria escribe la historia y con ello, se ha trazado desde tiempos propios de la época colonial una suerte de tergiversación de hechos relacionados con los movimientos que dieron como resultado una declaración de la independencia.
En la escuela primaria recibí las clases de Estudios Sociales en los cuales se me enseño que una “serie de connotados patriotas, decidieron en un momento crucial de la historia en un lejano 15 de Septiembre de 1821, rebelarse en contra de la Corona Española para suscribir un acta en donde plasmaron su deseo de constituir una sola nación libre del dominio español y lo lograron sin derramar una sola gota de sangre”. Así aprendí que Don Gabino Gainza no fue un traidor a la Corona Española, sino un “patriota” y los demás señores que suscribieron el acta aquellos ilustres apellidos De Larrave, De Aycinena, De Beltranena, De Arroyave, Del Valle y Castriciones la mayoría de ellos eran funcionarios públicos de la propia Corona Española. Muchos de ellos, como Mariano Antonio De Larrave estuvieron en contacto con la Corona Española todo el tiempo aún después de suscribir el acta.
En la realidad hay temas que nunca se cuentan ni se enseñan en la escuela y la historia de una independencia lograda con la finalidad de establecer un país bajo los postulados de libertad, igualdad y fraternidad al menos, ni que se deseara un país en el cual no se continuara con el modelo colonial. Sino fue un movimiento de los criollos, aquellos hijos de españoles nacidos en territorio americano que vieron amenazados sus privilegios y se cansaron de estar pagando tributos a un reino que se encontraba al otro lado del océano. Sin embargo, existió en Guatemala un levantamiento bajo las mismas circunstancias y alegando los mismos motivos, pero promovido por un líder indígena cansado de la reimposición de tributos por parte de Fernando VII. Atanasio Tzul se unió a Lucas Aquilal en Julio de 1821, prácticamente un año dos mes de que la “independencia” fuera proclamada por los criollos, estos dos líderes indígenas promovieron un levantamiento en donde depusieron a autoridades españolas como el Alcalde Mayor de Totonicapán José Manuel Lara De Arrese. Al conocer la historia del líder indígena Atanasio Tzul, quien posterior a la revuelta fuera proclamado un rey, y que legítimamente discutía un punto de derecho: “Como es posible que si la Constitución promulgaba por las Cortes de Cádiz suprimiera el tributo, el recién constituido Rey Fernando VII, le viniera a restituirlo. No es una mera cuestión de tributos porque la supresión de tributo sobre los indígenas el repartimiento, la encomienda y la mita establecía la condición de los indígenas a un estatus de pueblos libres es decir de ciudadanos en un sentido estricto. Restituir estos tributos sobre ellos, impondría un retroceso y por ello, la rebelión del Atanasio Tzul y Lucas Aquilal, revistió de un importancia inusitada, que sin embargo fue cruelmente reprimida, por aquellos “proceres independentistas” que en al año siguiente sí se declararían independientes de la Corona Española, pero continuarían sometiendo a los pueblos indígenas como hasta hoy.
Es por ello que, una vez conseguida la “independencia” los criollos tuvieron la “brillante” idea de anexarse al Imperio de Agustín de Iturbide. Es decir, los “proceres independentistas”, no anhelaban un país independiente, alguna incipiente democracia, sino que querían continuar bajo una Corona, pero a la usanza mexicana, es decir un imperio como el de Iturbide. Al día de hoy, quizá fuéramos parte de aquella nación o quizá no, pero fue el efímero gobierno de Iturbide cuya caída precipitó el fin de la anexión, pero dejó en claro que los así llamados “proceres de la independencia” no fueron sino una suerte de traidores y bandoleros cuyo propósito fue siempre quedarse con la riqueza de estos países centroamericanos y continuar, sin España la dominación colonial y el sometimiento de los pueblos indígenas cuya fuerza de trabajo continuarían explotando. Es por ello por lo que no se extraña que en el acta de la independencia se haya plasmado el verdadero propósito por el cual los criollos independentistas se apresuraron a hacerla realidad aprovechando ciertas condiciones que les darían la ventaja, el privilegio y el poder político de tajo y sin miramientos: “…para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo” La pregunda ¿Cuáles serían las consecuencias temibles que suscitaría si el mismo pueblo procediera a declarar la independencia? Pues un año antes Atanasio Tzul en compañía de Lucas Aquilal la proclamó y fue electo Rey, pero claro era indígena y esto daría al traste con los privilegiados así es que, los criollos independentistas con sus hechos indican “para que el pueblo no suscite otro levantamiento, mejor lo hacemos nosotros y de pasó nos quedamos con el poder y conservamos los privilegios”. Así las cosas, en realidad la independencia centroamericana no fue un acto del pueblo ni el surgimiento de un nuevo Estado que al menos sentaría las bases del desarrollo, sino que fue un acto deliberado para despojarse del control de la Corona Española para que continuaran con una elite que bajo las argucias que se fueron dando conservan hasta hoy en Guatemala resabios de colonialismo y mantienen privilegios no por su competencia, sino porque azuzan al poder político y quieren conservarlo a toda costa.
En pleno siglo XXI, en el año 2023 en Guatemala y Centroamérica entera de celebró la fecha, 15 de Septiembre de 1821 como el inicio de estos pequeños países. Pero en realidad ¿Qué celebramos? Todos los países centroamericanos están batallando, librando sus propias luchas. En países como Guatemala, estamos al borde de perder la poca democracia que ha tardado más de treinta años de irse consolidando, los grupos de poder, el poder gobernante y otras elites después de manejar a su sabor y antojo el juego político y en esta última elección tener todas las instituciones y todos los recursos a discreción la perdieron y bajo alegaciones de fraude y una intensa judicialización del proceso electoral han realizado acciones tendientes a impedir de una u otra manera que, aquellos personajes incómodos pero vencedores en la elección asuman. Entonces: Cómo es el juego de la democracia, ¿Aceptan los resultados solamente si queda el que ellos quieren y no el más votado? Y, tal como hace 202 años, se alega el deseo de independencia, en aquel entonces se quería separar de la Corona Española, pero luego se corrió a anexarse al imperio de Iturbide, hoy se habla de injerencia extranjera, de que hay soberanía, de que el país puede con todo, no necesita que le digan lo que debe hacer, pero en realidad el país está en trapos de cucaracha ni siquiera le puede hacer frente a un foco de infecciones del dengue, porque el Ministerio de Salud nunca ha sido sino una institución corrupta hasta los tuétanos, que lucró con la pandemia del Covid y que ahora no le queda más que seguir dejando morir a los guatemaltecos porque el sistema de salud simplemente es inexistente. Tenemos un país en dónde cada invierno colapsan las vías de comunicación que en muchos casos ha dejado incomunicada a gran parte de la ciudad capital, pero que recibió y administró mas de 3,500 millones de quetzales bajo un decreto que risiblemente se intitulo “Ley para Fortalecer el Mantenimiento y Construcción de Infraestructura Estratégica” ley mas política que otra cosa que dispuso miles de millones que seguramente fueron a parar a manos de algunos partidos cuyos candidatos no llegaron a ganar la elección.
Entonces, ¿Qué celebramos? En realidad, no celebramos nada. No fuimos independientes en aquel lejano septiembre de 1821, ni en 1823 cuando dejamos la anexión a México. Las alegaciones de independencia y soberanía de hoy en día son similares a las de los criollos de aquella época en dónde prefirieron tomar el papel de “próceres” y escribir asimismo una historia plagada de inexactitudes y errores pero que exaltaba sus figuras y sus hechos para presentarlos cómo aquellos hombres que se rebelaron contra la Corona Española para fundar un país independiente, pero que en la realidad solo buscaba protección de intereses criollos, tanto así que la anexión a México fue de una forma exprés. Hoy en día bajo ideas de soberanía e independencia, hay algunos que pretenden eliminar de tajo la democracia y omitir la voluntad popular, a cambio de mantener sus privilegios y prerrogativas a costa de la democracia.

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