
La situación y comprenderla ¿se puede….?
Descubrir Las Raíces
Una empresa hace poco pedía que se respetara la presunción de inocencia de unos condenados por la opinión pública sin el debido proceso, porque nadie es culpable hasta que haya sido condenado judicialmente.
Porque la realidad es que es frecuente en el actual momento político en que estamos, prejuzgar, es decir, oír y condenar a personas sin tener elementos de juicio; y esto nos puede suceder a nivel familiar, social…
Recuerdo lo que alguien señalaba en una histórica reunión en la ONU. Es lo que él llamaba la necesidad de mantener una cultura del diálogo y… saber perdonar; también cuando se tiene la razón. Tema complejo pero que dio que pensar.
Es un planteamiento que puede sernos válido para nuestra actual situación. Considerar que no hay paz sin justicia, pero que no hay justicia sin perdón. Que siendo válido el derecho a defenderse, siempre debe uno atenerse a reglas morales y jurídicas y que el restablecimiento de la paz exige también el perdón; se opone a la venganza y al rencor.
Y se podría añadir en nuestro caso que es necesario desechar el pesimismo, la desesperanza, que es quizá lo peor que puede suceder porque nos deja sin fuerzas, sin voluntad de construir nuestra sociedad. Es tema mundial: podemos recordar una frase famosa en Europa: el optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa.
El perdón es necesario en todo ámbito social: las familias, los grupos, los Estados; la misma comunidad internacional necesitan abrirse al perdón para superar la estéril condena mutua, para vencer la tentación de excluir a “los otros”, sin concederles posibilidad alguna de apelación. De hecho la capacidad de perdón es básica para una sociedad justa y solidaria.
Por el contrario, la falta de perdón, favorece la prosecución de conflictos, tiene enormes costes para el desarrollo de los pueblos. La paz es la condición para el desarrollo, pero una verdadera paz es posible solamente por el perdón.
La experiencia muestra que la propuesta del perdón no se comprende de inmediato ni se acepta fácilmente. En efecto, el perdón comporta siempre a corto plazo una aparente pérdida, mientras que, a la larga, asegura un provecho real. La violencia es exactamente lo opuesto: opta por un beneficio sin demora, pero, a largo plazo, produce perjuicios reales y permanentes. Lejos de ser pérdida para la persona, el perdón la lleva hacia una humanidad más plena y más rica.
Y no olvidemos que los problemas de la sociedad tienen que ver con la pérdida de los valores de siempre, entre ellos los forjan y defienden el matrimonio de siempre y la familia. No dejemos que se transmita ese virus del negativismo, que mata la esperanza sin la cual no se hace nada. En el fondo debemos estar convencidos de que el bien puede vencer al mal. Pero hay que comenzar por ver lo mucho bueno que tenemos; también aquí… en Guatemala.

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