La deuda y el control del Estado
Sueños…
Podremos sobrevivir en un mundo controlado.
La sociedad humana moderna se hace cada vez más compleja. Con la intensificación de los procesos de integración internacional e interdependencia surgen posibilidades de colaboración entre los Estados nacionales y aumentan, también, los antagonismos. Existen roces en torno al libre comercio, la transferencia de capitales, la movilidad de personas, el cambio climático y aumentan los riesgos de la delincuencia organizada y el narcotráfico.
Toda la problemática social gira en torno al tema del Estado. El Estado es la forma de organización regulada de toda la sociedad. El Estado como organización política asegura las reglas mínimas de convivencia social y espíritu de pertenencia a todo un pueblo. La realidad del Estado muestra la viabilidad del control de los grupos hegemónicos. Así el Estado muestra simultáneamente los fundamentos comunes que mantienen unida a la nación y genera roces y contradicciones entre sus distintos grupos sociales que periódicamente generan convulsiones y enfrentamientos.
En la actualidad los Estados están siendo cuestionados en dos vías. Una, la capacidad masiva de información y comunicaciones pone al desnudo los defectos y cualidades de los políticos, cada vez es más evidente que las instituciones y sus dirigentes pierden credibilidad al no ser capaces de resolver los más angustiantes problemas sociales. Dos, la emergencia de un líder poderoso e intervencionista de cualquiera de los 8 imperios que dominan al mundo muestra que son capaces de presionar y utilizar como peones a los dirigentes del conjunto de países que no son más que colonias o semicolonias de aquellos imperios que se disputan el control del mundo.
¿El poder de Estados Unidos tendrá límites?
Yanquilandia, siempre ha tenido el poder más fuerte del mundo. Siempre lo ha vendido como una nación preocupada por fortalecer la democracia y la convivencia de todos. En el fondo siempre ha utilizado la violencia y el control monetario para alcanzar sus fines. Por lo menos desde los años 40 a la fecha. Pero hoy, exhibe el poderío como una superpotencia que no necesita endulzarnos para controlar al resto. Simplemente saca sus armas más poderosas: bombarderos gigantes, portaviones que semejan grandes ciudades con armamentos implacables, armas nucleares por el caribe, en fin, los Estados de las colonias o cuasicolonias se supeditan o son aniquilados. Aunque el pensamiento democrático en Yanquilandia parece tomar un respiro.
En el siguiente gráfico del FMI como Yanquilandia ha logrado sacar una amplia ventaja económica y tecnológica a Europa. Las tres potencias Europeas son simples maniquíes del poder yanqui. A Rusia, Japón, China e Israel no les alcanza, todavía, para ser la potencia dominante.
Gráfico 1
Las mega empresas de Yanquilandia empequeñecen a Europa

La deuda mundial: punta de lanza o debilidad
Desde el surgimiento del capitalismo como vencedor relativo del feudalismo, hará unos 450 años, el Estado capitalista se conformó como una gran masa de funcionarios del gobierno que administran las funciones de la sociedad. Ese poder surgió basado en la deuda. Los gobiernos se endeudaban para poder financiar las funciones del Estado, la deuda era una fuente para el crecimiento del capital para reinvertirlo y controlar de mejor forma la producción.
Ese endeudamiento servía para generar las funciones de control de la propiedad privada, la seguridad, la infraestructura, y adyacentes gastar en salud y educación. Pero, el Estado ha llegado en el siglo XXI al límite de esas candorosas funciones. Al principio las burocracias estatales y los inversionistas financieros gozaron de aquellas bonitas ventajas: poder, liquidez, ganancias de intereses. Pero hoy la fiesta está llegando a su fin. La realidad que la deuda pública mundial superará el 100% del PIB para 2029, el FMI, declara que ni las economías avanzadas, ni los mercados emergentes, ni las sociedades más pobres evaden esta generosa historia.
Gráfico 2
La deuda pública mundial se acerca al 100% en el mundo

El aumento cada vez más acelerado de los Estados implica mayores pagos de intereses sobre la deuda, los banqueros y financieros disfrutan la gloria, los políticos y burócratas, simples intermediarios, rentistas ven que sus días de golosinas terminan. El pago de intereses ya supera el 60% de los presupuestos nacionales en muchos países, lo que implica que va quedando un 40% para trabajar honestamente o malgastar en salarios y beneficios de la elegante burocracia, lo que significa que las funciones de salud, educación, seguridad e infraestructura quedan por fuera.
Agotando las posibilidades de vida de las muchedumbres de ciudadanos sin comida, ropa, ni vivienda. El Estado colapsa. Un ejemplo, ya se vislumbra implantar una regla fiscal más intensiva, que no solo congele salarios, sino que los pueda reducir, el estancamiento de las pensiones y el cierre de instituciones.
Síntomas de este colapso son las presidencias agotadoras y sin sentido de Donald Trump, la emergencia de unas derechas fanáticas en varios países de América, el uso de ataques militares genocidas y sin justificación en todo el mundo, el potencial riesgo del principio de Chejov, si en el primer acto muestras un arma, en un capítulo siguiente tiene que ser disparada. Si desde el 2022 nos están mostrando el arma nuclear pronto podría ser disparada.
El Estado entra en su etapa final. No puede ser sustituido por nada. El capitalismo es tan dinámico, resiliente y capaz que nadie a podido sustituirlo, solamente disfrazarse de socialismo.
Estamos ante el evidente hecho. El aumento constante de la deuda, hasta el 100%, absorbe el gasto del gobierno en pago de intereses, no dejando lugar a otros gastos necesarios para el funcionamiento del Estado. La glotonería de los bancos eleva la presión sobre las tasas de interés, y deja en el aire la capacidad de los gobiernos para proteger a sus ciudadanos.
¿Quién podrá defendernos?
Ni los microscopios nucleares más poderosos nos permiten ver estrategas y líderes capaces de ponerse al frente de los Estados centroamericanos para lanzar un proyecto moderno y eficiente que permita salvar nuestras sociedad. Tenemos que encontrar puntos de contacto dejar atrás los viejos odios y rencillas y reorientarnos hacia proyectos de unidad estatal. Es una vía improbable.

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